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Enfado en el ISPA: "Hay dinero para pagar gestores y no para estabilizar científicos"

Los investigadores biosanitarios piden al Principado que se tome "en serio" el Instituto y aporte más recursos: "La precariedad es tremenda"

La sede de la Finba y de parte de los laboratorios del ISPA, en el edificio próximo al HUCA, en Oviedo.

Entre los 800 científicos que conforman el Instituto de Investigación Sanitaria del Principado de Asturias, el ISPA, cunde el "malestar" y el "hartazgo". Falta, según denuncian, financiación y una apuesta clara del Gobierno autonómico por lo que consideran que es la "joya de la corona", pues Asturias "tiene un gran potencial en investigación biomédica". Mucho mayor, puntualizan, que otras comunidades vecinas que en cambio reciben más apoyo de las administración públicas. Seis años después de su creación, el ISPA ha pasado de representar un "avance tremendo" a tener un presente y un futuro "negro". Ni siquiera la obtención de la acreditación del Instituto de Salud Carlos III, que se creía que iba a propiciar más recursos humanos, infraestructuras y tecnología, ha conseguido impulsar la entidad. "Tienen que tomarse más en serio la institución, financiarla mejor y mimarla", claman.

Grupos que quieren irse. Toda esta situación, que tiene como problema de fondo la escasa financiación, ha provocado que varios grupos de máxima calidad se estén planteando abandonar el Instituto, como advirtió este domingo el ex director científico del ISPA y profesor emérito de la Universidad de Oviedo, Carlos Suárez Nieto, en un artículo publicado en LA NUEVA ESPAÑA. La pregunta más repetida de puertas para adentro, según aseguran los propios científicos, es: "¿Para qué tenemos un Instituto que no puede retener talento y estabilizarlo?". Este interrogante viene acompañado de otros más: "¿Qué pintamos aquí? ¿Solo estamos para alimentar una estructura de gestión banal?".

El aparato gestor crece, mientras en los laboratorios hay "precariedad". Para funcionar, el ISPA necesita una fundación. Y esa es la Finba, la Fundación para la Investigación y la Innovación Biosanitaria del Principado de Asturias. La sensación que domina entre los investigadores es que la parte gestora crece más y más, siendo ya hoy una "superestructura", mientras en los laboratorios "la precariedad es tremenda" y va en aumento. Hasta tienen que buscarse la vida para renovar un simple congelador para conservar muestras. "Cuando nos trasladamos al nuevo hospital había dos personas en la parte de gestión, ahora son más de veinte. Todos ellos tienen contratos indefinidos y cobran más que cualquiera de los científicos que estamos aquí", critican. El personal biosanitario pone incluso números: "Mientras un responsable de gestión cobra entre 45.000 y 50.000 euros anuales, un investigador con dos proyectos a su cargo se queda en 26.000".

El Instituto rehúsa captar científicos de primer nivel para no tener que estabilizarlos, dicen los afectados

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El "sueldazo" del director de la Finba. Ligado a los anterior, está el "sueldazo", denuncian, que percibe Faustino Blanco al frente de la Fundación: 110.000 euros anuales (85.000 brutos fijos y 25.000 variables, ligado al cumplimiento de objetivos). Una cifra que "cabrea" y mucho a los investigadores: "Hay dinero para eso, pero no para estabilizar al personal científico", que es lo que sustenta el Instituto. El sueldo de Blanco, que fue nombrado director en noviembre de 2020, ya fue muy polémico en su momento, tras ser denunciado por el sindicato SICEPA. Aquello, que generó muchas críticas, le llevó a renunciar al cargo solo un mes después de ser nombrado. Sin embargo, al final, se quedó en el puesto. En enero de 2021 el ex secretario general de Salud con María Luisa Carcedo y Salvador Illa en el Ministerio volvió a ser noticia al abstenerse los consejeros de Salud y Ciencia en la votación que acordó concederle, con el apoyo de los patronos privados, los 25.000 euros de la parte variable de su sueldo.

Más de 6 millones captados en proyectos cada año. Según la memoria de 2020, los científicos desarrollaron ese año 239 proyectos de investigación, lo que en términos económicos se traduce en 6,36 millones de euros. ¿A dónde va todo ese dinero? Desde luego, contestan, "no a la parte científica". Para empezar, afirman, "el 21% de los recursos captados con cada proyecto se lo lleva la Finba solo por el mero hecho de gestionarlos". Y encima, apuntan, nada revierte en los laboratorios. Según los testimonios recabados por este periódico, el gran problema del ISPA, producido por el escaso apoyo económico del Principado, es la estabilización de su personal. A ello se suma que justo en este momento se están jubilando científicos de peso, por lo que urge "formar a nuevos líderes". Pero lejos de ayudar en ese reto, "la parte gestora", es decir la FINBA, lamentan, pone "palos en las ruedas".

Investigadores del más alto nivel a los que no estabilizan. Los trabajadores del ISPA insisten en que el Instituto tiene un proyecto científico "muy atractivo", con investigadores del más alto nivel, que han desarrollado parte de sus carreras en instituciones de prestigio nacional e internacional como el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CINO) o Harvard. Sin embargo, este talento no está siendo valorado –o así lo sienten ellos– por los gestores públicos. Un ejemplo claro son los contratos del programa nacional "Miguel Servet", que facilitan una carrera profesional a jóvenes científicos en la élite pertenecientes a la rama de biomedicina y ciencias de la salud. Un instituto no acreditado por el Carlos III puede contratar al año un máximo de dos de estos investigadores excelentes. La condición es la siguiente: el Estado les asegura el sueldo por unos pocos años y luego la institución de acogida tiene que comprometerse a estabilizarlos, a quedárselos.

"¿Qué pintamos aquí? ¿Estamos para alimentar una estructura de gestión banal?", se preguntan

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Lo que es una oportunidad, aquí lo ven como una "amenaza". Desde el año pasado, el ISPA, que consiguió, tras más de una década de lucha, el sello de excelencia del Ministerio de Sanidad, está en condiciones de pedir hasta cinco contratos "Miguel Servet". Pero, en vez de aprovechar esta "oportunidad", en Asturias, denuncian, se deja pasar e incluso "se ve como una amenaza", porque habría que estabilizarlos. Es decir, pagar más. En consecuencia, se siguen solicitando solo dos "Miguel Servet". La situación es tan crítica que la Finba, relatan las fuentes consultadas, no deja pedir algunos proyectos científicos por ser incapaz de estabilizar a los investigadores solicitantes. "¿Y cómo van a mantener a una persona sin proyecto? Es la vía para echarnos", indica un afectado.

Hace falta una carrera profesional para investigadores biosanitarios. Así las cosas, lo que se suponía que iba a traer la esperada acreditación del Instituto de Salud Carlos III –un aumento de los recursos humanos, infraestructuras y nuevas tecnologías– se ha quedado en el papel, lamentan los investigadores. Y eso a pesar de que hoy, más que nunca, el ISPA necesita crecer. Las jubilaciones fuerzan a ello y, además, quienes están dentro quieren situarse al nivel de los mejores institutos, porque creen que, con más medios, están en condiciones de conseguirlo. Aquí el ISPA se topa con otro muro: no hay una carrera profesional dentro del Sespa.

Científicos que se pueden quedar en la calle. En el Instituto de Investigación Sanitaria del Principado de Asturias hay personal que a su vez pertenece a la Universidad de Oviedo, al CSIC o ejercen como médicos. Esos trabajadores se han estabilizado por esas vías. Pero hay un número importante que desarrolla su labor en el edificio de la Finba, situado junto al HUCA en Oviedo, que no depende de ninguna otra institución y cuyo futuro está plagado de "incertidumbres". Esos son los principales afectados. "Yo tengo un contrato por cuatro años que me lo paga una entidad de fuera, pero en cuanto se me acabe me quedo en la calle porque no quieren estabilizarme", señala un trabajador. Las únicas salidas son acreditarse en la Aneca para entrar en la Universidad o sacar una plaza del CSIC. Pero, entonces, vuelve la pregunta del inicio: "¿Para qué sirve el ISPA si no puede ofrecer un futuro a sus científicos?". Además, argumentan, "aunque sigamos investigando para el ISPA, si entramos en la Universidad o en el CSIC, eso conlleva otras responsabilidades, como dar clases". Es decir, es personal que ya no podrá dedicarse al cien por cien a investigar como hace ahora. La pelota, por tanto, está en el tejado de la Finba y del Servicio de Salud del Principado de Asturias.

La dirección del ISPA, del lado de los investigadores. La directora científica del ISPA, Victoria Álvarez, subrayó ayer que "el eje estratégico del Instituto son las personas y eso pasa por diseñar estrategias de captación y retención de talento en colaboración con las consejerías de Salud y de Ciencia". Su equipo está trabajando en ellas a la vista del acuciante problema de relevo generacional existente en el Instituto. Este periódico se ha puesto en contacto también con Faustino Blanco, quien rechazó hacer declaraciones, así como con el Gobierno del Principado, que igualmente declinó pronunciarse al respecto.

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