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Carmen Nuevo

La espinera

Carmen Nuevo Fernández

Escritora

Esta esperanza no miente

Silencios que hablan de cuánto nos queremos

Jamás pensamos que a pesar del frío y de los ojos lacrimosos, solo pudiésemos concebir abrazos a través de ventanas.

Jamás pensamos que a pesar del sonido morado del crepitante mar, no obtuviésemos más respuesta que un silencio que nos habla de cuánto nos queremos.

Jamás pensamos, a pesar del viento, las bufandas y las calles nevadas, que solo podríamos cobijarnos en nuestro propio calor de hoguera solitaria.

Jamás pensamos que, a pesar de los arcoíris brillantes que pueblan el cielo de nuestra imaginación, los pájaros tornasolados habitasen en las regiones más grises, en aquellas que no se les oye ni cantar.

Jamás pensamos que las alegres campanas de cobre que convocaban las bolas más rojas de nieve, trasmutasen a la alquimia de la oscuridad como pensamientos encriptados y malditos.

Jamás pensamos que nuestro norte rutilante y estacional repleto de tazas de té, nunca supiese cuándo poder alcanzar ese sur azulado y lumínico repleto de dulces caricias de corazones de niños, de tu mano sobre la mía cruzando túneles en los parque de atracciones, de tu seguridad tan insegura, de tu fortaleza amparada siempre en la debilidad.

Y aunque interminables transcurran los días, contemplo tu imagen en blanco y negro, las perlas sobre tu cuello, tus ojos soñadores que son los míos, porque nada podría haber sido sin ti. Sin ti, nunca, nada.

Y aunque interminables transcurran los días, con tus breves frases tras el teléfono, flotan ligeros los instantes como globos de colores que curan las heridas, que abren las lóbregas puertas de la casa, que bautizan de nuevo los geranios que tú riegas de color.

Y aunque interminables transcurran los días, todo florece como ventanas iluminadas que guían en la lejanía a los caminantes extraviados y sentimos las caricias de los gatos en nuestras piernas y jugamos al Juego de la Oca protegidos por las lámparas a medio gas.

Y aunque interminables transcurran los días en simbiosis con el musgo más verde y oscuro y duelan los tejados de las casas por el frío y la humedad y los frutos caigan temblorosos e inservibles a nuestro lado como las flores más tiernas, podremos recomponer todos esos mapas que nos han distanciado y coser tanta mutilación de tristeza en una ligera sonrisa de ahora ya sí, ahora ya sí, para siempre.

Porque confío en que el reflejo de tanta nieve sea la constatación de que esta esperanza no miente y que el verde reverbere, a pesar de la mueca helada del dolor.

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