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La Marina de Villaviciosa conserva los pozos de agua: “Son nuestro patrimonio”

Muchas construcciones, algunas con más de un siglo de antigüedad, siguen siendo utilizadas por los vecinos para regar huertos o limpiar

Rosa Palacio y Adriano Ordiales, ante su pozo de agua. | V. A.

Los pozos de agua abastecieron durante el siglo pasado a la mayor parte de las casas de los pueblos de la Marina de Villaviciosa, donde todavía se conservan hoy algunos con más de cien años de antigüedad. Unas construcciones que se preparaban a mano, con una profundidad que solía estar entre los cuatro y los diez metros o hasta que se encontraba el agua subterránea. Su diámetro interior era de alrededor de cien centímetros y en la zona alta se colocaba una pieza redonda de madera o piedra, sobre la que se ponía un arco metálico donde se instalaba la roldana con una cadena para extraer el agua con un cubo o balde de latón. La tapadera servía, además, para que no cayeran al pozo suciedad, aves o algún animal nocturno.

“Había pozos en casi todas las casas”, rememora Corsino Tuero, de 95 años y vecino de Argüeru

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Corsino Tuero Fernández, Mino de Argüeru, recuerda ahora con 95 años de edad que su padre, Arsenio Tuero, y su madre, Generosa Fernández, hicieron el pozo de agua en el barrio de Manzanedo en el año 1932. “Era una necesidad para las viviendas en las aldeas cuando todavía no había traída de aguas y había que ir a buscarla a las fuentes. Nuestro pozo lo hicieron entre mi padre, un tío y dos vecinos, excavando a pico y pala y con las piedras que trajeron unos carreteros. Tenía una profundidad de cinco metros y tuvieron que sacar la tierra y las piedras en un ‘paxu’ que con unas cuerdas se amarraba a las vacas para poder subir los escombros”, explica Mino sobre el gran trabajo manual que precisaba la construcción de los pozos con los pocos medios de la época. También recuerda como para el “ramu” de la conclusión de los trabajos se hacía una pequeña celebración a base de una merienda popular regada con sidra.

Mino Tuero echa la vista atrás y afirma que en aquel entonces, hace ya muchas décadas, era la forma que había de tener agua para el servicio de la vivienda, lavar la ropa o dar de beber a los animales. También rememora cómo se llevaba agua a casa para lavarse. “Además de mis padres, nosotros éramos cinco hermanos y nos lavábamos todos en un mismo barcal grande o en una palangana. Yo los fines de semana aprovechaba para lavarme en el lavadero junto al pozo porque me prestaba mucho, aunque una vez encontré un perrín muerto dentro que se había caído y ahogado. En 1965 hicimos nuestra casa nueva y ya pusimos traída de agua”, dice este veterano vecino de Argüeru sobre lo que supuso un gran adelanto para la zona rural maliayesa a mediados del siglo pasado.

Corsino Tuero. | V. A.

Cantero de profesión, desde los 16 años fue aprendiendo el oficio de su padre, llegando a hacer trabajos en la Universidad Laboral o como “maestru canteru” en el monasterio de Valdediós, y haciendo o rematando numerosos pozos. “Hicimos más de un centenar en casas, cuadras y llagares por toda la Marina y Tazones. También revestimos de piedra todos los pozos de Argüeru y más de medio centenar por otras parroquias. Recuerdo que había pozos en casi todas las casas y que en la mayoría de los sitios era fácil encontrar agua”, asegura Tuero, quien destaca que a su hijo y a sus nietos les gusta seguir utilizando el agua de este pozo para regar la huerta.

También en la mariñana Casa Inés de Paulo de esta parroquia maliayesa, Adriano Ordieres (Pichi), de 90 años, y Rosa Palacio, de 85, cuentan con un pozo familiar con más de un siglo de antigüedad. Fue construido en el año 1901 por Paulino Villalibre. “Se hacían junto a las viviendas por la necesidad de facilitar su uso para la casa. Justo al lado se ponía el bebedero, generalmente de una sola piedra para que bebiera el ganado, y un lavadero con dos piedras para que pudieran lavar dos mujeres a la vez. Nuestro pozo tiene ocho metros de profundidad y nunca se secó. Sigue funcionando, aunque ahora con una bomba de agua. Lo seguimos utilizando para riego o para la limpieza del patio”, detallan Adriano y Rosa sobre un pozo que ahora decora el jardín de la casa familiar como una estampa típica mariñana.

Pedro Figaredo, junto a otro de los pozos de la Marina.

Tanto Mino como Adriano y Rosa están convencidos de que estos pozos de agua son “auténticos símbolos de nuestro medio rural y de los pueblos mariñanos de Villaviciosa”. “Se trata de piezas para conservar de nuestro patrimonio popular”, subrayan los vecinos.

En la actualidad, muchos de estos pozos ubicados en las parroquias maliayesas de la costa occidental del municipio siguen teniendo agua, si bien parte de ellos ha acabado por caer en desuso. Pese a ello, la mayoría siguen estando bien conservados por sus dueños, como recuerdo y memoria del esfuerzo que hicieron en su construcción los antepasados para cubrir las necesidades de agua en el siglo pasado en toda la Marina de Villaviciosa.

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