Nicolás Llamazares, primer pescador de Asturias que ofrece salidas a faenar para turistas. Dice que no cambiaría por nada su trabajo como pescador, pero nació y se crio tierra adentro, en Oviedo. Tiene 39 años, es vecino de Oviñana, donde también regenta dos negocios de turismo rural junto con su mujer. Además es el pionero de la «pescaturismo» en la región: sale a la costera del turista, los lleva de observadores mientras él faena.

Nicolás José Llamazares Menéndez, de 39 años, vecino de Oviñana, tiene con su mujer varios alojamientos de turismo rural en Oviñana y, ahora, con ayuda del plan comarcal de desarrollo rural, se ha convertido en el primer pescador profesional asturiano que complementa su actividad con salidas para turistas, que le acompañan a faenar. 

"Lo que hago con ellos es una jornada de pesca profesional. Ellos no pescan, solo van como observadores. En el barco tuve que delimitar una zona para turistas, pintar unas líneas en cubierta y quitar todas las cosas con las que se puedan mancar. Yo los llamo: mañana venís con botas y si os mareáis, les digo, tomáis una pastilla de biodramina. Para comer ya os preparo yo algo. Bajo a la panadería compro unos bollos preñaos, una empanada de bonito, Coca-Cola o lo que beban, y todos contentos".

"La verdad, no pensé que iba a tener tanta aceptación. A veces no puedo coger a toda la gente que yo quisiera porque mi actividad principal es la pesca, tengo que andar a la costera y ando por otra comunidad autónoma. Ahí hay que reflejar que el que más me ayudó en esto, con el papeleo y todo, fue Pepe Martínez, de la plataforma Pescaturismo, es un motor de reservas en internet para el turismo pesquero a nivel nacional, puedes reservar en Galicia, en Mallorca, en Menorca, en Valencia, en Andalucía... Yo soy el primero que hace pescaturismo en Asturias".

"A los turistas que salen conmigo les gusta. Me va bien, a mí gústame reíme, gústame pasalo bien. Ahora mismo el mayor problema que tengo es que Puertos no me da un pantalán. Hay que poner ahí una queja y a ver si me hacen caso. Para hacer lo de pescaturismo, para subir a un paisano con un tipo de minusvalía, a cualquier persona un poco tal, necesitaba un pantalán. Llevo desde septiembre del año pasado y aún no lo conseguí. No pido tanto".

"Yo no soy de Oviñana, soy de Oviedo. Soy el primer pescador de mi familia. Aquí como Forrest Gump. Jajaja. Aquí conocí a Bubba y a pescar gambas. Date cuenta las vueltas que da la vida. Viví en Oviedo hasta los 17 años. Estudié en un montón de colegios. En el Amor de Dios, en el École y acabé en el Seminario. Fui un trastu de la hostia. Trabajé en el negocio familiar, en una tienda de recambios de automoción. Pero siempre me gustó la mar. Mis padres tenían una casa de veraneo en Oviñana. Hice toda la pandilla de amigos en Oviñana. Era salir de viernes del colegio, o de trabajar, y tirar pa Oviñana. Allí íbamos a pescar, a la pesca submarina, andamos en lanchas, así empecé a engancharme con el tema náutico".

"Tuve un accidente de tráfico con 17 años y estuve casi 5 años fastidiao. Me rompió el fémur por cinco sitios. También toqué el nervio ciático y quedé inválido de rodilla para abajo. Ahora ando como un misil, pero anduve mucho con muletas, aunque faltome volar con ellas. Ya sabes. Con veinte años, ¿quién te para?".

"Luego empecé a ir al percebe. El negocio familiar no me gustaba. Le pedí al paisano que me dejase dos inviernos libres para ir al percebe y luego en verano me tocó ir a la tienda. Después de tar por aquí, que te dejaban esparcer, madre del alma, lladrabas parriba, como digo yo. El negocio de la familia no me gustaba. No me gustaba aguantar a la gente al teléfono y desde las ocho de la mañana, una hora pa comer y hasta las ocho de la tarde. El percebe era otro sistema de vida. Vas 4 o 5 horas, lo que dura la marea, luego vas a vender a Puerto de Vega, ye otro sistema de vida, más hippie por decirlo así. También te la juegas, pero, bueno, apuras hasta donde tú veas que llegas. Gustándote la mar, ye un oficio guapo".

"Al siguiente invierno que estaba el percebe un amigo de mi padre, Tono el Camuño, pa que lo figures ahí, tenía el barco Virgen de la China, que hundiera el día de la Lotería, el 22 de diciembre del 2008, o 2009, en el Playón de Bayas. Fue a pique y él libró por el chaleco justito. Era conocido de la familia. Cuando yo andaba el percebe bajaba por Cudillero a que me dijera un día: ‘Coño, ven conmigo a ver si aprendes’. Pero la gente esa eran lobos de mar, como digo yo. Salen solos y a su bola y a su manera y no quieren nadie con ellos".

"Pues cuando se hundió, surgió el tema de poder comprarle los papeles de la lancha para construir una embarcación nueva. Me decían: ‘Cómo te vas a meter en una lancha, a ver si la sacas adelante’. Acordé con el paisano que le compraba la documentación, pero a cambio de que él me enseñara a pescar. Era fino, pescaba bien. Acordé que tendría que venir una temporada conmigo hasta que me sacara adelante. Pues, hala, empezamos y el primer día que fui a la mar caíanme las lágrimas, literalmente. Me sacó de noche a pescar y te juro que la depresión que llevé fue abismal. Yo estaba desorientado, tenía que andar mirando el GPS. Me agobié, me metió de noche y me puso a largar anzuelos y yo nunca había visto eso. Metiome una caña… Qué va, tío, yo de esto nada. Duró la depresión cuatro o cinco horas, mientras que largamos. En cuanto empezamos a subir pescao, cambió la cosa. Ya no volví a agobiame hasta hoy".

"Eso fue en 2011. Después de Tono vino un hijo suyo un tiempo a pescar conmigo, y después vino Álvaro, que justo murió este verano, con 56 años, cayó de una moto y dio un golpe en la cabeza. Se había jubilado de la espalda conmigo y ahora que podría disfrutar de la vida… Día que pasa, día que no vuelve, como dicen aquí. La gente no se atrevía a ir conmigo a la mar porque era una cosa rara que un crío que venía de la nada se metiera en la mar. La gente decía: qué coño va a pescar ese. Pero Álvaro le echó huevos y vino. Y estuvo conmigo 5 o 6 años hasta que se jubiló por accidente de la espalda. Me ayudó muchísimo, mucho le tengo que agradecer. Éramos uña y carne. Siempre que llegaba me llamaba para ver si había pescado. Mira, nunca venía enfadao a la mar. Siempre venía de casa silbando. Nunca le vi una mala cara... Cuando murió tuve dos días metido en casa".

"Unos dicen que voy a la mar por hobby y otros que soy un muertu fame, que no salgo de la mar, que la mar va a seguir quedando ahí y que el que voy a acabar faltando soy yo. Pero la gente sabe que trabajo con cabeza, que cuando hay una costera no perdono día, pero cuando en enero o en febrero vienen esos temporales eres consciente de que hay que parar. Pero no lo cambiaría por nada. Si tuviera que volver pa Oviedo, no podría. Es mucha libertad, hombre".