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Alejandro Calvo | Consejero de Medio Rural y Cohesión Territorial

“El retraso de la Variante acabará olvidándose con su puesta en marcha”

“Tenemos que recuperar el orgullo de pertenencia al medio rural, durante mucho tiempo nos educaron para irnos” | “Hay que concienciar a la población de que nuestras grandes infraestructuras ya están completas”

Alejandro Calvo en su despacho | Luisma Murias

Alejandro Calvo en su despacho | Luisma Murias

Alejandro Calvo (Cangas del Narcea, 1974), consejero de Medio Rural y Cohesión Territorial, responde sin titubeos incluso a detalles menores sobre infraestructuras, apartado cuya gestión asumió hace solo siete meses.

–¿Cuál es su principal objetivo para este mandato?

–El que planteó el Presidente: que todas las comarcas de Asturias se sientan importantes en nuestro proyecto y se reconozcan en nuestra gestión. Ese mensaje de atender a lo grande y a lo pequeño, y sobre todo al desequilibrio histórico en el desarrollo de las infraestructuras, es uno de los grandes retos.

–Infraestructuras, parques naturales... ¿Siente que dirige una Consejería de retales, con departamentos que otros desecharon?

–No. Siento que tengo una responsabilidad en la Consejería que aborda casi la gestión territorial. Es un reto muy diferente al del inicio de la legislatura, que era mucho más sectorial, más centrado en la prioridad de recuperar la autoestima y la presencia del medio rural en el debate general.

–Las infraestructuras son la obsesión histórica de Asturias y el medio rural su esencia. ¿Cómo lleva dirigirlo todo?

–El medio rural necesita una reivindicación: durante mucho tiempo hubo cierto complejo y a los que somos de pueblo nos educaron para irnos. Ahora debemos hacer algo para que nuestros hijos puedan desarrollar en los pueblos una vida plena.

–¿Y las infraestructuras?

–El debate siempre ha estado muy politizado. Nosotros buscamos la igualdad, la equidad y que las inversiones no acentúen el desequilibrio... Pero en lo ordinario debería estar mucho más centrado en la gestión, en planificar, programar, proyectar y ejecutar. Tenemos que ser mucho más eficaces a la hora de explicar el coste-beneficio de las inversiones a los ciudadanos, para que entiendan por qué se hacen las cosas como se hacen.

–Este año se va a invertir mucho en conservación. ¿No hay grandes proyectos pendientes?

–Este año no podemos quejarnos, tenemos un veintitantos por ciento más que el pasado. Sin renunciar a resolver atrasos históricos, lo más importante es que las infraestructuras que ya tenemos estén adecuadamente mantenidas. Hay que ir concienciando a la población de que nuestras grandes infraestructuras quizá necesitan retoques, pero ya están completas. Debemos dar un salto de calidad en el mantenimiento.

–¿También en los puertos?

–Sus necesidades son mayores, por eso este año tenemos un 55 por ciento más para ellos. Ojalá podamos mantener ese ritmo inversor y ser capaces de gestionarlo.

–Con las grandes infraestructuras completadas, ¿qué resta?

–Cumplir el plan de carreteras, en el que aparecen infraestructuras estratégicas, como la renovación de la AS-12 en el valle del Navia, una necesidad evidente que, más allá del nivel de expectativas que se había creado, hemos bajado al escenario real. Deberíamos pensar más en los tiempos y la seguridad de los desplazamientos hacia los centros escolares, los centros de salud, los hospitales o las residencias. En este presupuesto no hay grandes obras, pero sí cientos de pequeños proyectos muy importantes para los ciudadanos.

–¿Por qué se rechazó la reforma integral del Eje del Navia?

–Mi responsabilidad es trabajar con los recursos disponibles. Se explicó a los alcaldes por qué aquel modelo no era viable. Esa carretera necesita una renovación, que va a suponer un gran esfuerzo. Es algo histórico: pocas veces la mayoría del gasto se hizo en las alas.

–Entonces, ¿la renuncia al anterior proyecto fue una cuestión de dinero, no de filosofía sobre el sistema para financiarlo?

–Está íntimamente relacionado todo, porque nuestra autoridad de Hacienda no vio viable el modelo de financiación elegido. Pero los recursos que se destinaban también implicaban un esfuerzo inasumible, que hubiera obligado a reservar toda la inversión de Infraestructuras durante muchísimos años para un único proyecto. No podíamos cometer esa irresponsabilidad.

–Peaje del Huerna. ¿Algún plan?

–En Asturias tenemos una particularidad: ningún peaje interior y ese agravio histórico. Rescatar ese contrato es muy difícil. Somos un territorio periférico y tenemos que seguir trabajando para que nuestros transportistas y nuestras mercancías tengan los menores hándicaps posibles, y para mejorar la competitividad de nuestras empresas y de Asturias como territorio. Pero casi siempre lo acabamos valorando todo por nuestra experiencia personal, por lo que nos cuesta individualmente a las personas, que es lo más llamativo, pero lo menos significativo.

–¿Qué significará para Asturias abrir la Variante?

–Será el mayor hito histórico de la región en materia de infraestructuras. El retraso, como ya ocurrió con la Autovía del Cantábrico, acabará olvidándose con su puesta en marcha. La Variante es la mayor obra de ingeniería realizada en España y ha supuesto un esfuerzo importantísimo para mejorar la conectividad de Asturias. Pero a veces el debate se ha centrado en cuánto durará nuestro viaje en AVE a Madrid, cuando estamos hablando de algo fundamental para el desarrollo de nuestra industria y nuestros grandes polígonos industriales, para la competitividad de nuestra economía...

–¿Llegará el AVE en 2022?

–El compromiso es que este año empiece el periodo de pruebas y que el AVE llegue a finales de 2022. Ojalá sea antes. Que se estén cumpliendo los plazos en un momento como este muestra el compromiso del Gobierno central con Asturias. A veces esa sensación de retraso crea un falso agravio. Es importante que se sepa que el AVE va a llegar a Gijón y a Oviedo desde su primer viaje.

–¿En qué situación está el plan de cercanías ferroviarias?

–El año pasado se ejecutaron más de 60 millones, y en este año serán 85. El retraso endémico en las inversiones y la falta de mantenimiento hacían que los problemas fueran recurrentes. El año pasado ya no hubo tantos, aunque la pandemia impide visibilizar la mejora. Hay un punto de inflexión claro en las cercanías.

–¿Proyectos en marcha?

–Hace poco se anunció la renovación integral de Gijón-Laviana, tenemos proyectos que mejoran puntos de cruce, pasos a nivel, renovación de catenarias, consolidación de taludes... Muchas son obras pequeñas, poco visibles pero muy importantes para que haya continuidad en el servicio. Se van a financiar con 200 millones del plan de recuperación europeo y están en el plan de inversiones de Adif, lo que da seguridad. Las cercanías tienen que ser un elemento de movilidad muy importante.

–Soterramiento de Langreo, planes de vías de Avilés y Gijón... ¿Qué pasa con ellos?

–Son grandes proyectos que en algunos casos han estado afectados por distintas crisis. Acabamos de renovar el convenio que permitirá reajustar las anualidades y reiniciar las obras del soterramiento. Tiene la financiación asegurada e intentaremos desarrollarlo con la mayor agilidad posible para resolver por fin un problema que heredamos, que causa molestias a los vecinos y que es tremendamente injusto para Langreo.

–Plan de vías de Gijón.

–Hemos bajado el proyecto a la realidad. Se estaba mezclando la llegada del AVE, adónde y en qué condiciones, con los estudios ambientales para que el metrotrén llegara a Cabueñes, y eso provocaba falta de credibilidad. Así que hemos establecido fases: la primera, disponer de una buena estación para la llegada del AVE, que será un salto de ilusión y de credibilidad para este proyecto. La segunda será poner en marcha la red de metrotrén con sus tres primeras estaciones, lo que será una verdadera revolución para la movilidad en Gijón. Es importante que haya una hoja de ruta real y financiable.

–Plan de vías de Avilés.

–Se ha avanzado muchísimo en las fases de estudio previo. Significará un cambio muy importante, porque no solo se eliminará la barrera ferroviaria de la ciudad, sino que ayudará al desarrollo de toda la ribera derecha de la ría, con todo el potencial empresarial que tiene.

–Asturias está viviendo el éxito del oso y el fracaso del lobo. ¿Por qué esa diferencia?

–El éxito del oso es el de las políticas de protección medioambiental bien enfocadas, con el ejemplo de Somiedo, donde la sociedad vio que ese éxito era colectivo. Nuestro “Asturias, paraíso natural” está ganado a pulso. Y muchas veces a fuerza de restricciones que han generado dificultades a la ganadería. En algunos lugares el conflicto sigue estando muy vigente, como en los Picos de Europa. No hemos conseguido que esos territorios sintieran que ser parte de un espacio protegido es un elemento fundamental de desarrollo para toda la sociedad, no solo para los que se dedican al turismo.

–¿Qué ocurre con el lobo?

–Que causa daños recurrentes a nuestra ganadería, una situación que hay que corregir. La protección del lobo está más asegurada donde se gestiona y los daños se ven compensados. Eso permite que no haya furtivismo ni envenenamientos. Si queremos ganadería extensiva, tiene que haber gestión del lobo y controles poblacionales. Es inevitable.

–Dirigentes socialistas como Hugo Morán o Cristina Narbona apuestan por la protección del lobo en toda España.

–Tienen una opinión que no compartimos. En todo caso, Hugo Morán dejó claro que el plan del lobo de Asturias era compatible con su posición. Nosotros decimos aún más: nuestro modelo de gestión permite que haya un equilibrio, y evita problemas sociales.

–Asturias , paraíso natural y, a la vez, uno de los lugares con más emisiones. Paradójico.

–Tenemos problemas puntuales de contaminación, pero también zonas exentas de emisiones y más del 40 por ciento del territorio protegido. Nuestra situación ambiental es envidiable. Es nuestra gran marca territorial y turística, y será nuestro gran elemento de competitividad en el futuro.

–¿Explicó alguna vez estas cosas a Teresa Ribera?

–La posición de Asturias es clara: tiene que haber una transición justa, y para ello tiene que ser social. Transición, sí; pero primero las personas. Trabajamos para mejorar la vida de las personas, no sobre un tablero inanimado. Pero también es verdad que la lucha contra el cambio climático y la reducción de emisiones son inaplazables. Asturias está haciendo su trabajo, la prioridad es desarrollar un tejido industrial de futuro.

–¿Goza de buena salud el medio rural asturiano?

–Este año ya tenemos 30 millones más de euros de la PAC y vamos a tener 15 millones más de ayudas agroambientales. Esta Consejería gestiona 150 millones de fondos europeos. Hay políticas públicas europeas para que siga habiendo actividad en el sector primario. No solo son limitaciones.

–¿Está minusvalorada la industria agroalimentaria?

–Sí. El trabajo en el medio rural sigue siendo duro, de fijación al territorio, de imposibilidad de tener ocio y con unos rendimientos económicos aún insuficientes. Pero se ha mostrado muy resiliente durante la crisis. A veces hay cierto pesimismo en el sector primario que tiene que ver con esta sensación de abandono durante mucho tiempo y de no estar en los grandes debates. Tenemos que recuperar el orgullo de pertenencia al medio rural.

–¿Qué ocurrirá con los fondos rurales que no se repartieron en 2020? ¿Están asegurados? ¿Cuándo se distribuirán?

–Se trataba de adaptar su ejecución al ritmo real de los promotores en un año tan difícil, condicionado por la crisis, como 2020. Se han reprogramado las anualidades de ayudas para dar cobertura tanto a los proyectos que se ejecutaron en 2020 como a los que no. Hay un fuerte incremento de las ayudas Leader que cubren toda esta reprogramación, y se incorporan nuevos recursos. Somos la comunidad autónoma que más fondos dedica a los Leader, y la actual convocatoria, dotada con 26 millones, es la mayor de la historia de la región.

–Muchos jóvenes quieren vivir en el campo, pero se encuentran con muchas dificultades...

–Para poblar el medio rural primero tenemos que pensar en la gente que ya está allí, evitar la salida masiva de jóvenes. Tenemos factores de competitividad endógenos, como el sector primario y agroalimentario o el patrimonio natural y cultural, que permiten generar riqueza no deslocalizable. Pero hay que generar otros, como el acceso a las infraestructuras digitales. Somiedo y Cabranes, algunos polígonos industriales o las iniciativas Leader muestran que se pueden generar factores de competitividad complementarios y tejido económico de futuro. Es el mejor ejemplo que podemos ofrecer a los jóvenes para que vean expectativas de futuro en el medio rural.

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