El calvario de una asturiana que perdió la tutela de su hija: "Está totalmente desprotegida en un centro de menores"

El Principado asumió la tutela tras un incidente en el instituto | La joven huyó del centro durante semanas y terminó hospitalizada por drogarse | «No podemos encerrarlos mientras no delincan», argumenta el Gobierno

Una madre denuncia el abandono que sufren los menores tutelados por el Principado: "Mi hija tenía un problema de adicciones y la dejaron tirada como un perro"

A.D.

Pablo Álvarez

Pablo Álvarez

–Me quitan la custodia de mi hija, de 14 años. Se la llevan a un centro de acogida del Principado. Un centro abierto, de entrada y salida libres. Se fuga de ese centro el 5 de julio y está desaparecida un mes entero sin que nadie la busque. Yo me encuentro en Instagram un vídeo en el que aparece mi hija drogándose. Un sábado, le pido a la Policía que, por favor, vayan a buscarla, y les digo en qué zona está. Y que corre el riesgo de sufrir una intoxicación. Y me dicen que puedo entregar la denuncia, pero que la Policía Judicial no trabaja hasta lunes.

Así explica a LA NUEVA ESPAÑA lo sucedido con su hija una mujer asturiana que denuncia que tanto la Consejería de Derechos Sociales y Bienestar como la Policía Nacional han incurrido en «una clara negligencia» en la protección de la niña.

La menor terminó siendo ingresada en la unidad de psiquiatría infantil del Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA) el pasado día 9. Allí cumplió 15 años, Tras recuperarse de su intoxicación de drogas y recibir el alta, ha sido internada, con una orden judicial, en un centro cerrado y vigilado. «Estoy muy agradecida a la atención que la gente del HUCA nos han dado a la niña y a mí», subraya la mujer. Otra institución que sí «ha estado a la altura» es la Guardia Civil, matiza.

La madre lanza una pregunta retórica: «¿Cómo es posible que la Administración tenga tan poca responsabilidad para dejar que los menores puedan salir como si fuera mayores, que encima pasen estas cosas y que después te nieguen la información a la que yo, como madre, tengo derecho?».

El desencadenante de esta historia fue una riña de la niña con una compañera del Instituto. «Una discusión entre iguales», puntualiza la mujer. Sin embargo, la madre de la otra chica la denunció por acoso.

–Entonces, la Consejería decide que mi hija tiene que irse a otro Instituto, es decir, dejan a la niña totalmente desamparada, sin defensa ninguna, por una discusión. Y las trabajadoras sociales determinan que en casa le estamos poniendo castigos abusivos, cuando hablamos de hacerla copiar cien veces una frase, sin en ningún momento hacer daño a la cría –prosigue el relato de la madre.

Dado que la mujer trabajaba en la construcción con un horario prolongado, «decidieron que no podía hacerme cargo de la niña». Y llegó el ingreso en un centro dependiente del Principado destinado a menores conflictivos.

–Mi hija tiene un problema de adicciones demostrado por un parte médico. Pero deciden que, como lo que le ha sucedido es culpa nuestra en casa, a la niña hay que mandarla a un centro abierto para que pueda hacer su vida con normalidad –señala la mujer.

Hubo escapadas cortas al principio. «Cuando preguntamos a los responsables del centro, nos decían que no se podía hacer nada porque es un centro abierto en el que los niños, si quieren irse, se van». Semanas después, la madre comienza a recibir mensajes muy alarmantes:

–Me encuentro a un chico haciendo un directo en Instagram en el que cuenta que está con mi hija y todos los consumos que hacen. Y en ese directo me entero de que mi hija está camino del hospital custodiada por la policía. Llamo al centro donde está acogida, porque a mí nadie me ha avisado. Se enteraron otros menores del centro antes que yo, que soy su madre –agrega la denunciante.

La chica –añade– llevaba semanas sin aparecer por el centro al que la habían llevado:

–Nadie hizo nada. No entiendo cómo un equipo de Policía está un mes buscando a una niña que anda por la calle libremente, con personas mayores de edad que tienen antecedentes penales, y que nadie la encuentre.

La mujer relata que «yo me cansé de llamar a la Policía para decirles dónde estaba, de llamar a las trabajadoras sociales para que, por favor, la buscaran, porque mi hija tiene un problema que pone en riesgo su vida. Y me respondían que estaban trabajando en ello».

La madre pidió para su hija «un ingreso en un centro cerrado en el que estuviera controlada». La respuesta: «Primero me dijeron que no había plaza; pero, después de decir que voy a denunciar la situación ante los medios de comunicación, me dicen que sí hay plaza».

Las fugas de la niña son –según su madre– «de fiestas y drogas». Y observa: «Eso, por muy mal que estuviera con nosotros, como decían, en mi casa no lo tenía. Sé que también tiene un delito de hurto en Parque Principado. Es una cuantía pequeña, pero mi hija esos comportamientos en casa jamás los había tenido. Si tú quitas una tutela y coges a un menor tienes que velar por el bienestar del menor y por sus derechos. En este caso, la niña está totalmente desprotegida».

La madre asegura que el caso de su hija no es excepcional:

Yo sé que en el mismo centro en el que estaba mi hija se han fugado más menores, que han sido recogidos en unas condiciones un poco difíciles, y que el mismo día de la recogida se han vuelto a fugar. Es decir, esos menores están sin control de ningún adulto con 14 o 15 años. Algunas personas con las que me entrevisto me dicen: esto o sale en los medios de comunicación o nadie hace nada por tu hija.

Preguntadas por este periódico, fuentes del Instituto Asturiano para la atención integral a la Infancia y a las Familias –dependiente de la Consejería de Derechos Sociales y Bienestar– explican su versión de lo sucedido con el escrupuloso celo por la protección de datos que han observado todos los protagonistas de este relato:

–Lo que tenemos es un caso típico de una madre con una incapacidad de control de la conducta de su hija. Con nosotros lleva cuatro meses y con ella ha estado 15 años. La ley de protección de menores no permite privarles de libertad mientras no delincan, y ella no ha delinquido. Ese tipo de peticiones tenemos que justificarlas y acreditarlas ante el juez. Pero antes hemos de intentar fórmulas educativas.

Las mismas fuentes de la Administración autonómica hacen énfasis en las dificultades que entraña abordar este tipo de situaciones y reivindican su gestión de este episodio:

–Si encerrándoles se resolviese el caso, nunca habría reincidencias. Va en aumento el problema de padres que pierden el control de sus hijos. A partir de ahora, la menor tendrá más difícil fugarse. Estos casos requieren que nos coordinemos con Salud Mental. Hemos trabajado mucho y hemos avanzado.