El mundo rural asturiano de Lamuño

Uno de los técnicos agrícolas que modernizaron el campo regional en el siglo XX dona al Muséu del Pueblu d'Asturies casi 3.000 fotografías que tomó a lo largo de su vida

02.08.2015 | 04:40
Trabajadores del campo en plena faena y, a la derecha, feria de ganado, dos de las fotografías realizadas por Julio Antonio Fernández Lamuño.

Julio Antonio Fernández Lamuño (Luarca, 1920) conoce a fondo la vida campesina asturiana, en la que desarrolló su actividad profesional y que, paralelamente, logró plasmar con su cámara. Trabajo y afición se unieron en este caso a otros intereses que siempre tuvo Lamuño, como la historia, el arte y la botánica. Las casi tres mil fotografías que ha reunido y que son imágenes de una Asturias de otro tiempo ha decidido donarlas - los negativos en blanco y negro, los positivos en papel, y las dispositivas en color- o cederlas, en el caso de las imágenes digitales, al fondo de la fototeca del Muséu del Pueblu d'Asturies, en Gijón, uno de los grandes tesoros culturales públicos del Principado. "El interés de Lamuño es mostrar ese mundo invisible que es el mundo rural asturiano", afirma Xuaco López, director de la institución.

Licenciado en Ciencias, sección Químicas, por la Universidad de Oviedo y perito agrícola por el Instituto Nacional Agronómico de Madrid, Lamuño comenzó a trabajar a finales de 1945 en la Granja Agrícola de Tineo, fundada en 1925 por la Diputación Provincial de Oviedo y el Ayuntamiento del citado concejo, de la que fue responsable hasta su jubilación en 1987. Miembro del Real Instituto de Estudios Asturianos (RIDEA) y cronista oficial de Tineo, Fernández Lamuño fue corresponsal de LA NUEVA ESPAÑA en los años sesenta y colaboró en la redacción de la Gran Enciclopedia Asturiana. También realizó un curso de especialización en cultivos pratenses en los Estados Unidos en los años sesenta.

"Se interesó por las múltiples facetas de la vida campesina, que alcanzó a conocer, según sus propias palabras, cuando aún pervivían muchas de nuestras viejas prácticas en aldeas y brañas, derivadas de una antigua y tradicional economía rural", explica López.

Lamuño pertenece a una generación de técnicos del Servicio Agropecuario de la Diputación Provincial que, bajo la dirección del ingeniero agrónomo Gabino Figar Álvarez (1913-2006), promovió la modernización del campo asturiano con la introducción de máquinas nuevas (el tractor, entre ellas), abonos minerales, semillas de maíces híbridos, etcétera; servicio de asesoramiento y ayuda a los campesinos; la difusión de la enseñanza agrícola y ganadera en todos los ámbitos (desde la creación de una escuela de capataces hasta impartir cursillos divulgativos de perfeccionamiento a campesinos por las noches en escuelas, bares o casas particulares, en las que se proyectaban diapositivas hechas por los propios técnicos del servicio y documentales de divulgación); las primeras concentraciones parcelarias; la apertura de "praderas artificiales"; la selección de las razas vacunas asturianas para carne y la generalización de la raza frisona para leche; la inseminación artificial, etc. "Es la generación que pone en marcha en los años cincuenta las granjas escuelas de Pola de Siero y la Estación Pomológica de Villaviciosa, y que reactivó las granjas de La Cadellada (Oviedo) y Tineo, fundadas con anterioridad", subraya el director del Muséu.

Aficionado a la fotografía desde muy niño, en los años 30 ya compartía una cámara de 6x9 cm con sus tres hermanos. En 1950 compra en Tineo una cámara de segunda mano y poco después adquiere otra de 35 mm. A partir de 1957 compaginó la fotografía en blanco y negro con la diapositiva en color, en la que, según el relato de Xuaco López, empezó por consejo de Mariano Cuadrado, perito agrícola y propietario de una tienda de fotografía en Oviedo.

La mayor parte de las imágenes están tomadas en la villa de Tineo y en su concejo, también las hay de Allande, Ibias, los Oscos y Cangas del Narcea, entre otros. Son fotos de paisaje rural, concursos de ganado vacuno, ferias y mercados, campesinos trabajando, casas y construcciones, restos arqueológicos, casonas, iglesias, retablos e imágenes religiosas, Festival Vaqueiro y Vaqueirada de Aristébano, entre otras. "Son numerosos los retratos de campesinos que le pedían fotografías con sus hijos o nietos, en una época, los años cincuenta y sesenta del pasado siglo, en la que la cámara fotográfica estaba muy poco generalizada en el medio rural", explica Xuaco López.

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