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¡Pobre España...!

La estupidez simplista y vana que abarrota la calle

Estaba yo estos días de tanto suceso diario entre meditativo e insinuante, contemplando el desguace de España cuándo, de repente, orienté mis pesquisas hacia el "carajal" social-comunista que ya tenemos encima.

Siempre me ha motivado indagar la simpleza humana dado que la misma nos lleva directos al descalabro presente. Si somos observantes del gran tejemaneje que nos depara la vida, podríamos certificar la fotografía de nuestra candidez. La vida es un cabreo por etapas ya desde el primer latido urbano cuando, porfiadamente, tu cabeza empieza a abandonar el útero materno y se desliza hacia el alumbramiento donde las credenciales físicas de tu morfología van a jugar un papel preponderante en tu futuro. Puedes emerger a la vida entre otras lindezas, siendo alto o bajo, agraciado o feo, inteligente o zote, aparte de tonto, tontorrón o tonto de por vida. ¡Sí, ya sé qué dirás que, todo lo expuesto, hasta ahora, es una chorrada! Pero imagínate con una altura considerable y físicamente bien dotado (tanto, en masculino como en femenino). Y si a en esto le añades un pasotismo extremo, cualidad que alberga con avaricia nuestro presidente del Gobierno actual, (Rajoy, no le iba a la zaga). ¡Vaya dos!, este "bagaje de plus" te proporciona una desmedida ventaja en este juego de pasiones que es la vida actual. Hoy, los ideales de grandeza espiritual, caridad, honradez, respeto u orden... han perdido fuelle. Los partidos políticos, así como los "gurús de obra" (monopolios) las han asfixiado.

La estupidez simplista y vana ha abarrotado la calle. Sólo hay que observar esa gran pasarela de asfalto y, ese escaparate humano parecido a un Belén viviente donde el análisis ocular es pura pedagogía que enseña e ilustra a la vez. Mi diagnóstico puede no ser compartido, es lógico, todo depende de la melodía del trino. Pero está filmado por la cámara fotográfica de la vida y cuyo flash, en su destello, nos alumbra no un paisaje de rosas, sino un antiestético comportamiento.

Algunas personas, cuando llevamos un recorrido largo en la existencia de vida, (en mi caso 1931), quedamos impregnadas de una especie de huellas digitales que conforman un mapa identificador. En este mapa la película de la que fuimos intérpretes nos va informando, con meridiana claridad, la complejidad del discurrir existencial donde, abrazado a nuestro tronco, crece una extensa parte de la sociedad narcotizada y manipulada. También, puede ser, qué mi visión no sea tan optimista como la pretendida por los acólitos del 'pesebre' político. La manipulación no puede tener acomodo en una demogracía pulcra: sólo en un país bananero, déspota y arrogante, cabe esta maldad. Ahora España, abrazada por el pertinaz entreguismo del presidente del Gobierno con el comunismo de Podemos, e introducido él mismo, en el CNI el caos entra en bandeja de plata.

Las democracias de cartón piedra, donde descansa la nuestra, son el fruto de electores -en gran porcentaje- , simples y faltos de rigor político que admiten las milongas de sus respectivos partidos. Ahí está, altanera y majestuosa la ley de Memoria Histórica, fiel producto de lavado cerebral e insulto a la inteligencia de una izquierda de olfato restringido (sobre todo, para los que hemos padecido la contienda Civil), pertenezco a aquella generación llamados "niños de la guerra" pisando ya el umbral de los 90 años. Mientras tanto, el nefasto Zapatero, artífice del 'invento', se recrea con su renta vitalicia por los siglos de los siglos. ¡Amén! Las leyes dependen del laboratorio dónde se elaboran. No son divinas. Y si el laboratorio, no está desinfectado, la ley se corrompe, se altera y se desangra.

Sin creerme un virtuoso predicador puedo decir, que la vida nos la marca el entorno, lo que ves, lo que has visto, lo que escuchas... Lo que ves y lo que circula te arrolla: es una existencia nueva difusa y marginal para los de mi edad. Los años que uno cabalga invitan a la comparación con el presente y el análisis alarga el interrogante ¿Son éstos los años felices? No lo creo; la felicidad es fugaz aparece y desaparece. Es decir, se recrea en espacios puntuales y , el resto, son cicatrices que te acompañan para siempre... Las cicatrices deforman tu estructura física y mental. Si piensas, (condicionante muy ilustrativo) verás como la mente humana está subyugada por los grandes gurús de obra que acaparan todos los espacios del poder. Tú eres sólo la harina de ese pan gigantesco de cada día; la masa necesaria para que funcione el obrador. En este horno crematorio tú ya eres un cadáver con respiración y voluntad de pensamiento teledirigido; así como con número identificativo. Reflexiona tú mismo y verás la brújula equivocada de una mayoría egocéntrica que lo arrasa todo. Son legión, puntuales a la cita de la borreguez masiva, con las ideas rotas que son fiel reflejo de pertinaz ceguera y, por consiguiente, capacidades disminuidas. En este terreno sombrío y dirigido te tienes que desarrollar; si abandonas las normas serás absorbido, marcado y vituperado. No hay salida posible; lo obvio, lo claro y preciso, carece de sustento y, sus cimientos, acusan las sacudidas de lo deforme y vejatorio.

Como colofón, tes brindo una máxima de Sócrates, el filósofo griego, que no tiene desperdicio. Dice así : "El voto no puede regalarse a los tontos o faltos de conocimiento, pues, es demasiado el peligro que ello entraña.

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