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La tragedia que se llevó a Alan de la Cruz en el río Deva con tan solo 15 años: "Intentamos sacarlo, pero nos arrastraba la corriente"

El menor que falleció ahogado en Ribadedeva vivía en Unquera (Cantabria) y su madre trabaja en la residencia de Colombres

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Muere un menor de 15 años ahogado en el río Deva

Se llamaba Alan de la Cruz y solo tenía 15 años. Murió ayer, ahogado cerca de la localidad de Vilde, en Ribadedeva, en un pozo del río Deva, mientras se daba un chapuzón con unos amigos. Era deportista, jugaba al fútbol y al pádel, vivía en Unquera (Cantabria) y estudiaba en el colegio de San Vicente de la Barquera. Había salido de casa poco antes del suceso, a jugar con unos amigos. “Vuelvo enseguida”, dijo al salir. No volvió. Los gritos desgarradores de su madre, Eva María de la Cruz, al llegar junto al cadáver –solo en ese momento supo el verdadero alcance de la tragedia– serán difíciles de olvidar para la veintena de personas que aguardaban en las inmediaciones: “¡No, no! ¿Qué voy a hacer yo ahora? ¡Mi niño, mi niño!”.

Alan de la Cruz había nacido en Paraguay, como su madre, y con ella se vino a España hace unos años. Ella trabaja por las noches en la residencia de Colombres y tiene otra hija de tres años de edad, que tuvo con su actual pareja, José Luis Escobedo, camarero en una conocida cafetería de Unquera, localidad donde reside la familia.

El niño fallecido y dos amigos fueron por la tarde a jugar al fútbol y al pádel, según el abuelo de uno de ellos. A eso de las seis de la tarde, antes de regresar a sus casas, decidieron darse un chapuzón y se acercaron al lugar conocido como La Presa Vilde, en el lado asturiano. Allí hay un pozo, pero no es una zona habitual de baño. Uno de los críos, con los ojos enrojecidos y aún visiblemente impresionado, relataba a la Guardia Civil lo sucedido. Alan de la Cruz se precipitó al agua y, al instante, se hundió. Quedó afectado “por la impresión, por el cambio de temperatura: el agua está en esta época del año muy, muy fría; es agua de nieve. Y los críos acababan de hacer deporte, estaban sudando...”, señalaba el abuelo de uno de los chavales, que fue buzo muchos años.

“Nos tiramos al agua e intentamos sacarlo, pero nos arrastraba la corriente y no pudimos, así que tuvimos que salir”, apuntaba uno de los supervivientes. “Mejor así; hicisteis bien, porque podríais haber sido arrastrados también vosotros por la corriente”, le decía un agente, tratando de calmarle y de que comprendiera que había hecho lo correcto. Los críos llamaron al 112.

Bomberos del Servicio de Emergencias del Principado de Asturias (SEPA) con base en el parque de Llanes acudieron al lugar y, gracias a las indicaciones de los jóvenes, localizaron el cadáver a las siete menos cuarto de la tarde, a dos metros de profundidad. Era imposible sacarlo sin ayuda, así que un vecino de la zona puso a disposición de los bomberos una lancha, con la que lograron sacar a tierra el cuerpo sin vida del adolescente. Faltaban tres minutos para las siete y cuarto de la tarde. Hasta el lugar también se desplazó el helicóptero medicalizado de Bomberos de Asturias con el Grupo de Rescate, del que forma parte una médica rescatadora, que solo pudo confirmar su fallecimiento.

La Guardia Civil trató durante un tiempo, que se hizo eterno para los presentes, de localizar a los padres del chaval. Poco después de las ocho de la tarde llegaba la madre en un coche. Se bajó nerviosa y preguntó qué había pasado. Cuando vio el cadáver de su hijo se desmoronó. Los agentes tuvieron que meterla en un coche patrulla. Trataban de calmarla. Pero no había consuelo posible. Unos minutos más tarde llegaba el padrastro, muy afectado. Estaba en casa, bañando a su hija, cuando recibió la fatal noticia. Llegó entonces también un equipo sanitario para atender a la mujer, que seguía preguntando por qué la había tocado vivir semejante desgracia. Poco después se levantaba el cadáver, introducido en un vehículo funerario que partió con destino a Oviedo, donde hoy se le practicará la autopsia.

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