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Atrincherados para admirar el Nalón

Las visitas guiadas por Ranón para conocer las casamatas defensivas de la Guerra Civil captan a decenas de turistas

Atrincherados para admirar el Nalón

-¿Vamos? Esto dura dos horas y no podemos perder el tiempo. Hay mucho que ver.

Así comienza la visita Jimmy Pérez, policía local de Soto del Barco y guía turístico en su tiempo libre. Pérez no alardea de su capacidad para llevar grupos. "Es algo que lo hago por gusto", comenta. Cuatro madrileños le siguen de cerca. Roberto González, padre de Diego y Alba, está preparado para la visita. Cámara de fotos en mano, parece que lleva esperando toda la vida para ir a Ranón y adentrarse en las trincheras republicanas de la Guerra Civil. Sensiblemente emocionado, comenta que sus raíces familiares tienen mucho que ver con estas construcciones de hormigón. "Mi padre combatió en la Guerra Civil...", es todo lo que llega a decir. Sin más dilación, Jimmy Pérez comienza un recorrido tan emocionante como sorprendente, que se repite todos los martes a las 12.00 horas y los jueves, a las 19.00. Los interesados tienen que ponerse en contacto con el centro Puerta del Mar de San Juan de la Arena.

Al llegar a la iglesia de Ranón, nadie alcanza a imaginar que en esta pequeña localidad va a encontrar un tesoro de valor incalculable. Sí, porque ahora hay un tesoro. Aunque no hace mucho, las trincheras no eran algo de lo que la parroquia pudiera presumir. Durante los primeros años de la posguerra y hasta hace muy poco, fueron símbolo de barbarie. Pero en Soto del Barco quieren dejar constancia de su legado histórico y ahora, aquellos lugares para la guerra, son una especie de museo al aire libre. Casi cuesta creer que en este paraje idílico y placentero, repleto de eucaliptos y helechos, haya vestigios de una de las mayores tragedias recientes de la Historia de nuestro país. La sinuosa senda respira vida. Una vida que contrasta con lo que fue el lugar en el 36.

El guía sabe bien la historia de ese rincón. "El Bajo Nalón es uno de los emplazamientos republicanos más importantes de la resistencia", destaca. Pérez lo tiene todo en la cabeza. No lleva papeles ni echa mano de documentos orientativos para la visita. No tiene nada que envidiar a los historiadores más famosos de la guerra que partió a España en dos mitades. Y en esta visita hay una máxima. Cuando Pérez habla, el grupo escucha. Atentos y sin pestañear, todos siguen al guía hacia el interior del conflicto bélico.

Las trincheras se encuentran en un lugar privilegiado. Están en un acantilado ideal para defender posiciones. Desde lo alto de ese acantilado, se pueden contemplar con precisión dos pueblos. A lo lejos, San Esteban de Pravia y, en primera línea, San Juan de la Arena y la playa de Los Quebrantos.

Las fortificaciones datan de los primeros días de la Guerra Civil. En Ranón hay dos trincheras que se conservan en perfecto estado. "En el concejo de Soto del Barco hay 50 instalaciones de este tipo. La mayoría tienen los accesos tapados, pero hace años que el Ayuntamiento está abriendo las trincheras", asegura el policía local. Cuenta el guía que, en la posguerra, las trincheras se tapiaban por una cuestión psicológica: "La gente no quería recordar la barbarie y las tapiaron. Tuvo que ser muy duro para las familias de los que habían estado en el frente asturiano".

Tras años de duras negociaciones en la sombra, la Asociación para la Recuperación de la Arquitectura Militar Asturiana (ARAMA) consiguió abrir algunas de estas trincheras que habían sido sepultadas. Hace doce años se aprobó una ley que define su uso y prohíbe la destrucción de estas casamatas. Muchas trincheras fueron abiertas para preservarlas como parte del patrimonio arqueológico e histórico.

Las trincheras de la visita se encuentran en perfecto estado de conservación. La familia madrileña que realiza el recorrido junto a Pérez se sorprende. "Cuando vinimos no pensábamos que iban a estar tan bien", relata Rosa Oviaño, que tiene raíces en Trubia.

Las trincheras son emplazamientos de hormigón muy singulares. Están construidos sin puertas. "No pueden tener puertas porque el uso de armas reventaría los tímpanos de los soldados. En su lugar habría un falso tabique que impide de manera natural el paso", comenta el guía, justo antes de entrar en la primera trinchera de la visita. Dentro de la estrecha construcción, hay mucha humedad. A los soldados no debía preocuparles si quiera la claustrofobia que puede llegar a provocar este lugar. Los muros de hormigón son bajos. Tanto como para que una persona de más de un metro y setenta centímetros pase agachado bajo las casamatas. Las trincheras también son pequeñas. No cuentan con más de veinte metros de largo. A cada lado de sus muros, hay diminutos recovecos donde un día los soldados republicanos intentaron frenar sin demasiado éxito las ofensivas del bando nacional.

Una vez que el guía deja atrás el pasillo, se adentra en un espacio circular: el nido de ametralladoras. Los huecos para colocar las metralletas son algo más grandes que en los pasillos. En ese lugar podían entrar con muchas dificultades tres o cuatro milicianos. Ahora ya no hay milicianos. Los nuevos inquilinos de estos nidos de ametralladoras no llevan armas. Son arañas del tamaño de la esfera de un reloj, que cuelgan del techo ajenas a lo que pasó hace 80 años.

¿Y hacia dónde tenían que dirigirse los disparos de las ametralladoras? El guía lo explica: "Los soldados del bando nacional estaban casi en San Esteban de Pravia, al otro lado de la desembocadura del río Nalón. Cuesta creer que las balas del bando nacional cruzaran un río y un pueblo entero, pero es posible". En aquel momento, las ametralladoras alemanas de la marca Mauser estaban en poder del ejército franquista. Conocidas por MG-42, tenían un alcance de más de tres kilómetros. A mediados de 1937, los nacionales tomaron la zona. Más de 50.000 republicanos intentaron abandonar Asturias por mar hasta Francia antes de ser sitiados por completo. No todos llegaron.

La ruta llega a su fin, y los madrileños están cariacontecidos. Rosa Oviaño expresa el sentir de la familia: "Vinimos por curiosidad y nos vamos siendo expertos de la Guerra Civil".

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