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Izquierdo llama a “cambiar leyes” para alentar la pequeña producción agraria local

“A un campesino que quiera hacer pan en casa se le exige como si fuera Bimbo”, afirma el comisionado para el Reto Demográfico

Jaime Izquierdo, en una imagen de archivo.

Jaime Izquierdo, en una imagen de archivo. Marcos León

En torno a la ciudad francesa de Rennes hay 150 pequeños productores locales que hacen y venden “casi de todo”. El plan de recuperación del cinturón agrícola de Aviñón ha conseguido que en doce años el ocho por ciento de lo que come la ciudad y hasta el 26 por ciento de las frutas salga de su entorno inmediato. En cuestiones de revitalización y reconquista agraria, el comisionado del Principado para el Reto Demográfico señala a Francia como “el referente principal para nosotros”, pero hay otros. Jaime Izquierdo habla además de las “nuevas aldeas” de Suiza, del estirón de las empresas agrarias en Quebec (Canadá) y de Japón. También de un barrio de Hondarribia (Guipúzcoa) que “ha llevado la casería a la urbanización” y, en definitiva, de que se percibe “un cierto movimiento hacia la ruralidad”, una corriente incipiente que en Asturias urge acelerar mediante la “generación de un espacio de relación entre la ciudad y el campo”. La comparación entre el Principado y aquellos modelos de conducta campesina deja formulada una de las grandes asignaturas pendientes que Izquierdo ha identificado en la tarea de regeneración y reequilibrio territorial que le encargó hace casi dos años el Gobierno regional.

Para caminar en esa dirección, o para empezar por rescatar el “primer cinturón” de la agricultura periurbana, Izquierdo constata que aquí “tenemos que modificar legislaciones”, rebajar exigencias y barreras legales y “permitir algo mucho más ligero” que este estado restrictivo actual en el que “para hacer un bollo de pan en casa la ley te exige como si fueras Bimbo”. Y eso que no hay noticias de que “ningún campesino haya envenenado nunca a nadie”.

En una jornada divulgativa sobre “La España vaciada”, Jaime Izquierdo entró por ahí en la necesidad de “hacer seres humanos”, entendidos desde la más estricta etimología que vincula el concepto de la humanidad con “humus”, con la tierra y el suelo. El Comisionado está convencido de que alrededor de esta recuperación productiva “hay muchas posibilidades de empleo”, pero “hay que dar formación” para el arraigo. Llega hasta la convicción de que “el pensamiento de los campesinos tiene que volver a la Universidad” e identifica en este punto un “déficit” de conocimiento que da la espalda a aquellos que más han hecho siempre por preservar el territorio. Hablaba Izquierdo al día siguiente de presentar en Peón (Villaviciosa) el “comité de pilotaje” y la estrategia para la construcción de “la aldea asturiana del siglo XXI” a partir de la estructuración práctica de la NEA, una Nueva Economía de la Aldea que conecta directamente con todos estos postulados teóricos de partida.

El planteamiento del Comisionado parte de la certidumbre de que todavía “podemos pensar en otra forma de vida”, pero también de que en la demografía campesina ha llovido tanto que esos nuevos “seres humanos” que deben “retomar la tierra” “o salen de la ciudad o no van a salir de ningún sitio”. De ahí la necesidad urgente de la pedagogía e incluso su propio propósito de identificar y contar “a la gente que está volviendo” en ese lento goteo de viaje de retorno al campo. “Hay que tener localizados a los que están regresando para que nos veamos y juntos podamos coger más fuerza”, subraya.

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