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La “Corverana Ejemplar” más dulce de todas recibe el galardón “ilusionada”

Rosa María de la Iglesia dedica el reconocimiento a sus primeros clientes en la tienda de chuches

Rosa María de la Iglesia.

Rosa María de la Iglesia.

Rosa María de la Iglesia, la quiosquera de toda la vida de Las Vegas, la de Dulcelandia, es una de las corveranas ejemplares de este año, un reconocimiento que está previsto que reciba el próximo 10 de septiembre en La Lechera de Cancienes. “Estoy ilusionada con este premio. No me lo esperaba”, reconoció la popular vendedora de chucherías, ahora jubilada. Y es que abrió su tienda por primera vez hace 29 años. En frente de la iglesia. “Nadie estaba allí: sólo yo y unas vacas”.

Añora la época en la que los pequeños correteaban por los pasillos de su quiosco. Alquiló el establecimiento cuando tenía 35 años. Fue cuestión de suerte, admitió: “Lo abrí por probar. Cuadró así. Yo pasaba todos los días por delante de la tienda y tomé la iniciativa, dije: ¿Por qué no?”, declaró a este diario.

El esfuerzo que hizo durante este tiempo ha sido clave para que su municipio decida premiarla. “Estaba allí a las siete de la mañana y me iba muy tarde, cuando venían los últimos niños de entrenar al balonmano. Ha sido mucho trabajo y casi nunca he cogido vacaciones, pero nunca he pensado en dejarlo”, señala Rosa María de la Iglesia.

Sus primeros clientes ahora ya están casados y han formado familias. Pese a todo, siempre seguirán siendo “sus niños”. De la Iglesia afirma que Iván Fernández, el alcalde de Corvera, también ha sido uno de ellos. “Venía por aquí y también su mujer”, detalló la corverana ejemplar.

La comerciante ha disfrutado siempre de la compañía de sus pequeños clientes: siempre ha estado rodeada de ellos: “Incluso desayunaban, comían o cenaban en la tienda”. La vendedora de dulces, al hilo de esto, apunta que tuvo “una moto delante de la puerta de las que les metías cinco pesetas y se movían: algunos padres ya aprovechaban y les daban la comida o la merienda allí, con el niño disfrutando del juguete”, continúa la quiosquera.

Tantas horas de dedicación han hecho que sean muchas las anécdotas para narrar: “Incluso para escribir un libro”, sonríe. “Cuando llevaba diez o quince años ya pensé en escribirlo. Recuerdo cuando las madres, que tenían hijos de dos años, no entendían lo que querían comprar y tenía que traducirlo yo”, bromea la quiosquera.

La galardonada recuerda épocas en las que su tienda se llenaba de gente para comprar sus chucherías favoritas. Los chicles Boomer, por ejemplo. “Los teníamos de todos los sabores y era bestial la de gente que venía a comprarlos”. También eran muy famosos los chupachups de Koyak”, contó.

De la Iglesia va a dedicar el galardón a todos sus clientes habituales, a “sus niños”. El cariño que les profesa ahora le ha venido de vuelta, como “Corverana Ejemplar”.

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