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Riesgo de conflicto bélico en Europa del Este

Los ucranianos de Asturias: “La gente está triste, preocupada y con miedo”

“Solo queremos que nos dejen vivir, no queremos que estén siempre por encima de nosotros, se creen dioses”, lamentan ante el conflicto con Rusia

Por la izquierda, los ucranianos Elena Kosenko, Yaroslav Yaunyy, Kateryna Budeychuk y Lesia Semchuk. | Miki López

La población ucraniana en Asturias está compuesta por alrededor de 800 personas, gente trabajadora y humilde a la que, aunque hayan pasado ya muchos años desde que llegaron al Principado, les siguen sorprendiendo las mismas cosas. “Los tacos, no me acostumbro, antes de venir pensaba que era un país con mucha influencia de la religión y después escuchas todos esos “cagamentos” y se te viene abajo esa idea”, dice, con humor, Elena Kosenko, presidenta de la Asociación de Ucranianos en Asturias.

Lleva ya 23 años en España y trabaja de limpiadora en el HUCA, aunque en su país era profesora de Filología, y otra de las cosas que le sorprende es cómo tratan los funcionarios a la gente: “El trato que recibimos es buenísimo, te preguntan ‘¿todo bien?’ En Ucrania te miran mal”. Kosenko se ha reunido con LA NUEVA ESPAÑA y con otros tres compatriotas en su casa de Oviedo para hablar del conflicto que vive su país con Rusia, que se ha recrudecido estos días y en el que podría llegar a participar la OTAN, incluso con la intervención de tropas españolas.

“Nos pintan de negro y a veces el mundo nos ve a través de los ojos de Rusia”

Elena Kosenko - Ucraniana en Asturias

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Antes de entrar en materia, Kateryna Budeychuk, que acude a la cita con su nieta Lesia Semchuk, incide en los elogios de Kosenko a España: “Aquí la gente es muy amable”. Ella, que también reside en Oviedo, está ya jubilada, aunque trabaja cuidando a una persona mayor para complementar su humilde pensión. Lleva algo más de veinte años en España y lamenta la situación por la que vive su hermana y sus vecinos en Ucrania, con los que habla casi a diario: “Todo el mundo está triste, preocupados por la guerra. Lo pasarán mal”, lamenta.

Yaroslav Yaunyy llegó hace otros veinte años a España y los inicios no fueron fáciles, puesto que al principio no tenía papeles y eso se lo puso complicado. “Vine sin idioma, sin dinero, no tenía dónde vivir”, explica. Para contar su trayectoria vital en Asturias utiliza un dicho español que le gusta especialmente: “Poco a poco se llega lejos”. Al principio, antes de tener los papeles de residencia, trabajó en una empresa maderera. Un trabajo “muy duro” que dejó cuando tuvo la tarjeta de residencia y tuvo “más derechos”. Desde entonces se dedicó a la construcción y ahora está ya jubilado.

Los cuatro son de una zona de Ucrania cercana a la frontera con Rumania, en la que hay poca gente favorable a Rusia, como en otras zonas en las que el país vecino tiene más influencia. Budeychuk salta enseguida cuando sale el tema de la posible invasión rusa: “Que nos dejen vivir, no queremos que estén siempre por encima nuestra, nos separamos pero siempre quieren ser los dioses”, dice. Para Yaunyy la situación que se está viviendo en su país es “muy peligrosa”: “Putin tiene la idea de recuperar la antigua Unión Soviética, que eran dieciséis países, tiene un problema en la cabeza”, añade. En su opinión, el mundo tiene miedo de que “con tantas armas que tienen pueda comenzar una tercera Guerra Mundial”. La gente con la que habla en su país “tiene miedo”.

“Nos hicieron trampa, no tenemos armas, nos pueden machacar”

Kateryna Budeychuk - Ucraniana en Asturias

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A la hora de hablar del apoyo internacional a su país, la comunidad ucraniana saca a relucir el Memorándum de Budapest. Un acuerdo político que se firmó en 1994 y que suscribieron Rusia, Estados Unidos y Gran Bretaña, y al que también se adhirieron Francia y China. El acuerdo consistía en que Ucrania, pocos años después de la desintegración de la Unión Soviética, cedía todas las armas nucleares que estaban en su territorio a Rusia a cambio de unas garantías de seguridad frente a las amenazas contra su integridad territorial o su independencia política. “Nos hicieron trampa, no tenemos armas, nos pueden machacar”, clama Kateryna Budeychuk.

Elena Kosenko relata lo que ha sufrido su pueblo a lo largo de la historia, sobre todo en el siglo XX. “En la gran hambruna de 1933 murieron diez millones de personas, hubo incluso canibalismo”, rememora sobre lo que se conoció como “Holodomor” cuando su país vivía bajo el dominio de la Unión Soviética. Todo ese sufrimiento sirve también para justificar cierto apoyo inicial de alguna parte del país al régimen nazi que entonces se oponía al de la URSS. “Pensaron que los alemanes eran la salvación, pero también nos consideraban eslavos de segunda”. Ahora también se acusa a Ucrania de albergar grupos neonazis en su interior, algo que Kosenko atribuye a la propaganda: “Nos pintan de negro y a veces el mundo nos ve a través de los ojos de Rusia”. Budeychuk tiene claro que todo eso son “mentiras y trampas” de un país, Rusia, “que se cree que está por encima del resto de países”.

“Putin tiene la idea de recuperar la Unión Soviética, conformada por dieciséis países”

Yaroslav Yaunyy - Ucraniano en Asturias

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Kosenko es una mujer inquieta, que tiene a la venta en su país un libro sobre su vida en Asturias, que espera poder publicar traducido en España dentro de un tiempo y que insiste en dar luz sobre el conflicto que mantiene su país con Rusia: “La popularidad de Putin está baja y para subirla nada mejor que una guerra, ya lo hizo con Chechenia. No quieren que Ucrania entre en la OTAN ni en la UE”. Se muestra agradecida a los partidos políticos españoles que apuestan por intervenir en el conflicto pero lamenta que Ucrania no tiene “suficiente armamento”. En cuanto a la población, a pesar del miedo a un conflicto, señala que están dispuestos a casi todo y como ejemplo pone a su hermana: “Ella es una persona muy pacífica y ahora me sorprendió porque se compró unas botas militares y está buscando un grupo para unirse, entrenar y defender el territorio; hay mucha gente que quiere hacerlo”.

El capellán de los católicos ucranianos de Asturias, Stefan Uhryn, que lleva cinco años en España, prefiere no inmiscuirse en asuntos estrictamente políticos, pero sí que advierte de que el miedo de la gente es relativo porque “esta guerra ya dura ocho años y después de varias crisis, de la pandemia, la gente está oprimida”, resume. Supone Uhryn que el miedo se centra en la población que vive “en la zona de la frontera”: “Estamos acostumbrados a todo, nadie nos va a ayudar, la gente confía en Dios, ¿qué podemos hacer?”, se pregunta. En cuanto a las autoridades de su país, “dicen que van a tomar el control pero no sabemos hasta qué punto es verdad”, reflexiona y concluye con un deseo: “Espero que de estas cosas aprendan los que tengan que aprender”.

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