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Francisco Sánchez

Vita brevis

Francisco Sánchez

Aprovechando el bicho chino

La ruina de pequeños comercios y negocios de hostelería como consecuencia de la pandemia

Tengo que reconocerles que esto del bicho chino da mucho juego. En primer lugar a servidor de ustedes, porque es una frondosa fuente de inspiración para escribir con soltura ante la infinitud de órdenes y disposiciones grotescas que emiten absurdamente los poderes públicos, ante la inacabable sarta de tonterías que dicen los presuntos expertos, ante el ridículo comportamiento de las gentes aterradas por la catarata machacona de malos presagios que anuncian diariamente los medios audiovisuales.

Naturalmente que no es cosa exclusiva mía, ni mucho menos. Son multitud las personas para las que este asunto les ilumina y esa bombilla encendida les permite crear ingeniosos escritos, dibujos y grabaciones, que lanzan a las redes sociales, donde se propagan con vertiginosa velocidad para contentamiento de sus receptores.

Pero la verdad es que a quienes da más juego el bichejo chino es a las grandes empresas multinacionales. Ya escribió Vladimir Ilich Ulianov “Lenin”, en un folleto titulado “El imperialismo, fase superior del capitalismo”, que el capitalismo se trocó en imperialismo capitalista cuando llegó a un estadio muy alto de su desarrollo. Este razonamiento lo expuso allá por 1916, en Zurich, en ese folleto, cuando aún comenzaba apenas a esbozarse ese estadio superior del capitalismo, que sólo vería reforzarse después de la II Guerra Mundial, que es cuando se expandieron las grandes empresas multinacionales, acumulando sin cesar mercados por todo el mundo y absorbiendo competidores más pequeños. Cuando, de repente, llegó el diminuto murcielaguillo chino y las grandes empresas del capitalismo imperialista se frotaron las manos. ¡Vaya chollo!

Hay algunos, a los que llaman negacionistas, que piensan que no existe el virus ése, lo que parece contradictorio con la tozuda realidad de que efectivamente hay gente que se muere por su causa, incluso hasta obispos. Otros no niegan su existencia, pero creen que es un bicho de laboratorio que han lanzado por ahí o que se les ha escapado a dar una vuelta. No participo de esas elucubraciones, pero sí que están aprovechando su existencia los grandes monopolios con la inestimable ayuda de unos políticos desnortados, cuando no ágrafos.

Es que resulta innegable que las medidas adoptadas por los políticos para frenar el bicho chino están consiguiendo que se arruinen y desaparezcan multitud de pequeños negocios de todo tipo y, especialmente, los de las guisanderas, los chigreros y los tenderos del barrio. Así, los grandes emporios capitalistas no tendrán necesidad de absorber esos pequeños negocios, habiéndose eliminado ya su competencia, con lo que acapararán todo el mercado que abastecían.

Me temo que hasta que no se alcance ese estadio de acumulación imperialista tendremos que soportar medidas de politiquillos, que creen y dicen que las adoptan para frenar la expansión del virus y que, en realidad, sirven para expandir el poder de las multinacionales, que bien parece que son sus comisionistas o testaferros.

Pues, sí, todo indica que tendremos restringidos nuestros derechos fundamentales hasta que, en lugar de quedar para almorzar o cenar en una sidrería o en una casa de comidas, no tengamos más remedio que ir a comer unas hamburguesas, unas pizzas, unos nachos o unos muslos de pollo refritos en alguno de eso establecimientos tan conocidos que hay desde California hasta Hong-Kon, desde Noruega hasta Bangkok. Así será hasta que tengamos que comprarlo todo por Internet y que nos lo lleven a casa desde esos gigantescos almacenes que tienen las tiendas multinacionales virtuales, sean unos chorizos, un reloj, unas almohadas o unas bragas.

Paciencia, amigos, que cada día que pasa está más cerca la llegada de la fase superior el capitalismo, con esa guarrería de comidas y comprando cosas sin probarlas ni verlas corporalmente. Quién le iba a decir a Lenin que la fase superior del capitalismo llegaría a su plenitud aprovechando que anda un bicho chino diminuto por ahí.

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