La Carinsa, 60 años de luto e incógnitas
Ocho trabajadores perdieron la vida en una explosión de grisú cuyo origen nunca llegó a concretarse, pese a la investigación realizada

El ministro Sáez Orrio, en el funeral por una de las víctimas. / REPRODUCCIÓN DE LEONCIO CAMPORRO
Moreda (Aller), Leoncio CAMPORRO
Tal día como ayer, pero hace seis décadas, el concejo de Aller vivía uno de tantos funestos momentos en el sector del carbón. Las entrañas de la tierra decidían cobrarse ese tributo en forma de vidas por aquellos que arrancaban de sus paredes el negro mineral que hoy está tan defenestrado y que por entonces suponía un maná energético. El 16 de junio de 1958, al filo del mediodía, una explosión de grisú que tuvo lugar en el grupo minero de La Carinsa, perteneciente a la Sociedad Hullera Española, segaba la vida de ocho trabajadores: Manuel Prado Rodríguez, Secundino Baizán Ordóñez, Benigno Fernández Álvarez, Gerardo García Gutiérrez, Manuel González Castañón, Marcelino Baizán González, Pagerio Méndez Muñiz y José Antonio García Baizán.
Siete de aquellos mineros morían en el acto, a causa de las explosión. Otro se debatió durante un día entre la vida y la muerte en el sanatorio de Bustiello. Finalmente, la gravedad de las heridas pudieron con su vida. Varios de sus compañeros también resultaron heridos por la explosión y fueron atendidos en los exteriores de la mina allerana por los servicios médicos.

La Carinsa, 60 años de luto e incógnitas
Hoy, cuando se cumplen seis décadas de la fatídica fecha, el origen del accidente la mina Coto Bello del grupo La Carinsa, sigue siendo una incógnita. En aquel momento, las investigaciones que llevaron a cago los ingenieros de Jefatura de Minas de Asturias no aportaron un veredicto diáfano y concluyente. Quizá el verdadero origen de la explosión haya quedado sepultado junto a aquellos ocho trabajadores que perdieron la vida en un accidente que sacudió a todo el concejo de Aller, sembrando dolor y dejando huérfanas a varias familias humildes de Bello o Collanzo, entre otras localidades,
El propio ministro de Trabajo de la época, Fermín Saéz Orrio, se interesó por lo sucedido. Los directivos de la empresa, entre otras pruebas de la catástrofe, mostraron al Ministro la lámpara número 117 que, seccionada en dos partes, daba fiel imagen de la tragedia vivida. La decisión final tras la investigación fue que las posibles irregularidades o negligencias fuesen penadas con quinientas pesetas a la empresa. Las familias afectadas por el fallecimiento de los mineros recibieron 5.000 pesetas, en el caso de las esposas e hijos de los casados. Mientras, los padres de los solteros recibirían 4.000 pesetas.

La Carinsa, 60 años de luto e incógnitas
En aquellos años, la minería era casi artesanal. Los medios eran escasos, especialmente en la detección del grisú, un gas que arrebató numerosas vidas en la mina, tanto en las de montaña, como en los pozos subterráneos. Los detectores del gas de la época eran ciertamente rudimentarios. Los mineros entraban en los pozos con pájaros enjaulados, que cuando tenían problemas para respirar o morían, eran la señal de que en la zona había grisú y corrían riesgo de explosión o intoxicación.
Tampoco aportaba la mayor de la seguridades las lámparas de gasolina, ya que aunque salían verificadas de las lampisterías, cualquier pequeño golpe en el tajo o en el camino hacia el mismo podían romper el dispositivo, haciendo que la llama, en contacto con el gas, fuese letal. De hecho, hace tres décadas, tras muchos informes, se decidió prohibir este tipo de lámparas para tratar de minimizar el riesgo de accidentes mineros por explosiones del temido grisú.
Años después de aquel accidente, el grupo La Carinsa se integró finalmente en Hunosa. Después de aquello, se convirtió en una explotación a cielo abierto de la que durante años se extrajeron miles de toneladas de carbón.
Como algunas minas similares, La Carinsa puede disfrutar hoy de una segunda vida. Una vez restaurada, puede convertirse en una superficie susceptible de albergar algún proyecto para el desarrollo turístico y ganadero de Aller.
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