06 de enero de 2019
06.01.2019

La magia viaja por mar y aire

Los Reyes aterrizan en el aeropuerto entre una multitud, y Aliatar desembarca en Luanco cuatro años después para repartir chochinos

06.01.2019 | 02:46
Los Reyes Magos, ayer, a su llegada al aeropuerto. A la izquierda, niños en el aeródromo asturiano, a la espera de Sus Majestades de Oriente. Abajo, el Príncipe Aliatar, con niños en la iglesia de Luanco tras repartir chochinos.

"Ya vienen, ya los veo", gritaba un niño con ojos como platos en la pista del aeropuerto de Asturias. Su ilusión era mayúscula. Era uno de los primeros en localizar a los Reyes Magos de Oriente en la región. Estaba en medio de una multitud de pequeños que no querían perderse detalle de los primeros compases de la visita real a Asturias. La mayoría estaban nerviosos y algo inquietos. "Fue muy bueno", comentaba el padre de uno de los asistentes a la bienvenida. Otros niños estaban orgullosos de poder haber dado la mano a los tres monarcas, que llegaron en avión al aeródromo de Santiago del Monte a media mañana.

La pista estaba a rebosar de niños protegidos por una valla. Más de uno intentó rebasarla, pero la prudencia de los padres impidió que los pequeños abordaran directamente a los monarcas, ya preparados para repartir los regalos casa por casa y mantener viva la tradición de la noche más mágica del año.

Los Reyes Magos atendieron a los pequeños en la pista y también en el resto del aeropuerto. Y repartieron caramelos por doquier. A algún que otro pequeño le dio por perseguir a Gaspar para intentar conseguir más dulces. El rey Mago le respondió que ya le había dado antes y que su intención es que ninguno se quedara sin caramelos.

Al tiempo que los Reyes Magos arribaban al aeropuerto, el Príncipe Aliatar entraba en el puerto de Luanco (Gozón) después de haber recorrido no pocas millas náuticas en su mágica lancha. Hacía cuatro años desde que el emisario real no se dejaba ver por las calles de la capital gozoniega el día de la cabalgata. Aliatar adelantó el trabajo a los Reyes Magos y comenzó a recoger las cartas que los pequeños redactaron con la mayor ilusión.

El emisario real llegó al puerto hacia las 13.00 horas y después inició su particular pasacalles por la calle La Riba, en dirección a la iglesia de Santa María. En el templo, atendió a los niños, a los más tranquilos y también a los revoltosos, y como manda la tradición, entregó a los pequeños los tradicionales chochinos, que son unos revoltijos de dulces navideños tradicionales de la zona. Ya por la mañana estaba todo listo para el día más mágico del año.

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