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Así era el Morcín del siglo XVIII

Una investigación del historiador José Martínez Balbuena, basada en el Catastro de Ensenada, permite conocer cómo se vivía en el año 1752

José Martínez Balbuena, con su trabajo de fin de grado. | M. López

José Martínez Balbuena, con su trabajo de fin de grado. | M. López

A José Martínez Balbuena (Oviedo, 1998) unos le llaman “Pepe”, otros “Pepín” y la mayoría le conocen por ser hijo de Laude Martínez, popular presentador de la TPA. Sin embargo, muy pocos son sabedores de la faceta investigadora de este joven que ha dedicado muchas horas a indagar en la historia del concejo de sus ancestros, afición que despertó de niño tras descubrir en la casa de sus bisabuelos, en Busloñe (Morcín), una antigua lata de metal repleta de fotografías familiares de sus antepasados.

Este ovetense finalizó en febrero el trabajo fin de grado “El concejo de Morcín a mediados del siglo XVIII”, publicado bajo la tutoría del profesor Fernando Manzano Ledesma. El joven, graduado en Historia, comenzará en septiembre el máster en Formación del Profesorado para poder ejercer en un futuro como docente de Educación Secundaria.

La motivación para esta investigación le surgió al estudiar en tercer curso de carrera la asignatura “Europa en la Ilustración”, impartida por Fernando Manzano, y observar que en el Catastro del Marqués de Ensenada, realizado en los territorios de la Corona de Castilla entre 1750 y 1756, aparecía reflejada abundante información sobre el concejo de Morcín.

El citado catastro pretendía reformar el complejo sistema fiscal castellano y registrar los bienes raíces (casas y tierras) así como las rentas de sus habitantes.

“Para configurar el catastro se realizó un formulario homogéneo de cuarenta preguntas y el conocimiento de las respuestas nos permiten conocer hoy como era el modo de vida del concejo de Morcín a mediados del siglo XVIII”, afirma este joven historiador.

El trabajo de campo en Morcín fue realizado el martes 23 de mayo de 1752 por el subdelegado del catastro Antonio Morán Valdés en la casa del maestro ubicada en el pueblo de Villar, perteneciente a la localidad de Castandiello, entonces capital del concejo. Un mes antes, el lunes 24 de abril, el mismo subdelegado fue el encargado de realizar las entrevistas en el Coto de Peñerudes, territorio que en aquella época no estaba integrado en el concejo.

Cabe reseñar que Morcín alcanza su independencia como municipio el 12 de diciembre de 1579 tras disgregarse de la Mitra Obispal ovetense, en tiempos de Felipe II gracias a la bula de Gregorio XIII, cuando los terrenos son adquiridos por los propios vecinos por 645.867,5 maravedíes y pasa a denominarse entonces “Villa y concejo de Morzín”, estableciendo su capitalidad en La Pola de Castandiello.

Sin embargo, el Coto de Peñerudes quedaría fuera de esa adquisición y seguirá siendo independiente bajo la propiedad de Joseph Argüelles Quiñones y sus descendientes hasta 1827, fecha en la que se integra de forma definitiva en el municipio coincidiendo con la disolución del régimen señorial. Este coto, privativo por concesión real, era propiedad del recaudador perpetuo de la ciudad de Oviedo y quienes vivían en él no le pagaban ningún tipo de tributo pero estaban obligados a mantener una relación de vasallaje.

Cuando se realiza el catastro de Ensenada en 1752, el concejo de Morcín, situado en la médula de Asturias, tenía muy malas comunicaciones, distaba de Oeste a Poniente una legua (5.572 metros), lo mismo que de Norte a Sur, y de circunferencia tenía tres horas, una por legua. El Coto de Peñerudes, mucho más reducido, distaba medía legua de Oriente a Este y otra media de Norte a Sur, y de circunferencia una hora y cuarto por una legua.

La población del municipio la integraban 402 vecinos (80 viudos) que habitaban 306 casas y había otras 25 edificaciones en estado de ruina. En el Coto de Peñerudes había 32 vecinos (8 viudos) que habitaban 32 casas y 8 de ellos eran pobres de solemnidad.

En cuanto a la estructura profesional del municipio cabe señalar que había sólo dos tabernas en Villar y La Carrera, 3 fabricantes de carros, 7 madreñeros, 6 mamposteros, 9 sastres, 4 escribanos, 12 arrieros, 7 carpinteros, 4 herreros y 11 tejedoras de lino y lana. En Peñerudes, otra taberna y 8 arrieros más.

La curia eclesiástica estaba integrada por 5 clérigos, presbíteros, mercenarios y 3 curas párrocos en Argame, La Foz y Santa Eulalia, a la que pertenecían las hijuelas de San Esteban y San Sebastián. En Peñerudes, otro clérigo: Antonio Argüelles Quiñones, hermano del propietario del coto.

Morcín alcanza su independencia en diciembre de 1579 tras salir de la Mitra Obispal ovetense

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La relación de artefactos la componían 34 molinos harineros, gran parte de ellos gestionados por mujeres, y 39 molinos de mano, llamados hoy de rabil, utilizados para deshacer la escanda. Asimismo, en La Foz había instalados 3 molares batanes junto al río. En Peñerudes, 5 molinos harineros.

El espacio de aprovechamiento agrícola del concejo era una superficie de 24.411 días de bueyes de las que cinco mil se dedicaban a la sembradura, cuatro mil a prados para pastos y seis mil eran peñas y puertos que correspondían a La Magdalena (El Monsacro) y el Aramo. El resto eran matorrales y tierras incultas. La superficie agrícola de Peñerudes la integraban cuatro mil días de bueyes.

En el municipio se produce abundante pan, trigo, maíz y habas. En el pueblo de Peñanes, perteneciente a la parroquia de San Esteban, se produce la famosa escanda con la que se elabora “el legítimo y sin rival” Pan de Morcín. Las parroquias de Peñerudes, La Piñera y San Sebastián poseen abundante suelo cultivable muy productivo y con mucho y próspero arbolado. Los frutales más abundantes en el concejo son los manzanos, perales, nogales, higueras, avellanos, castaños, cerezos, guindos, ciruelos y melocotoneros. Entre los árboles no frutales destacan los robles, hayas y fresnos, que coexisten con especies típicas como tejos y acebos así como con abundantes hierbas medicinales. Cabe reseñar la existencia de 9.200 avellanos en una superficie de 22 días de bueyes que producen 297 fanegas de avellanas al año. Abunda también la caza de raposas, arceas y lobos.

En el ámbito ganadero, en Morcín hay registrados 37 bueyes, 246 vacas, 187 terneros, 278 carneros, 2.000 ovejas, 1.240 corderos, 290 cerdas de vientre, 920 cerdos lechales y de matanza, 238 novillos, 36 caballos de tráfico, 28 yeguas, 56 potros y potrancos, 94 machos de cabrío, 802 cabras y 310 cabritos.

El Coto de Peñerudes supera a Morcín en el número de bueyes al tener 60 registrados. Otro dato relevante es la existencia de casi un centenar de colmenas de abejas repartidas 5 en Argame, 17 en Santa Eulalia, 8 en San Esteban, 39 en San Sebastián y 24 en La Foz.

El pan de escanda se pagaba a 22 reales de vellón la fanega de 8 copines, el maíz a 11 reales la fanega, las judías a 22 reales, un carro de hierba costaba 22 reales, una carga de lino en verde 8 reales y una pipa de sidra 60 reales. El copín de pera, cerezas, ciruelas e higos se cotizaba a un real mientras el de guindas a dos. La fanega de avellana tenía un precio de 11 reales y el carro de leña 3. El valor de los animales oscilaba entre los 4 reales del ternero tras ser apartado de su madre, mismo que valor que el lechón porcino, hasta los 50 reales de la cría de caballo. El cuartillo de leche costaba 4 maravedís y el de miel 2 reales. Lo más caro era una junta de bueyes que valía 300 reales.

Cuadras

Ningún vecino era propietario de cabañas para la estabulación del ganado y Joseph Argüelles Quiñones, propietario del Coto de Peñerudes, tenía su propio ganado estabulado en el concejo de Llanera contando también con una yeguada de 17 potrancos.

Bautista y Josefa, los bisabuelos de este joven que se aficionó a la historia tras descubrir en su casa una lata de metal repleta de fotografías antiguas, regentaron durante muchos años, en la segunda mitad del siglo XX, el bar tienda “Casa Bautista” en Busloñe, en la parroquia de San Sebastián. Bautista ejerció varias décadas como mayordomo en la fiesta de El Pilar.

Su bisnieto, el historiador José Martínez Balbuena, conocido como Pepe, Pepín o el “fíu de Laude”, señala que “espero que este trabajo sobre el siglo XVIII sirva para reconstruir la desconocida historia de Morcín y que la puedan conocer sus vecinos”. Su implicación con el concejo de sus antepasados va más allá de la investigación histórica y ha tomado las riendas para recuperar las desaparecidas fiestas de El Pilar, en Busloñe, de las que su bisabuelo fue mayordomo durante muchos años.

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