Opinión | Crítica / Teatro

Extranjero sin madre

La sala club aplaude una experiencia de teatro participativo de pase ligero

Hace años leí "El extranjero". Se trata de una novela pionera –de su autor, de Albert Camus, y del mundo que se avecinaba: el del peligro de las bombas, el de la insipidez de la vida–. Mersault confiesa en la primera frase de la novela que hoy ha muerto mamá "o a lo mejor fue ayer". Con sólo eso, con sólo su indiferencia por un dato que una persona con sentido común no habría dudado en revelar sin problema, convirtió la novela en ejemplo preclaro de la indiferencia occidental: se pasa por la vida porque la vida está para ser pasada. Existencialismo postbélico antes de que la guerra hubiera acabado. Esta novela –un clasicazo de tal tamaño que ha vivido y revivido a lo largo de los ochenta años largos que consume su existencia– parecía que había inventado cierto presente: la realidad no merece la pena.

Sobre este planteamiento la compañía "In Dubio" compone "Juicio al extranjero", que se vio el viernes en la sala club del Niemeyer para sorpresa del personal que se acercó al espacio escénico porque estos de "In Dubio" montan un espectáculo a partir de que en la novela empieza el juicio, dejan atrás los hechos que "el extranjero" ha ido relatando como si nada. Sólo importa el juicio. Y para llevar a cabo la vista echan mano de los espectadores: sortean los roles que ha de desempeñar el público convencido: el juez, el fiscal, Mersault... Y todo, a la vista del respetable, que, entretenido en la cocina del montaje, no termina de discernir su razón de ser, ni la de la jueza, ni la del señor Mersault. Teatro participativo lo llaman. Con base clásica. Con voto popular. "Juicio al extranjero" parece más un experimento, un juego de rol, que un espectáculo en plan caverna de Platón. Eché de menos a la madre. O a su ausencia. O a la ausencia de todo eso que convirtió a los occidentales en heridos atómicos para siempre. Eché de menos.