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Un avión de récord en el aeropuerto asturiano

El piloto y actor Enrique Piñeyro movió a Avilés a su compañía de teatro en el Boeing 787 que hizo el vuelo más largo sin escalas

La cabina de un avión, a escala natural, utilizada en la obra “Volar es humano, aterrizar es divino”, representada en el Centro Cultural Niemeyer.

La cabina de un avión, a escala natural, utilizada en la obra “Volar es humano, aterrizar es divino”, representada en el Centro Cultural Niemeyer.

Parte de la cabina de un avión Boeing 737-200 a escala real ocupó el sábado el escenario del Centro Cultural Niemeyer para que el piloto, actor, director y productor de cine y de teatro Enrique Piñeyro y su equipo representasen la obra “Volar es humano, aterrizar es divino”. Para hacerlo posible, la pista del Aeropuerto de Asturias la ocupó un enorme Boeing 787 en el que llegaron el simulador utilizado para la representación además de todos los sistemas y profesionales que hicieron posible la escenificación. “Es la forma más económica que tenemos para desplazarnos todos”, asegura su propietario y protagonista de la obra.

Imponen las medidas del avión, que llegó a Asturias en un primer vuelo el pasado jueves. Su longitud es de 57 metros, pero del extremo de una de sus alas hasta la otra mide 60 metros. El Boeing 787 batió un récord mundial el pasado mes de marzo, al realizar el vuelo más largo de la historia sin escalas: desde Seúl (Corea) a Buenos Aires (Argentina), 19.483 kilómetros, en 20 horas 19 minutos. Los mandos los pilotaba el comandante Enrique Piñeyro.

El avión es de su propiedad, afirma, y lo utiliza fundamentalmente para realizar viajes con organizaciones no gubernamentales (ONG), a las que sólo les cobra el combustible. “Hemos realizado numerosas misiones, a la India, Mozambique, Mauritania”. El piloto argentino habla con pasión de estos vuelos. La misma que utiliza con este periódico en la conversación telefónica mantenida tras su viaje a Asturias.

“No hubo ningún problema con el avión, ninguna dificultad, y el control de tránsito aéreo fue muy colaborativo para que todo fuese estupendo. Solo hubo que realizar un pequeño ajuste en un despegue porque por su tamaño no podía operar en la pista con otro avión, pero fue una cosa menor”, asegura el comandante Piñeyro.

“Este avión tiene una performance (capacidades, rendimiento) increíble, y en media pista ya estábamos en el aire”, continúa en su relato. El mayor problema “es el peso de soporte. El máximo son 228 toneladas, pero estábamos en 140, así que tampoco hubo problemas”.

El Boeing 787 llegó a Asturias el jueves, pero el viernes tuvo que volar a Bilbao para recoger a Enrique Piñeyro, que estaba en el Festival de Cine de San Sebastián, y traerlo para la representación en Avilés. Y ayer partió rumbo a Madrid.

“Ustedes despegan hacia el mar y un avión convencional hace un arco sobre sus acantilados y el aeropuerto. El control, para intentar ayudarnos, nos daba un punto directo de salida, pero preferimos completar el patrón de salida porque el paisaje es tan espectacular que no nos lo queríamos perder”, asegura Enrique Piñeyro.

Y no solo el paisaje. El teatro de Centro Niemeyer le pareció “maravilloso, de los mejores que he conocido”, y repasa el nombre de hotel en el que se alojaron él y su equipo y los restaurantes donde comieron y bebieron sidra en Avilés. “En cuanto encuentre una excusa, volveré”, aseguró Piñeyro.

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