Me quedo en el pueblo

La vida "encaja" bien en Corao

María Amparo Pantín Bobia triunfa en su pueblo natal, en Cangas de Onís, con sus clases de bolillos y de costura creativa en el taller que abrió en su casa hace dos años, actividad que combina con el turismo rural

María Amparo Pantín Bobia, haciendo encaje de bolillos en su taller en Corao.

María Amparo Pantín Bobia, haciendo encaje de bolillos en su taller en Corao. / Ana Paz Paredes

María Amparo Pantín Bobia es una de tantas asturianas que, tras dejar el pueblo para ir a formarse, trabajar y vivir en la ciudad, un buen día decidió regresar y ejercer una actividad que no le da más que satisfacciones. "Nací en Corao, estudié en Cangas y luego me fui a Oviedo, donde estudié diseño de moda y corte y confección. Ya de niña me gustaba coser. Pronto encontré trabajo en la tienda de peletería de Marisa Ballester y allí trabajé durante 15 años. Por aquel entonces gané un premio nacional de diseño en Madrid", recuerda esta mujer que, junto a su marido y sus hijas, vivió varios años en la capital del Principado, siendo el nacimiento de su segunda hija la que motivó la decisión de volver a las raíces.

Amparo Pantín, con una de sus labores en su taller de costura creativa en Corao (Cangas de Onís)

Amparo Pantín, con una de sus labores en su taller de costura creativa en Corao (Cangas de Onís) / Ana Paz Paredes

"Heredé la casa familiar y regresamos a ella a vivir, junto con mi madre. Inicialmente queríamos hacer un hotel, pero al final hicimos tres apartamentos y nuestra propia casa", explica esta emprendedora que, desde esa fecha, abrió en Corao los apartamentos Les Piperes. "Soy una mujer que siempre estoy muy activa. Bien es cierto que durante los meses de verano y Semana Santa estoy con mucho trabajo con los turistas que se alojan con nosotros, pero cuando baja el trabajo siempre necesité seguir haciendo algo y finalmente aposté por dar clases de encaje de bolillos, que aprendí en su día como una forma de relajación y evasión y que, desde que aprendí me fascina. Es una de mis pasiones", explica ella, que se animó a dar sus primeras clases cuando una vecina le pidió que la enseñara.

En poco tiempo empezó a desplazarse a diferentes lugares del entorno cercano a su concejo para impartir unas clases cada vez con más demanda. "Empecé a dar clases en Corao y de ahí a ofertarlas también en Arriondas, Caravia, Arriondas, Cangas de Onís y Llanes. Yo me desplazaba siempre a dar las clases, pues tenía un importante número de alumnas, pero llegó un momento que tanto viaje llegó a resultar un tanto agotador y finalmente hicimos una obra en los bajos de mi propia casa en Corao y abrí el taller El Acericu donde, desde hace algo más de dos años, vienen las alumnas", destaca.

Amparo Pantín, cosiendo en una de sus máquinas en su taller de Corao.

Amparo Pantín, cosiendo en una de sus máquinas en su taller de Corao. / Ana Paz Paredes

Amplio, luminoso, lleno de detalles y máquinas de coser de gran valor, la decoración del lugar donde acude algo más de 20 mujeres, de lunes a miércoles, dos horas por la tarde, invita sin duda a quedarse y participar de algunas de las clases de encaje de bolillos que ella oferta con cálida maestría.

"Antes de la pandemia llegué a tener hasta 30 alumnas, pero como gran parte son mayores algunas dejaron de participar y ahora vienen otras que llegan a veces juntas hasta aquí en el mismo coche, trayéndose y llevándose las unas a las otras", describe con tono cariñoso. Y añade: "Me siento muy afortunada con las alumnas que tengo. Disfruto mucho enseñándolas, son muy majas y lo paso muy bien en su compañía".

Amparo Pantín, trabajando en su taller.

Amparo Pantín, trabajando en su taller. / Ana Paz Paredes

Y es que, además del encaje de bolillos que, a decir de Amparo Pantín, "engancha desde el primer momento", en su taller El Acericu también da clases de bordado, de patchwork y, en general, de costura creativa. "Puedes venir a Corao a hacer bolillos o a arreglar una prenda de ropa a la que quieres darle otro aire. O a hacer unos visillos. En fin, todo lo que engloba el término de costura creativa", explica esta profesional.

En cuanto si se puede vivir sólo de estas clases, Pantín lo ve difícil. "Ni puedes vivir sólo del taller, ni sólo de los apartamentos, porque también generan muchos gastos y son estacionales. Yo lo que hago es combinar ambas cosas y, además, con la suerte de que ambas me gustan: recibir a los turistas que llegan con tanta ilusión llegan aquí, como dando clases casi todo el año de unas actividades que amo desde que era una niña y, especialmente, los bolillos, que te hacen desconectar del mundo y son la mejor sesión de meditación", explica.

Amparo Pantín, con uno de sus trabajos de encaje de bolillos.

Amparo Pantín, con uno de sus trabajos de encaje de bolillos. / Ana Paz Paredes