A bajamar

Guía y el paseo de La Grúa

17.05.2008 | 00:00
El paseo de La Grúa, en Ribadesella.
El paseo de La Grúa, en Ribadesella.

Sin duda los grandes problemas requieren grandes soluciones. Pienso, por ejemplo, en la necesidad de aparcamiento y en el gran debate que desde el gobierno municipal se quiere promover, aunque creo que han empezado planteándolo muy mal al proponer derribar la rula para construir una losa en pleno muelle. La singular propuesta, contemplada con buenos ojos por el Gobierno regional (o al menos eso dice el Alcalde), ha servido para encrespar los ánimos de los pescadores y provocar el rechazo general de la ciudadanía, por lo que se le puede augurar escaso éxito. Tampoco le daba mucha fuerza a esa idea el hecho de que la propuesta pública la hubiera hecho el PSOE en solitario, sin contar con IU, su socio de gobierno, que tras conocerla por la prensa se posicionó inmediatamente en su contra. A pesar del error inicial, la necesidad de crear aparcamientos sigue ahí y requiere una gran solución. Más que andar suscitando grandes debates -que no sobran pero que poco resuelven en una sociedad que se pirra por las ocurrencias y se disuelve en los personalismos-, lo que se espera de un gobierno es que no pierda el tiempo enredándose en debates bizantinos y que, por contra, se dedique a sacar adelante su propia solución técnica y financiera al problema. También se espera de un gobierno que actúe sobre un programa conocido, aunque este equipo de coalición parece tener los objetivos programáticos mucho menos claros de lo que cabría esperar, y de ahí vienen los roces y las discrepancias entre ambas partes.


No era mi intención hablar hoy de aparcamientos o de la rula, pues tiempo habrá, sino de las pequeñas cosas que quedan en la sombra de los grandes debates. Quería hablar de una zona próxima a la rula, el paseo de La Grúa, que necesita algunas atenciones de mantenimiento. Desconozco a quién corresponde la responsabilidad de su conservación, si a Puertos, al Ayuntamiento o a la tercera brigada paracaidista del Ejército rojo, pero es un hecho que alguien debe actuar sin demora. No es el momento de pedir que se acabe de arreglar la acera hasta el final del paseo, que se sustituyan los paneles deteriorados de la mitología o que se promocionen adecuadamente los murales de Mingote, pero sí de exigir que se repongan la luminaria y el escudo que le faltan. Y también es momento de limpiar la capa vegetal que está empezando a tapar los cantos rodados del suelo, el pavimento original que fue recuperado por el gobierno municipal anterior y que le devolvió al paseo parte del aspecto tradicional de «camino de sirga» que tuvo en sus orígenes. Limpiarlo hoy costaría poco, pero el año que viene costará mucho más. 


Al final del paseo, en la rotonda, vendrían muy bien unos urinarios públicos, tal como reivindicaba oportunamente Paco Vázquez cuando estaba en la oposición. La situación de necesidad sigue siendo la misma y ahora que mi amigo Paco es teniente de alcalde se le presenta una ocasión inmejorable de llevar su propuesta a la práctica.


La subida a la ermita de Guía, desde el paseo, necesita una intervención urgente y más detenida que el mero recorte vegetal que se hizo en vísperas del puente de mayo. Todo el sendero requiere ser restaurado sin dilación, pues hay escalones rotos y numerosos desprendimientos que, sin ser enormes, van acumulando barro, tierra y piedras en las zonas de paso con la consiguiente molestia -y peligro- para que los que suben a Guía, un lugar muy apreciado por los riosellanos y que se está empezando a poner de moda entre las excursiones de la tercera edad, que ya lo incluyen como actividad, sin duda muy saludable, dentro de las visitas guiadas a la villa.


Y puestos ya en Guía, uno de los más impresionantes miradores del Cantábrico (quienes lo conocen saben que no exagero), sería conveniente que se sustituyera el panel informativo por uno nuevo, pues el que hay da verdadera pena. Estas cosas pequeñas tienen fácil solución, si hay una labor de mantenimiento, y no deben quedar ocultas entre el ramaje espeso de los grandes debates. Son esas cosas que dan la verdadera imagen de un pueblo, la imagen de la calidad. O de su ausencia.

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