11 de septiembre de 2016
11.09.2016
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El centinela de la Santina no se cansa

"Me sigue sorprendiendo el poder de atracción que tiene Covadonga", afirma Tomás Camblor, sacristán del santuario desde hace dieciséis años

11.09.2016 | 03:48
Tomás Camblor, en la cueva de la Santina, en Covadonga.

Es el hombre que más horas ha pasado a los pies de la Santina en su cueva. El sacristán Tomás Camblor Sánchez lleva 16 años velando por la Virgen de Covadonga y no se cansa. Más que un trabajo, asegura que lo suyo es un privilegio. Lo dice con la voz chica, pues está acostumbrado a hablar en voz baja, casi en susurros, para no perturbar los rezos de los centenares de feligreses que a diario visitan el santuario.

Camblor supo desde muy pequeño que lo suyo era ser cura. Este vecino de Blimea pronto se convirtió en monaguillo y con nueve años ya cantaba de oído en el coro de Nuestra Señora de las Nieves. Con 15 anunció la intención de ingresar en el seminario a su familia, y ésta apoyó firmemente su decisión. "Mi tío era dominico y en casa siempre se vivió la religión de manera muy cuidada", asegura.

Así, el centinela de la Santina ingresó en el seminario metropolitano de Oviedo, donde permaneció hasta cumplir las 24 primaveras. Por motivos personales en los que prefiere no ahondar se apartó del camino del sacerdocio pero no de la fe, que conserva intacta a sus 40 años. Con la celebración del centenario de la basílica, al Cabildo le urgía cubrir una plaza vacante de sacristán, y tras varias entrevistas Camblor fue elegido para ocupar el puesto. "Lo acepté sin plantearme que iba a permanecer tanto tiempo aquí, pero estoy muy a gusto y el futuro lo veo aquí", señala.

El guardián de la Virgen de Covadonga comienza su jornada a las nueve, participando con sus cánticos en la misa con laudes de la basílica. Luego llega el turno de saludar a la Santina y preparar la eucaristía de las once en la Cueva, para que cuando llegue el sacerdote todo esté listo. Sin desapegarse más de cinco metros de la imagen, observa cómo centenares de devotos llegados de todos los rincones se postran ante ella. "Algunos lloran, otros dejan flores, muchos vienen para pedirle protección y todos encuentran consuelo", explica.

Americanos, alemanes, polacos, portugueses y gallegos son, tras los asturianos, los que más visitan a la patrona de la región en los últimos meses, según cuenta. "La devoción por la Santina siempre va a más. Viene gente de todo tipo, pero con el mismo sentimiento de ser hijo de María", apunta. Tras una pausa para la comida, Camblor vuelve a los pies de la Virgen para rezar el rosario. A su lado permanece hasta que los devotos abandonan la cueva pasadas las ocho de la tarde. Lo hace de punta en blanco, vistiendo traje, corbata y una amplia sonrisa. Cuando cae la noche comienza la complicada tarea del mantenimiento de las velas en el túnel de acceso a la cavidad. Son kilos y kilos de fe convertidos en cera los que tiene que limpiar. Es un momento de reflexión en el que hace repaso de lo acontecido en el día. "Lo que más me sigue sorprendiendo es la gente que sube las escaleras de la promesa de rodillas, como señal de gratitud. También el poder de atracción que tiene, pues todos los asturianos procuran pasar por aquí al menos una vez al año para visitarla y pedir salud", explica.

Uno de los momentos más especiales para Camblor es el 8 de septiembre y los días antes de la Novena. "Son días de mucho ajetreo, pero que se viven con intensidad. Uno de los momentos más emocionante es cuando van a llegar en procesión con la Santina a la cueva y suenan las gaitas". El sacristán procura además echar una mano a las teresianas a la hora de engalanar a su protegida cuando cae la tarde. Verde, blanco, azul y rojo fueron los colores elegidos este año para el manto, el delantal, el rostrillo y la puñeta de la Virgen en los días de su fiesta. "Luce siempre perfecta con todo lo que se ponga", concluye el guardián de la Santina, que ya tiene la vista puesta en 2018, un año en el que el santuario prepara numerosas actividades al coincidir efemérides como el centenario de la creación del parque de la montaña de Covadonga.

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