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Las migraciones diluyen el “efecto pandemia” y el saldo positivo cae a la mitad

Asturias pierde el gran tirón como paraíso seguro frente al covid y reduce drásticamente su ganancia de habitantes a través de entradas y salidas

Los intercambios de población con el exterior le siguen saliendo a Asturias a devolver, pero poco. Ni tanto como en los años anteriores ni mucho menos todo lo que necesita para cubrir, siquiera mínimamente, todo lo que pierde por la relación absolutamente desequilibrada entre su menguada natalidad y su mortalidad disparada. En 2021, de acuerdo con los datos recién actualizados por el Instituto Nacional de Estadística (INE), el Principado sumó 2.427 habitantes como balance de las entradas y las salidas hacia el resto de España y el extranjero, y encadenó así su sexto año consecutivo en positivo después del bache profundo generado por las secuelas de la crisis económica de 2008. El volumen de la ganancia, no obstante, se desploma drásticamente y reduce a la mitad el registro de 2020, el mejor desde los años de la gran recesión, y hace que Asturias recupere la trayectoria descendente en el intercambio migratorio después de seis ejercicios seguidos creciendo.

Poco a poco, de 2016 en adelante, el producto de la dinámica de la variación residencial ha ido recuperando el tono y superando el agujero de los cuatro ejercicios en los que la carcoma de la crisis expulsó de Asturias a más personas de las que la región era capaz de recibir. Desde entonces, la recuperación ha devuelto los guarismos ininterrumpidamente al positivo, pero 2021 ha quebrado la línea ascendente con un nivel de incremento demográfico muy inferior a los de 2020 y 2019. Ya ni siquiera hace falta decir que esas cerca de 2.500 personas ganadas a través del canje migratorio apenas compensan los más de 8.600 habitantes que la región restó el año pasado por la diferencia entre nacimientos y muertes. Mirada al detalle, la cifra divulgada ayer dice que Asturias sale sensiblemente más victoriosa de los movimientos con el extranjero, cuyo saldo le añade 2.119 residentes, que de los trasvases con otras regiones españolas, de los que suma únicamente 308. Las dos cifras revelan un comportamiento menos convincente en comparación con el año álgido de la pandemia, en el que la imagen de territorio seguro a salvo de virus ganó para Asturias 4.757 nuevos moradores, 2.664 como consecuencia de los canjes con el exterior y nada menos que 2.093 –casi siete veces más que este declinante 2021– por las idas y venidas al resto de España.

Este dato del saldo interno en 2020 sigue siendo el más elevado de la serie estadística, que empieza a contar en 1998. Sin embargo, el desplome del pasado ejercicio hasta los escasos 308 habitantes de balance favorable parece revelar que en algún sentido se deshincha aquel “efecto pandemia” de singular atracción migratoria.

Sólo Aragón en negativo

Se diría que al restablecerse la relativa normalidad, 2021 ha disipado aquel espejismo. La ganancia migratoria asturiana se ha reducido a casi la mitad de la de 2020 y atenúa su condición de apósito para la abundante sangría que genera el otro pilar de demografía: la distancia persistentemente negativa entre la natalidad más baja y la mortalidad más elevada de España. En total, en resumen, el año pasado salieron de Asturias casi 30.000 personas –25.896 hacia otras autonomías, 3.791 a otros países– y sus huecos fueron compensados por la llegada de algo más de 32.000 –26.204 desde dentro de España, 5.910 desde fuera–. El saldo asturiano es positivo, sí, igual que en todas las regiones con la única excepción de Aragón, pero también el tercero menos provechoso del concierto autonómico, solo por detrás en términos absolutos de los registrados en Extremadura y La Rioja.

Mayoría de extranjeros

Los ingredientes de la ganancia confirman que este leve repunte demográfico atribuible a las migraciones se ha hecho sobre todo con población extranjera y que ocho de cada diez habitantes añadidos tienen nacionalidad exterior –2.004, frente a 423 españoles–. Los que llegan del extranjero vienen en un sesenta por ciento de América –y sobre todo de Sudamérica, frente al diecinueve por ciento de Europa–; en las procedencias y destinos del resto de España mandan, por este orden, Madrid y Castilla y León. Los que se van a otros países, mientras tanto, parten más hacia Europa (691 del total de 3.791) que hacia América (563), pero hay mayoría de extranjeros incluso en las incorporaciones que vienen del resto de España.

Se mueven los jóvenes

La composición por edades vuelve a dar fe de que se mueven sobre todo los jóvenes. En torno a la mitad de los que han causado baja en el censo asturiano por mudanza en 2021 tenían menos de 34 años –13.645 de un total de 29.687–, más o menos igual que los que han llegado –14.716 de 32.114–. A la postre, el resultado final deja en esos 2.427 habitantes la escasa aportación de las migraciones a la sutura de una herida demográfica que a 1 de enero de este año y según la última cifra oficial quedó solo 4.499 habitantes por encima de la barrera del millón. Quedan lejos los años previos a la crisis económica y el tope de más de 9.000 personas que el saldo migratorio asturiano llegó a alcanzar en 2008.

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