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El día que los percebes de Peñas fueron grandes "como espárragos"

La llegada a la playa de Xagó de una colonia de “anatifas”, una versión gigante del apreciado crustáceo cirrípedo asturiano, atrae a multitud de curiosos

Un grupo de jóvenes observa con curiosidad el tronco tapizado de lo que parecían percebes gigantes pero eran en realidad anatifas.

Un grupo de jóvenes observa con curiosidad el tronco tapizado de lo que parecían percebes gigantes pero eran en realidad anatifas.

La rareza que el mar Cantábrico depositó anteayer en la playa de Xagó –un tronco tapizado de lo que parecían percebes gigantescos– motivó una gran expectación entre los usuarios del arenal y decenas de curiosos que al tener conocimiento del hallazgo por los medios de comunicación y las redes sociales se acercaron al lugar para ver con sus propios ojos los “percebes tan grandes como espárragos”. Los chascarrillos y bromas se sucedieron a la vista de los gigantescos “percebes”: “¡Menudo banquete nos daríamos si se pudieran comer!”, “Con una docena sale medio kilo de carne”...

Pero ni los supuestos percebes gigantes eran tales ni son comestibles. Se trataba en realidad de una colonia de anatifas o pies de cabra (Lepas anatifera), una especie de crustáceo cirrípedo y, por tanto, “familia” de los percebes, pero carente de sus virtudes gastronómicas. Las anatifas, como los percebes, presentan el cuerpo protegido externamente por un conjunto de placas calcáreas (la uña), pero llegan a multiplicar por tres el tamaño de aquellos. Los percebes que se cogen en Peñas para consumo humano (Pollicipes pollicipes) pueden llegar a medir, en el más excepcional de los casos, 25 centímetros de longitud; los procedentes de aguas americanas (Pollicipes polymerus), comercializados como “percebe canadiense”, son otra especie diferente a la asturiana y llegan a medir 30 centímetros; en el caso de la anatifas, se han documentado ejemplares de hasta 80 centímetros.

Los crustáceos, depositados en el contenedor de la basura.

A diferencia de los percebes, que habitan preferentemente en rocas, las anatifas prefieren como hábitats estructuras artificiales como pantalanes, cascos de barcos y, en especial, maderas y otros objetos flotantes como los bidones o los envases de plástico. Al adherirse a objetos flotantes, las anatifas viajan por el mar a merced del oleaje y las corrientes y eventualmente, como ha ocurrido en la playa de Xagó, pueden acabar en tierra firme. Por eso constituyen una rareza para los profanos de la mar, pero los pescadores y marinos están familiarizados con la especie pues la suelen ver cuando navegan.

El doctor en Biología y miembro del equipo de investigadores del Instituto Oceanográfico de Gijón Francisco Javier Cristobo explicó que la especie que arribó a la playa de Xagó es propia del Cantábrico, “por lo que no debe ser tenida por invasora ni por oportunista”. El experto detalló que las anatifas son llamadas en algunos lugares “percebes de la madera” por su habitual hallazgo en troncos a la deriva. En el caso de los hallados en Xagó, de la madera pasaron al contenedor de la basura, que fue a donde los arrojó la brigada de limpieza playera cuando ayer por la mañana hizo su trabajo.

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