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Severino Canal Blanco

Protagonista en el Movimiento Rural Católico

Siguen existiendo, pero los movimientos apostólicos de la Acción Católica no tienen la vitalidad evangélica y social, incluso política con letras mayúsculas, que han tenido en las décadas 50-90. Tuvieron importancia e influencia en el “pre” y en el cambio de la transición. He visto varios estudios universitarios sobre análisis social de esa etapa importante de la historia española que así se los reconoce. Incluso, hubo militantes que por compromiso apostólico, se lanzaron al compromiso político y jugaron un papel brillante. Los movimientos apostólicos sufrieron una crisis y una incomprensión de la jerarquía por preocuparse más de la ortopraxis que de la ortodoxia que, en situaciones sociopolíticas, a veces no son difíciles de conciliar. Muchos de ellos, con años a la espalda pero con nostalgia en el corazón de aquellos años y aquella metodología educativa de “ver, juzgar y actuar”, les gustaría oír lo que ahora, para sorpresa de unos y aplauso de otros, dice el papa Francisco: “Necesitamos laicos que se arriesguen, que se ensucien, que no tengan miedo a equivocarse. Necesitamos laicos con visión de futuro…” Con una inyección como esta, la crisis hubiera tenido un mejor pronóstico. El laicado sigue siendo la gran espera y esperanza de la Iglesia, ¿cuándo dejaremos despertar ese gigante dormido?

Uno de estos movimientos apostólicos es el Movimiento Rural Cristiano, conocido también por las siglas JARC, que veo y leo activo en varias diócesis españolas. En Asturias ha tenido una gran influencia en el despertar social del mundo rural, en su asociacionismo y sindicalismo para reivindicar sus derechos, su dignidad y su conciencia de trabajadores que cuentan en la vida laboral.

En Asturias tiene muchos nombres. Uno, el de Cristino, el cura que fue de Hevia en Siero, su iniciador. Hizo de Hevia una parroquia piloto y una escuela de militantes de alta talla y estableció por toda la diócesis bases para este apostolado en lugares estratégicos. Otro, un seglar, a quien se le debe un merecido reconocimiento, Alberto Cotarelo, oriundo de Taramundi, y que dedicó toda su vida a la defensa y progreso de la campo. Y otro más, ha sido Severino Canal, que se nos acaba de ir, con achaques pero inesperadamente. Él mantuvo la antorcha encendida de la JARC hasta que se fue extinguiendo, entre otras cosa porque el campo astur se ha ido vaciando devorada por la atracción industrial y la escasa natalidad. Su muerte es ya el epilogo de la JARC.

El funeral por Severino Canal, ayer, en la parroquia de Fano. | Ángel González

El funeral por Severino Canal, ayer, en la parroquia de Fano. | Ángel González

Severino había nacido en Fano, un pueblín en los bellísimos alrededores de Gijón, lindando con Siero, el 18 de enero de 1938. Su párroco fue D. Belarmino, un cura somedano, simpático, jugador de tresillo y tute con sus compañeros de al lado en domingos por la tarde, fiestas y funerales, D. Servando, D. Dionisio el de Vega, D. Rafael de Cabueñes y D. José Manuel el de Caldones, de los que se cuentan mil anécdotas. Estuvo en esa parroquia nada menos que 72 años y llegó a centenario.

Por su influencia, Severino, aquel chavalín regordete y de piernas cortas fue al seminario, donde destacó por su bondad inteligencia y piedad. Quién lo diría años más tarde con su naturaleza obesa, como Aquiles “el de los pies ligeros”, era un campeón en 100 metros lisos y en relevos en las olimpiadas que allí se organizaban. Ya en el Prau Picón manifestó su vocación y pasión por la vida rural.

Recibió la ordenación sacerdotal el 30 de marzo de 1963 y fue destinado de coadjutor a Pola de Laviana, encargándole D. Gerardo, el párroco preferentemente del barrio de Carrio. Eran aquellos tiempos del “agere contra”, si te gustaba el monte te daban el mar, si te gustaba la costa ibas a la cuenca minera.

Dos años después, en 1965, ya se le encomendó la viceconsiliaria de la JARC, pasando a ser coadjutor de Hevia. Desde entonces ésta será su misión y su preferencia que marcaría su vida sacerdotal. Buen analista de las situaciones, concienzudo y un poco lento para las acciones en marcha, pero seguro. Pero sería Argüero y las parroquias de Les Mariñes, zona rica agrícola y ganadera, y de azabache, la que será su base de operaciones. Allí vivirá como un vecino más, querido por sus feligreses, atento a sus necesidades, echando una mano cuando lo necesiten… viendo y sufriendo que lo rural asturiano se va quedando apocado, diezmando las producciones agrícola-ganaderas. Regentó 42 años ese lugar hasta que su salud muy quebrantada por un accidente con secuelas y un coma diabético le obligaron a retirarse en mayo de 2011 a la Casa Sacerdotal.

Esta epidemia asoladora y la facilidad para el teletrabajo, ¿hará que volvamos a desear y disfrutar de la vida en el campo más social y personal? Incógnita a despejar. La belleza de Asturias entonces podría seducir y encandilar. Que Severino, apóstol del campo, interceda para que ello sea realidad.

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