El encendido de las luces de Navidad desborda Aciera (Quirós)

Una multitud de curiosos se agolpa en la pequeña localidad quirosana en la que todas las familias decoran sus casas y calles | "Viene gente hasta de Vigo", celebran los vecinos

Pablo Álvarez

Pablo Álvarez

“Somos de Bilbao. Vimos en internet que Aciera era el país más navideño del mundo y para aquí nos vinimos”. Itsasne Alonso y David García forman parte de la multitud que esta tarde ha invadido el pequeño pueblo de Aciera (Quirós) para asistir al encendido de las luces navideñas.

Itsasne abre su anorak y muestra su jersey estampado con motivos bien elocuentes: “Me encanta la Navidad”.

Como era de esperar, en la tarde-noche de hoy la angosta carretera de Aciera y el único aparcamiento del pueblo se han colapsado de coches. Las callejuelas, casi caleyas, se han inundado de turistas, familias enteras y alegría navideña. El chocolate y los churros han corrido de mano en mano para caldear los seis grados de temperatura ambiente. A falta de un bar, funcionó a las mil maravillas el bajo del hórreo de Lali Menéndez y Miguel San José.

Casas, calles y hórreos

Pero aún más que el chocolate, lo que discurre por el pueblo quirosano es fraternidad vecinal en grandes dosis y traducida en proyectos comunes. Toda la decoración navideña la ponen los vecinos: ventanas, corredores, jardines, antojanas… Todos los hórreos, algunos de ellos varias veces centenarios, celebran la llegada de la Navidad.

“Viene a vernos gente hasta de Vigo”, destacaban los vecinos de este pequeño lugar, en plena falda del macizo de Ubiña, en el que por semana viven docena y media de vecinos, que los fines de semana aumenta su demografía de manera notable y que ahora tendrá unas semanas con un flujo turístico impensable para un pueblo que dista de Oviedo unos 35 kilómetros y otros tantos minutos.

Alba Céspedes forma parte de un grupo de familias con niños de Oviedo y Gijón que se reúnen los fines de semana para hacer rutas por la naturaleza. “Estamos alojados en el albergue de Quirós y hemos visto que había esto: es precioso”, enfatizaba.

Los habitantes del collado de Pirueño, una especie de estado libre asociado a Aciera, con ruinas de la iglesia románica de Santa Eulalia, han colocado de nuevo una estrella de Navidad en el majestuoso murallón que se levanta detrás de la aldea. “Este año hemos añadido la cola de la estrella y un reno”, explican sus promotores: Charo Vigil, Coloma Bastida y Francisco Javier García Gutiérrez. Este último, conocido como “Guti” en el pueblo, se ha disfrazado de árbol de Navidad ambulante.

Local social y "photocall"

El local que está acondicionando la asociación de vecinos para sus actividades está tomando forma. Horas y horas de trabajo y buen hacer. Justo delante, han plantado un pequeño bosque de árboles de Navidad regalados por la gente del pueblo. “Pronto tendremos aquí el espacio que necesitamos”, explican entusiasmados.

Hay que ver el “photocall” navideño de Joaqui Fernández y Luis Venta; la escena cada año más completa que José Antonio Carnero instala en urna incrustada en el suelo del vestíbulo de su casa; la creciente familia de ovejas (este año con una negra, la favorita) de Renato MendesMaría Arranz que despierta el buen humor de las abuelas de la familia, Matilde BarrioGloria Quirós

Y la sorpresa final...

Al fondo del pueblo, a los visitantes les espera el plato fuerte, la sorpresa mejor guardada: la decoración ideada por Charo Viejo y ejecutada por su marido, Ramón Prieto. Imposible describir este prodigio de imaginación que este año ha añadido a un San José y una Virgen subida en un burro, tallados en madera de fresno y manzano. Buscan una posada y seguro que la encontrarán en un pueblo abierto y generoso. Hay que ver el conjunto escénico de Ramón y Charo. Solo adelantaremos un dato: el buzón de los sueños está dispuesto a recibir cuantas cartas quieran escribirse.

“Este año ha sido muy gordo; esta Navidad ya la empezamos sobrepasados”, concluyen con orgullo los vecinos de Aciera, el pueblo más navideño del mundo. 

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