Entrevista | Celestino Rodríguez Decano de la Facultad de Formación del Profesorado y presidente de la Academia Internacional para la Investigación de las Dificultades de Aprendizaje

"Advertimos antes dificultades de aprendizaje en niños, con 6 años"

"La detección precoz es muy positiva, el daño será menor y, si intervenimos desde el principio, el pronóstico será muy bueno"

Celestino Rodríguez.

Celestino Rodríguez. / Miki López

Mónica G. Salas

Mónica G. Salas

Celestino Rodríguez, decano de la Facultad de Formación del Profesorado y Educación, es el nuevo presidente de la Academia Internacional para la Investigación en Dificultades de Aprendizaje. Una asociación con sede en EE UU e integrada por 300 expertos de 29 países, pertenecientes a 30 disciplinas diferentes. El catedrático del área de Psicología Evolutiva y de la Educación confía en que su nombramiento de "visibilidad internacional" a la Universidad de Oviedo y los investigadores asturianos que trabajan en este campo.

–¿Cómo llega un profesor de la Universidad de Oviedo a presidir una academia internacional con sede en EE UU?

–Mi tesis doctoral se centró en las dificultades de aprendizaje y ya por el año 2004, que fue cuando la empecé, viajé a EE UU. Allí establecí contactos con investigadores de este campo, que en América está muy desarrollado. En todo este tiempo, he continuado con colaboraciones, proyectos y publicaciones con gente de allí. La presidenta agotaba el mandato y fueron muchos los que me dijeron: "Anímate a presentarte, anímate, que te ayudamos". Y, aunque tengo muchas cosas, me pareció un proyecto ilusionante para seguir desarrollando el estudio de las dificultades de aprendizaje.

–¿En qué consiste ese estudio?

–Sobre todo, se trabajan los problemas de aprendizaje en la lectura, la escritura y las matemáticas, así como el déficit de atención. Se analizan tanto las variables del niño como de los padres y del profesor.

–¿Por qué se producen las dificultades de aprendizaje?

–La definición habla de un componente neurológico de base. Es decir, hay un problema neuropsicológico, relacionado, se cree, con las funciones ejecutivas y eso afecta a la habilidad para escribir, para leer o para desarrollar problemas matemáticos. En las dificultades de aprendizaje se tiene que descartar que el problema sea debido a una instrucción inadecuada. Esto quiere decir que no son problemas contextuales.

–¿A qué edad se están detectando?

–Cada vez primero. Hace años no se detectaban hasta los 10-12 años, pero ahora ya tenemos modelos, como el RTI, que nos permiten hacerlo precozmente antes de los 6. Es decir, antes incluso de aprender a leer o a escribir. Cosa que es muy positiva, porque el daño al niño va a ser menor y, si ya intervenimos desde el primer momento, el pronóstico será muy bueno.

–¿Qué consecuencias puede tener para el futuro no detectar la dificultad de aprendizaje de un niño?

–Principalmente, el fracaso escolar. Y a partir de ahí, problemas emocionales, disruptivos... Son niños que tienen capacidad, que tienen una inteligencia incluso superior, sin embargo, sus habilidades después le impiden escribir bien o leer o hacer matemáticas. Por tanto, son niños que se sienten muy frustrados.

–¿La prevalencia está aumentando?

–No, se mantiene estable. En España está entre el 5% y el 7%. Lo que encontramos ahora son mejores herramientas de evaluación y de intervención, que uniformamos, además, entre diferentes países. Intentamos tener protocolos comunes.

–¿En qué consiste el modelo RTI que antes mencionaba?

–En hacer una primera evaluación de los precursores del aprendizaje en una edad muy temprana, proponer una intervención ajustada y ver aquellos alumnos que nos progresan. Si no progresan, se les hacen una intervención más ajustada y más específica al alumno y se vuelve a evaluar. Y si aún así no responden es que estamos ante un caso de dificultades de aprendizaje.

–¿Cómo están los centros educativos asturianos en comparación con otras regiones?

–Mi punto de vista es positivo. Aunque nos falta un decreto de atención a la equidad, que llevamos esperando muchos años, los centros están trabajando muy bien las dificultades de aprendizaje. Nos hemos preocupado mucho por formar a los profesores.

–¿En qué puede beneficiar su nuevo cargo a la Universidad de Oviedo?

–En la academia están representadas más de 30 universidades de todo el mundo, muchas de ellas americanas. Una institución a veces desconocida, como es la de Oviedo, puede ganar en visibilidad. Seguro que, además, nos podremos beneficiar de estancias internacionales. En Asturias nos dedicamos a esta línea de investigación más de quince profesores. La mayoría están en ADIR, el grupo al que pertenezco.

–¿Por qué decidió centrar su carrera investigadora en las dificultades de aprendizaje?

–Me di cuenta desde el principio de que era un trastorno del desarrollo que si no tenía una intervención adecuada podía ser muy grave y si, al contrario, se trabajaba correctamente tenía muy buen pronóstico. Mis esfuerzos siempre han estado centrados en ello.