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Una cazuela de callos. | ana paz paredes 

Estos callos son caseros

Yvonne Corral Valbuena es la guisandera de Casa Telva, en Valdesoto, un lugar donde disfrutar sin prisas de la comida tradicional asturiana

27.02.2013 | 02:13
Yvonne Corral Valbuena, en el exterior de su establecimiento, con la iglesia parroquial de San Félix al fondo. | ana paz paredes
Yvonne Corral Valbuena, en el exterior de su establecimiento, con la iglesia parroquial de San Félix al fondo. | ana paz paredes

Valdesoto es una de las parroquias más guapas del concejo de Siero. Quien allí haya acudido, bien para ver la llegada de los Sidros y les Comedies, que salen por las calles el primer domingo de enero después de Reyes, o bien para disfrutar con el impresionante desfile de carrozas, elaboradas por los propios vecinos, que tiene lugar en el mes de agosto, sabe perfectamente que es cierto. Dispersa y verde, ofrece un paisaje que descubre Asturias a un paso de la ciudad, con sus huertas diseminadas, hórreos y paneras, además de ganado, no mucho, que puede verse pastando en sus campos, sin olvidar las diversas rutas senderistas que cruzan la parroquia. Valdesoto cuenta también con edificios históricos importantes, como es el caso del palacio del marqués de la Vega, ubicado en Tiroco de Arriba, o el palacio del marqués de Canillejas, más conocido como el palacio de Valdesoto, que está en una pequeña colina en Los Tilares de Leñeces.

Entre los diferentes caminos que recorren Valdesoto y distribuyen a sus vecinos, se encuentra a pie de carretera, como reza en el cartel que cuelga al exterior, «Casa de comidas, Casa Telva», hoy bar restaurante que en el pasado fue, durante muchos años, una confitería del mismo nombre y también un típico chigre rural donde no faltaba la parte de la tienda, como era habitual en aquellos años. En el año 1991, Yvonne Corral Valbuena y su marido, Juan Luis López Coya, nieto de la antigua propietaria, se hicieron cargo del local, reformándolo y ampliándolo, sin perder su esencia, como recuerda la entrada del local, con sus estanterías donde las especias combinan colorido con calabazas naturales o viejas cajas metálicas de ColaCao, «desayuno y merienda ideal», o las de pequeños dibujos chinos donde las madres guardaban habitualmente hilos y agujas.

Luego, en sus comedores, sus manteles blancos, los óleos en las paredes y la vieja gramola al fondo de uno de ellos, invitan a sentarse sin prisa a disfrutar de la comida que cada día elabora Yvonne Corral, quien ya aprendió el oficio desde niña de la mejor maestra, su madre, durante lo años que vivieron en Bélgica. Y es que ella es, como las guisanderas asturianas de siempre, de las que a la hora de hablar de ingredientes dice «pizcas, puñaos y cuartos».

Uno de sus platos estrella son los callos hechos en Casa Telva, de ésos que cuando se prueban se afirma que «son como los de casa». Los tienen todo el año. Otros platos que gustan mucho son su arroz de pueblo, con pitu caleya, o el meloso con setas, sin olvidar una entrañable y singular sopa de menudos con curruscos. El lenguado en buñuelos, el corderu xaldu, el cachopo, el entrecot de buey, el pixín o los calamares en su tinta también figuran en una carta donde el apartado de los postres quita el aliento: a modo de ejemplo, citamos el kéfir sobre confitura de arándanos o el bizcocho de chocolate templado con helado casero de leche. Cuenta, además, con un variado menú diario, con dos primeros, dos segundos y postre, bebida incluida, por 8,5 euros. Destacar también que hay un menú variado para niños y platos para vegetarianos y celiacos.

Casa Telva tiene un porche donde comer es un placer llegado el buen tiempo. No cierra nunca. Eso sí, de lunes a jueves las cenas se preparan por encargo, por lo que es preciso llamar por teléfono.

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