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Asturias exporta talentos

Alberto Canteli aconseja “obsesivamente internacionalizar nuestra sociedad”

“Mi primera impresión viajando al extranjero fue la misma que tengo hoy: hay lugares preciosos, pero ninguno de ellos más bonito que la tierrina”

Alberto Canteli; su esposa, Ángela Álvarez, y sus hijos, Adriana y Alberto, en un centro de juegos infantiles de Dubái.

ALBERTO CANTELI (Dubái). Alberto Canteli Suárez nació en Oviedo en 1973. Licenciado en Administración de Empresas por la Universidad de Oviedo, desde hace 12 años reside en Dubái, y desde hace 25 años vive fuera de Asturias. Trabaja para el grupo francés Vivendi, uno de los gigantes globales de comunicación y entretenimiento, como CEO y presidente de la división de publicidad y medios para Europa, Oriente Medio y Asia. 

Alberto Canteli

La memoria de Alberto Canteli se esponja con los recuerdos de aquella Asturias de su infancia compuesta por “Naturaleza, paisajes preciosos, un colorido muy especial, mucha luz… Quizás una de las principales diferencias son aquellas nevadas que veía cada invierno desde la ventana de nuestro piso del barrio de Buenavista. También recuerdo que llovía mucho más que ahora, o al menos esa es mi sensación. Mis primeros recuerdos de pequeño son pasear con mi madre con 2 o 3 años desde el barrio de Buenavista hasta el colegio La Gesta. Nos pasábamos todo el camino aprendiendo los números, los días de la semana, los meses del año…”.

Y los olores: el perfume del tiempo que nunca se agota: “Principalmente de comidas. Croquetas caseras, tortilla de patata, los frixuelos de mi abuela Amelia, la carne guisada de mi abuela Emilia… o el olor de los puestos de castañas o los churros en invierno por el centro de Oviedo”.

Nuestra tierra “sigue siendo especial, única y maravillosa, pero a la vez pienso que, debido a una errónea gestión histórica por parte de los diferentes gobiernos, está muy lejos de la posición socioeconómica que le corresponde”.

Sus primeros viajes fueron a Portugal “con mis padres en unas vacaciones de verano, y a Francia a esquiar durante Semana Santa con un gran grupo de amigos. Chema Toyos, gran amigo de la familia, era mi ‘tutor’ en aquellas aventuras. Álvaro Entrialgo, el jefe de expedición, y todo un autocar lleno de amigos. Gracias al esquí conseguí conocer varios países de Europa siendo un crío de apenas 10 años. Mi primera impresión viajando al extranjero fue la misma que tengo a día de hoy: hay lugares preciosos por el mundo, pero ninguno de ellos más bonito ni especial que Asturias”.

Es triste reconocerlo, “pero cada día que pasa es más difícil que uno vuelva a Asturias si no es a jubilarse dentro de muchos años, o dando un cambio radical a mi vida”. ¿Por ejemplo? “En proyectos como la política o montando un negocio propio”. Pero “mis hijos han vivido toda su vida en Dubái, nuestra vida está establecida y asegurada allí… Sinceramente veo muchas más opciones de movernos a París o Londres, o volver a Madrid en un proyecto radicalmente diferente a lo que hago, que volver permanentemente a vivir a Asturias. Ojalá me equivoque porque sería un auténtico sueño poder volver a vivir en mi ciudad en el corto plazo”.

Allí, a lo lejos, se echa de menos “pasar tiempo con las personas que más quieres. Tengo la suerte de poder ir prácticamente cada mes a Oviedo, y hablo a diario con mi padre y mi madre, por lo que es bastante llevadero. La parte buena es que esos días disfrutas enormemente desde un café en el sitio que te gusta, un paseo o una cena y unas copas con tus amigos”.

Le emocionan mucho “todo tipo de eventos o reuniones sociales con gente que quiero y aprecio, celebraciones, y sobremanera si tienen música en directo o gaiteros. Tengo un recuerdo muy especial de mi boda por ejemplo, del bautizo de mi hija Adriana o Alberto, o de la fiesta que organizamos en mi casa unos veinte amigos para celebrar la graduación en la Universidad”.

Asturias tiene “una increíble tradición e historia, con unas gentes muy especiales y únicas que saben disfrutar de la vida y que están llenas de pasión y de fuerza. Por desgracia, la veo también como una región envejecida, estancada en el siglo XX, y sin un claro camino. Cuando uno compara los indicadores socioeconómicos o demográficos con los del País Vasco sin ir más lejos, o Galicia, se da cuenta de que las cosas no van bien. Espero de todo corazón que el presidente Barbón y su equipo den con las teclas apropiadas y consigan ir poco a poco rectificando el rumbo”.

Mirar al exterior y replicar casos de éxito como Suiza, los países Nórdicos o Bálticos o Irlanda “debería ser la mejor fuente de inspiración para probar cosas nuevas que pudiesen llevar a Asturias a la senda del crecimiento y la estabilidad social y económica. Si humildemente puedo dar un consejo, es recomendar obsesivamente la internacionalización de nuestra sociedad”.

Es decir: “Buscar nuevos mercados para las empresas asturianas, tanto para vender como para abastecerse, incrementar las opciones para que los estudiantes pudiesen disfrutar de periodos en otros países, fomentar los intercambios culturales, mejorar las comunicaciones internacionales, facilitar la inmigración controlada y regulada, y especialmente de personas que mejoren nuestra capacidad productiva y que cubran posiciones para las que somos deficitarios de perfiles, mejorar el nivel de idiomas de nuestras gentes, transmitir más y más contenidos en inglés en nuestros medios públicos y privados”.

La pandemia “nos puso a todos al límite. Nos dimos cuenta de la vulnerabilidad de la raza humana y del mundo en el que vivimos. Ha tenido una parte positiva dentro de ser la mayor desgracia vivida en siglos, que es el esfuerzo colectivo, la conciencia de equipo. A nivel personal me hizo ajustar mi escala de valores y darle más importancia al cuidado de la salud y a la necesidad de practicar deporte”.

E-mail a un joven asturiano: “Que no tenga miedo, que se lance y que sueñe. Que cocine sus sueños con ingredientes reales y que tenga en su cocina, y que, con esfuerzo e ilusión, nunca dude que va a lograr su objetivo. Y también le recomendaría que no se desligue de Asturias, que tenga cada día un rato de contacto con su región y que intente volar cada poco a su casa. No podemos seguir perdiendo talento y el objetivo último es que todos aquellos que se van puedan volver un día a ‘la tierrina’ a contribuir a hacerla aún mejor”.

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