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Me quedo en el pueblo

El Urriellu es de chocolate

Lola Inguanzo, cocinera y vecina de Cabrales, crea un bombón que reproduce el Naranjo de Bulnes

Lola Inguanzo, con dos de sus creaciones.

Lola Inguanzo, con dos de sus creaciones.

Dice Lola Inguanzo, cuyo apellido es, al tiempo, el nombre del pueblo de Cabrales en el que nació, que cuanto hace surge de la inspiración del entorno en el que vive. Mujer tímida y a quien no le gusta hablar de sí misma, se muestra estos días feliz ante la respuesta que entre público y comerciantes ha tenido su creación: un bombón que reproduce el Urriellu, El Picu, también conocido como Naranjo de Bulnes, y que ha sorprendido por su originalidad y lo mucho que se parece a esta emblemática montaña asturiana que reina en el Macizo Central de los Picos de Europa. Lo comercializa con el nombre de Urriellinos.

Aunque natural de este pueblo cabraliego, como tantos otros jóvenes en su día se fue para la ciudad, en su caso, a Oviedo, donde, entre otras cosas, estudió solfeo y trabajó un tiempo en el mundo de la música. No obstante, fue siempre una enamorada de la cocina y de forma autodidacta se fue formando a través de cursos de iniciación y reciclaje, además de hacerse con una buena biblioteca sobre este tema. Se casó y es madre de dos hijos. “Yo siempre quise regresar a mi pueblo, a Inguanzo, y al final aquí nos vinimos. Yo tenía muy claro que quería tener mi huerta, mis gallinas, todo eso, y dedicarme a la cocina, entre otras cosas. Una de las razones que encontré para quedarme aquí, cuando ya mis hijos se hicieron mayores, fue la de poder ayudar a mi madre”, explica.

Durante unos años estuvo al frente de su restaurante, El Cascoxu, un chigre acogedor que abría durante los meses de verano. “A la gente le gustaba mucho venir por aquí a comer y a disfrutar del entorno. Lo cierto es que la pandemia, como a tantos negocios, también nos afectó mucho; tuvimos que cerrar y decidimos ya no volver a abrirlo”, señala esta mujer que no por ello deja de mostrarse optimista, destacando que siempre ha sido muy creativa y que es el lugar donde habita el que en ocasiones le inspira. Y se entiende perfectamente si se tiene en cuenta lo que acaba de poner en el mercado, que ha sorprendido a todo el mundo tanto por su originalidad como por la calidad del producto.

“Los Urriellinos no surgieron de un día para otro. Es una idea que me venía rondando desde hace dos años. Fui a clases para trabajar el chocolate. Una prima me habló de Tino Helguera y vino hasta aquí. Fue muy importante para mí y le estoy muy agradecida por su asesoramiento y su ayuda”, dice con emoción contenida Lola, que revela, además, los ingredientes del éxito de su producto: los tres tipos de chocolate que incorpora. Se trata de una cobertura negra, chocolate con leche y chocolate blanco. “Estoy muy contenta, porque acaban de salir y ya tienen bastante demanda, sobre todo de comercios de aquí de la zona; pero esto no se hace en un momento, no hay que olvidar que es un producto totalmente artesanal, y trabajar el chocolate lleva su tiempo, por eso intento ir despacio y bien para que salga como tiene que salir. Yo lo que tengo claro es que voy a ir poco a poco”, afirma con una sonrisa.

Precisamente su creación nace de residir allí donde vive. “Si no viviera aquí, probablemente no se me habría ocurrido. Ayuda eso y además sentirte bien contigo misma, sentirte a gusto cada día, porque si no estás bien no sirve de nada lo que hagas”, asegura Lola Inguanzo, que anima a la gente a vivir y a emprender en el medio rural. “Estoy convencida totalmente de que se puede emprender en el medio rural. Es una maravilla vivir aquí, al menos lo es en mi caso”, sostiene.

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