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Una bandera para evitar el “fuego amigo”

La enseña rojigualda, que forma parte de una exposición que puede verse en Sama, fue instaurada por Carlos III en 1785 para que sus navíos se reconocieran mejor en la batalla

Exposición de banderas en la Casa de Cultura de Sama

Exposición de banderas en la Casa de Cultura de Sama

Una bandera para evitar el “fuego amigo”

Una bandera para evitar el “fuego amigo”

Una bandera para evitar el “fuego amigo”

Una bandera para evitar el “fuego amigo”

El nacimiento de la bandera española, conocida popularmente como la “rojigualda”, se gestó durante el reinado de Carlos III. Ondeó por primera vez el 28 de mayo de 1785, si bien no fue hasta 1843 cuando la reina Isabel II la instauró como bandera nacional española. La enseña adoptó su actual diseño y colores por un motivo funcional. La finalidad era, en esencia, evitar que nuestros barcos se disparasen entre ellos por una mala identificación del blasón. Se buscaba evitar el llamado “fuego amigo”.

A quien le interese la crónica de las banderas españolas tiene la oportunidad de profundizar en ello gracias a la exposición “Banderas históricas de España”, que hasta el sábado puede visitarse en la Casa de Cultura Escuelas Dorado de Sama. Después pasará por Mieres. El comandante Jesús Pina Rodríguez es el comisario de la muestra. Él mismo explica el origen de la “rojigualda”. Las banderas dinásticas eran básicamente soporte para las armas reales, casi siempre en fondo blanco. “Por tanto, a distancia se distinguían bastante mal, sobre todo en la niebla o entre el humo de la pólvora. Problema grave en el campo de batalla”. Para prevenir el “fuego amigo”, Carlos III convocó un concurso de modelos que organizó el secretario de marina Valdés Bazán, oriundo de Candamo (su casa paterna es hoy la Casa de la Cultura). “Las doce propuestas presentadas llevaban los colores rojo y oro, ya que no sólo eran los más vistosos, sino que estaban muy presentes en las banderas de Castilla y Aragón”. Pina Rodríguez subraya que la actual composición “fue la señalada para la Armada, la marina mercante tuvo una variante con cinco franjas”. El ejército siguió con la bandera anterior. “En 1843, finalizada la primera Guerra Carlista, y en un momento en el que lo nacional se vio reforzado por lo emocional del romanticismo, Isabel II decretó la bandera que conocemos, aunque todavía conservó la Cruz de Borgoña”.

La historia de la bandera española entronca con el legado de los Reyes Católicos. Jesús Pina Rodríguez destaca el emblema de Isabel y Fernando “por ser a la vez resumen de la Reconquista y madre del actual escudo nacional”. Señala que “los Reyes Católicos, en línea con las corrientes del Renacimiento, fueron los creadores del primer estado moderno de Europa”.

El comisario de la exposición destaca otras banderas. Cita una de los Austrias, otra borbona, la republicana por su singularidad, y la actual. “De los Austrias la referencia es el águila bicéfala imperial, siempre impresionante, que corresponde a Carlos V. Es excepcional en toda la historia de nuestra monarquía, recogiendo en la mitad superior las armas de España y, en la inferior, su herencia paterna de Borgoña y Austria”. Del siglo XVIII escoge la bandera “coronela” del regimiento Real de Artillería creada en 1710, primera de la dinastía de Fernando VI: “Desde este momento se van diferenciar por los remates en sus cuatro puntas. Las banderas sencillas conservarán las aspas de Borgoña y las coronelas el Toisón, con las variaciones específicas de las posesiones de cada Rey”.

Jesús Pina Rodríguez también identifica algunas de las banderas destacables por su formato y la intrahistoria que haya sobre ellas, incluida alguna peculiaridad: “Se puede señalar la bandera de una compañía de los tercios, con las aspas sobre ajedrezado albiceleste, pese a su relativa sobriedad respecto a los escudos bordados”. Es la que recoge Velázquez en su célebre cuadro de “La rendición de Breda”, escena muy bien documentada: “Su yerno estuvo en ella junto al victorioso y magnánimo Spínola y se la relató con todo detalle al genial pintor. No es casualidad que también la escoja Pérez-Reverte para su Alatriste”. Además, el militar que está al frente de la muestra también hace un paréntesis con las “banderas” de caballería: “Por necesidad de menor tamaño no se llaman así, sino estandartes. Tanto la cola partida de los dragones, como el precioso bordado de la de los húsares, merecen nuestra atención”.

En Mieres

La colección, que próximamente se trasladará a Mieres, pertenece al Instituto de Historia y Cultura Militar, el organismo del Ejército de Tierra que se ocupa de este legado y cuyo máximo exponente es el Museo del Ejército del Alcázar de Toledo. La exposición conmemora el 175.º aniversario del decreto del 13 de octubre de 1843 que completó el “largo y complejo proceso que transformó el Ejército español de ‘real’ en ‘nacional’”. “Su final fue la sustitución de las antiguas enseñas ‘reales’ de colorido variado (blanco, azul, rojo o morado) por las enseñas ‘nacionales’ rojas, amarillas y rojas. Son 21 banderas, a las que en Asturias las asociaciones de recreadores han complementado con maniquís uniformados de diversas épocas.

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