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El índice de envejecimiento de Asturias supera al de todos los países del mundo

Aplicar políticas económicas que fomenten actividad y empleo de calidad, la mejor solución para afrontar el reto demográfico, afirman los expertos

La Universidad de Oviedo creará un máster en envejecimiento y salud

Si Asturias fuera un estado soberano sería el más envejecido del planeta. Los números asustan. Japón encabeza el índice mundial de envejecimiento con 214 personas mayores de 64 años por cada 100 que aún no han cumplido los 15. España, en los puestos altos del ranking, tiene un índice de envejecimiento de 126. Asturias supera a todos: 243 mayores de 64 años por cada 100 menores de 15. Pero el crudo invierno demográfico que azota Asturias se recrudecerá aún más en los próximos años, porque, según las proyecciones de la Sociedad Asturiana de Estudios Económicos e Industriales (SADEI), en el año 2035 habrá 324.894 mayores de 64 años y solo 71.261 menores de 15, lo que hará que el índice de envejecimiento se dispare hasta 456, una cifra jamás vista en el mundo.

Si a esa realidad se añade la tasa de natalidad más baja de España (5,05 por mil), la de mortalidad más elevada (12,64 por ciento) y la llegada de pocos emigrantes (el porcentaje de población extranjera se sitúa en el 4,45 por ciento), resulta que Asturias no solo envejece sino que se despuebla a pasos agigantados: perderá más de 100.000 habitantes, el 10 por ciento de su población actual, de aquí a 2035, según las proyecciones de SADEI.

Una de las consecuencias de este negro panorama es que la edad media de los asturianos se elevará aún más, pese a que ya está en 48,61 años, la más elevada de España, donde la media no alcanza los 44 años. El único dato positivo entre los indicadores demográficos es la esperanza de vida, que se sitúa en Asturias en 82,82 años (79,85 en el caso de los hombres y 85,63 en el de las mujeres), una de las más elevadas del mundo.

El retroceso de Asturias en materia demográfica queda patente al comparar las cifras actuales con las de hace unos decenios. Si en 1958 nacieron en la región 19.913 bebés, en 2020 fueron solo 4.929, la cifra más baja desde que hay estadísticas. Ello porque cada asturiana tiene de media 0,96 hijos, una de las cifras más bajas del mundo. Se necesitaría más del doble para frenar la caída demográfica.

Proyección de la población asturiana

Indicadores

demográficos de Asturias

1.018.775

Tasa bruta de natalidad (‰)

5,05

1.010.865

Indicador coyuntural

de fecundidad

1.003.464

0,96

996.098

32,39

Edad media de la maternidad

988.797

12,64

Tasa bruta de mortalidad

Esperanza de vida

al nacimiento (ambos sexos)

981.593

82,82

974.507

Esperanza de vida

al nacimiento en hombres

967.565

79,85

960.771

Esperanza de vida

al nacimiento en mujeres

85,63

954.145

Densidad de

población (hab./ km²)

947.677

96,08

941.364

-7,59

Tasa de saldo vegetativo

935.207

Tasa de saldo

migratorio neto

929.170

4,43

923.231

Porcentaje de

población extranjera

4,45

917.339

48,61

Edad media de la población

Proporción de personas

mayores de 64 años (%)

26,17

Índice de envejecimiento

(Valores = % >64/<15)

243,34

2020

21

22

23

24

25

26

27

28

29

30

31

32

33

34

35

Proyección de la población asturiana

1.050.000

1.018.775

1.000.000

950.000

917.339

900.000

850.000

800.000

2020

2035

Indicadores demográficos de Asturias

Tasa bruta de natalidad (‰)

5,05

Indicador coyuntural

de fecundidad

0,96

32,39

Edad media de la maternidad

12,64

Tasa bruta de mortalidad

Esperanza de vida

al nacimiento (ambos sexos)

82,82

Esperanza de vida

al nacimiento en hombres

79,85

Esperanza de vida

al nacimiento en mujeres

85,63

Densidad de

población (hab./ km²)

96,08

-7,59

Tasa de saldo vegetativo

Tasa de saldo

migratorio neto

4,43

Porcentaje de

población extranjera

4,45

48,61

Edad media de la población

Proporción de personas

mayores de 64 años (%)

26,17

Índice de envejecimiento

(Valores = % >64/<15)

243,34

Proyección de la población asturiana

1.018.775

1.010.865

1.003.464

996.098

988.797

981.593

974.507

967.565

960.771

954.145

947.677

941.364

935.207

929.170

923.231

917.339

2020

21

22

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26

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28

29

30

31

32

33

34

35

Indicadores demográficos de Asturias

Tasa bruta de natalidad (‰)

Indicador coyuntural de fecundidad

Edad media de la maternidad

Tasa bruta de mortalidad

Esperanza de vida al nacimiento (ambos sexos)

Esperanza de vida al nacimiento en hombres

Esperanza de vida al nacimiento en mujeres

Densidad de población (hab./ km²)

Tasa de saldo vegetativo

Tasa de saldo migratorio neto

Porcentaje de población extranjera

Edad media de la población

Proporción de personas mayores de 64 años (%)

Índice de envejecimiento (Valores = % >64/<15)

5,05

0,96

32,39

12,64

82,82

79,85

85,63

96,08

-7,59

4,43

4,45

48,61

26,17

243,34

¿Cómo afrontar el problema? Los expertos consultados subrayan que en demografía los ciclos son largos, de unos 60 años, así que dos años de legislatura, y más al estar marcados por la actual situación de pandemia, son “una anécdota”.

Felipe Fernández, catedrático de Geografía y Ordenación del Territorio, indica que para frenar el envejecimiento harían falta políticas para incrementar la natalidad, recuperar población emigrada y fomentar la inmigración. Son “procesos lentos”, que están empezando a surtir efecto en países como Escocia o Francia porque comenzaron a aplicarse hace decenios. Pero también hay que abordar la gestión de la creciente “población envejecida”.

Cree que la lucha contra el problema demográfico ha de ser “territorial, no sectorial”. Actuar de manera global sobre tres elementos: “Población, actividad económica y servicios”. Porque “si los tres funcionan de manera conjunta, si hay sinergias, se darán las circunstancias adecuadas, primero, para frenar la caída demográfica y, después, para la regeneración.

En su opinión hay que ser “selectivos territorialmente”, potenciando las villas, que tienen que convertirse en el “elemento tractor para frenar la sangría demográfica”, centralizando en ellas la administración y la prestación de bienes y servicios, incrementando así la calidad de vida y convirtiéndolas en un atractivo. Ve necesario un “análisis de viabilidad” de los más de 6.000 núcleos de población de Asturias, casi 1.000 de ellos abandonados, para ver cuáles son “recuperables”. “Si modelos como los de Asiegu (Cabrales) o Moal (Cangas del Narcea) funcionan y crean base social, actividad y servicios, estaremos dando con la tecla: se podrán replicar y convertir parte del espacio rural en un lugar donde vivir y trabajar”.

También se podrían copiar las políticas aplicadas en Escocia y Francia, pero “habría que esperar por los resultados sesenta años”. “El gran fallo de Asturias es que no se detectó a tiempo el problema. En la Universidad detectamos en los años ochenta que el noventa por ciento de las parroquias perdían población, pero no hubo respuesta política, no se hizo nada más allá de financiar el cierre de explotaciones. En Escocia o Francia hubo un proceso de reconstrucción con un nuevo modelo para el espacio rural. Aquí se le dejó morir de inanición”, lamenta.

Pese a todo, es “optimista”, por la conciencia surgida con este problema en los próximos años y la puesta en marcha de medidas y acciones. “Si vamos todos a una y se hacen las cosas bien esto va a mejorar, aunque habrá que conformarse primero con unos pocos brotes verdes, pero la próxima generación ya verá la recuperación”, añade.

Jesús Arango, economista y exconsejero de Agricultura del Principado, sostiene que la caída demográfica es “consecuencia, no causa”. Y que el problema es “eminentemente económico”. O sea, que cualquier medida puntual, como conceder ayudas por hijo, será “paliativa”. Y que para revertir la situación hay que “cambiar el modelo económico y generar empleo de calidad para que la gente joven y preparada no siga marchando”.

Subraya que en Asturias hay empresas líderes y competitivas a nivel mundial, pero “no las suficientes para crear el empleo que se necesita”. Hay “demasiadas empresas pequeñas incapaces salir a los mercados exteriores”. El resultado de todo ello es “la tasa de empleo y actividad más baja de España”. Ese es el problema que debe abordarse para afrontar el reto demográfico. Claro que este mal “no se cura ni en una ni en dos legislaturas. Hay que ser persistentes a largo plazo, y no caer en debates estériles, ni creer que se puede solucionar con una o dos medidas”, apunta.

Asturias es “muy plural”, con una zona central que acapara el 80 por ciento de la población en el 20 por ciento del territorio, y que suma el 85 por ciento del PIB, y con unas zonas rurales en las que el envejecimiento y la despoblación tienen mucha mayor incidencia. Arango aboga por un “cambio radical de visión” para esas áreas rurales y no seguir “condenándolas a la especialización agroecológica”, porque eso “no frenaría el despoblamiento”. Apuesta, por el contrario, por diversificar la actividad económica en las zonas rurales, siguiendo el ejemplo de países como Austria o Dinamarca, donde la actividad está distribuida por todo el territorio.

Propone aprovechar la “gran oportunidad” que para las zonas rurales suponen las nuevas tecnologías. “El mundo ha cambiado y o jugamos o nos condenamos”, añade. Cree un error seguir hablando sobre el área metropolitana “después de cincuenta años”, y reclama “dejar de mirar la zona rural desde la urbe” y empezar a hacerlo justo a revés. Reclama “devolver” a las zonas rurales, mediante inversiones públicas, lo que aportaron “durante los siglos que fueron alimento y despensa de Asturias”.

Fernando Rubiera, profesor de Economía Aplicada de la Universidad de Oviedo, reclama abordar el reto demográfico con un “pacto muy serio, transversal a largo plazo y longitudinal para toda España”. Opina que no existen políticas demográficas, sino “políticas económicas, que generan unos efectos demográficos u otros”.

Defiende que acciones demográficas como el “cheque bebé” suelen ser “inútiles”, porque, “aunque ayuden algo, no revierten tendencias”. Lo que hace falta, primero, son “buenas políticas económicas”, que propicien “oportunidades de trabajo” para frenar la “huida de la población”. Y, segundo, “empleo estable, condiciones laborales adecuadas y salarios dignos, para que la gente tenga hijos”. Cree que la única forma de frenar el despoblamiento y el envejecimiento es “la inmigración” y favorecer el dinamismo: hacer al territorio atractivo para el turismo, fiestas mercados… Eso hizo Alemania, subraya.

Rubiera observa un “problema muy consolidado” en las zonas rurales para el que no ve solución. Cree que muchos más pueblos se quedarán sin habitantes, por lo que reclama “estrategias de reforestación y declarar parques naturales para que impacto ambiental sea el mínimo posible y así poder conservar el atractivo de esas zonas”. Resalta que en la zona central de Asturias se está generando actividad y empleo. Esa circunstancia, unida a la digitalización, a la inminente llegada de fondos europeos y al desembarco de empresas como Amazon deja “mucho más margen al optimismo que hace cinco años”.

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