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Juan José González Pulgar Presidente del Montepío de la Minería Asturiana

“En algunas áreas de la administración asturiana, el Montepío causa urticaria”

“No nos sentimos culpables por el uso de los fondos mineros, el caso ‘Hulla’ tiene dianas con nombres y apellidos”

Juan José González Pulgar, en el jardín de la residencia de Felechosa. | A. Velasco

Juan José González Pulgar, en el jardín de la residencia de Felechosa. | A. Velasco

Juan José González Pulgar (Pola de Lena, 1953) afronta sus últimos meses al frente del Montepío de la Minería. Llegó a la mutualidad cuando el barco hacía aguas por todos lados. Una crisis institucional por el “caso Hulla”, una residencia en Felechosa en el punto de mira y con pérdidas casi millonarias, y unos alojamientos en la costa a los que había que dar un aire nuevo. Tras dejar atrás toda esa situación, y cuando tenía el futuro encauzado para poder dejar paso a una nueva dirección, llegó la pandemia. Afectó a toda la mutualidad, pero especialmente al Balneario de Ledesma, que incluso llegó al preconcurso de acreedores. El capitán del barco decidió no saltar y continuar un año más al frente para tratar de revertir la situación. De nuevo, con buenas perspectivas, Pulgar espera que en 2022, la asamblea elija nuevo Presidente. Cuenta a LA NUEVA ESPAÑA como ha afrontado un difícil año en lo profesional y en lo personal.

–Acaban de celebrar la asamblea anual para hacer balance de 2020. Durante su mandato ha tenido que lidiar con muchas situaciones, ¿es este el año más difícil?

–No ha habido ningún año fácil pero este, especialmente, ha sido muy duro. La previsión que teníamos para el año 2020 era buena, había buenas sensaciones: modernización de instalaciones, nuevos segmentos de clientes, y rebaja de costes financieros. La pandemia arrasó con todo, y fue necesario un esfuerzo extraordinario para adaptarnos a una realidad nueva, imprevista y muy compleja. Reaccionamos con serenidad y sensatez, creando un grupo de trabajo multidisciplinar, que elaboró un plan de emergencia para enfrentar esta situación tan variable.

–¿Cuánto cree que tardarán en recuperarse de las pérdidas de 1,5 millones que acumularon el año del covid?

–Hemos aprendido a gestionar, desde el inicio, con unas deudas financieras tremendas, de 17,5 millones, que durante estos años hemos rebajado a 13 millones. Afrontar los retos y las deudas depende de recuperar la actividad económica de nuestra empresas, y que nuestra base social de mutualistas siga confiando y aportando sus cuotas solidarias tan necesarias.

–Dentro de un par de semanas volverá a abrir el Balneario de Ledesma. ¿Qué supone para la mutualidad?

–El Balneario es nuestro buque insignia. Cuando flota y tiene velocidad de crucero, genera recursos económicos suficientes para enderezar las cuentas de la mutualidad. Y al mismo tiempo, es un referente sociosanitario que contribuye a prevenir a salud de nuestra familia mutualista y la de aquellas personas que nos visitan de convenios el Imserso, o clientes privados. El anuncio de su apertura para el 23 de julio supone una apuesta por la normalización y la confianza en la seguridad sanitaria de nuestras instalaciones.

–El enclave salmantino fue el que más sufrió la pandemia. ¿Sigue temiendo por su cierre?

–Gestionar empresas supone asumir riesgos. Hay que procurar que sean medidos para alcanzar un objetivo de resultados económicos equilibrados. Si nuestros mutualistas dan un paso al frente, eliminan temores y nos acompañan como todos los veranos, nos colocaremos en una buena situación para enlazar con el programa de termalismo del Imserso que se reactiva el 1 de octubre hasta diciembre. Si ambas campañas salen bien, conseguiremos entrar en el camino de la recuperación. Y recordemos que el año pasado, el Balneario fue un lugar seguro.

Pulgar, con la obra de la residencia a su espalda. A. Velasco

–Se ha mostrado crítico por la falta de ayudas al Montepío, una entidad de fines solidarios. ¿De quién es responsabilidad?

–Emprendimos un peregrinaje en busca de rescate y ayudas extraordinarias para salvar una situación crítica. Hablamos con el Gobierno asturiano, con representantes de la Junta de Castilla y León, con la Diputación de Salamanca, con la Secretaría de Estado e incluso le enviamos una misiva al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. No todo fueron evasivas, los ayuntamientos de la comarca de Ledesma, y los ayuntamientos mineros de Asturias nos mostraron su apoyo y solidaridad. Pero sí que en algunas áreas de la administración regional asturiana, y en algunos grupos parlamentarios, el Montepío causa urticaria. Se han olvidado de que esta entidad está gestionada por los sindicatos mineros, cuyo espíritu solidario atrajo los fondos mineros que llenaron de inversiones a una Asturias muy necesitada. Y luego, la puntilla nos la puso nuestro banco de referencia, Liberbank, con su negativa a facilitarnos liquidez para el Balneario de Ledesma. Se mostraron exigentes y rigurosos con quienes estamos pagando puntualmente los destrozos que otros causaron.

–Cumplen 30 años de presencia en Murcia con su residencial. ¿Espera un buen verano?

–El residencial La Minería y la locomotora Marqués de Bolarque que hay a la entrada del mismo son todo un símbolo en Los Alcázares, y deberíamos dar pasos en favor de una mayor cooperación y hermanamiento institucional con esta zona de histórica tradición de la minería metálica. Los datos que manejamos en cuanto a estancias y reservas de clientes están muy cerca de la campaña del verano de 2019. Confiamos en que la situación sanitaria evolucione favorablemente.

–En Los Alcázares sufrieron una doble crisis, la de los temporales y la del covid. ¿Cómo se gestiona eso?

–En Murcia tuvimos que gestionar la tormenta perfecta ocasionada por las gotas frías, el colapso del Mar Menor y la pesada losa de la pandemia. Hemos tenido la fortuna que nuestras instalaciones están protegidas y no sufrieron los daños catastróficos que arrasaron el pueblo. Eso nos permitió ceder nuestras instalaciones para aquellas familias afectadas que el Alcalde nos envió. Contra todo, mantuvimos el residencial abierto todo el año con unos servicios y plantilla básicos. Las instalaciones tienen que permanecer protegidas y supervisadas, y las pérdidas que supone hay que asumirlas.

–Y en Almería, ¿piensan que podrán ir mejorando resultados?

–Roquetas de Mar es un destino turístico en progresión de fase de recuperación. Está mejorando mucho sus servicios y comunicaciones, y la construcción del hospital comarcal trasladará una imagen de seguridad sanitaria. Todo esto contribuye a potenciar el sector turístico y a que nuestro apartahotel capte cada vez más turistas privados que rellenan las estancias que dejan vacías nuestros mutualistas. Este año vamos a recuperar las cifras de hace dos veranos que ya eran buenas. El futuro es prometedor para una instalación que históricamente ha generado algunas pérdidas y que ahora ya está saneada.

–Si hubo un enclave que dio la talla en la pandemia fue la residencia de Felechosa. ¿Orgulloso de que no haya habido ni un contagio?

–El orgullo y el reconocimiento es colectivo. Nos exigió una atención y preocupación constante por la vulnerabilidad de su población. Los datos que llegaban de las residencias de otras comunidades autónomas eran realmente aterradores. Solo pensar que la nuestra pudiera ser foco de un brote de coronavirus nos generó un estado de tensión permanente y muchas veces de insomnio. Hicimos un trabajo riguroso y profesional, anticipándonos en la toma de decisiones. La formación y el compromiso de los y las trabajadoras, y de todo el equipo Montepío fueron piezas fundamentales. Los residentes y sus familias nos dieron una lección de vida sufriendo confinamientos con entereza, cuestión que aliviamos poniendo en marcha medidas de videollamadas y un programa social alternativo. El proceso de vacunación supuso, sin bajar la guardia, un respiro. Hablar de cero casos es algo más que suerte, es un trabajo colectivo descomunal.

–Precisamente por su trabajo en Aller y por su vacunación hubo cierta polémica. ¿Se sacó todo de contexto?

–Las instrucciones de la Consejería de Sanidad eran claras. Para conseguir la inmunidad de grupo se debían vacunar todas las personas con presencia habitual en la residencia, priorizando a quienes vamos a trabajar al ser posibles portadores del virus por estar en contacto con el mundo exterior. Se debían vacunar incluso los que hubiera padecido el covid-19, como era mi caso. Soy presidente ejecutivo, muy pendiente del día a día de las empresas. Estoy varios días de la semana en la residencia de Felechosa. Sé que si no llego a vacunarme y aparece un brote, quienes me cuestionan por vacunarme me condenarían por lo contrario.

–¿Qué les diría, a tenor de los resultados, del volumen de empleo y de residentes, a los que dudaron del proyecto del geriátrico?

–Esas voces se han acallado y algunos perjuran que nunca cuestionaron el proyecto. Lo relevante es que la residencia está consolidada y es una pieza fundamental del Montepío y del Alto Aller. Salimos reforzados de la crisis y estamos cerca ya de los 190 residentes, cuyo nivel de satisfacción es óptimo. Hemos diseñado un modelo de residencia con unas instalaciones y servicios muy potentes en una zona rural necesitada. Aspiramos a ser referencia y vanguardia con nuestras iniciativas.

–Comentaba antes de la asamblea que no se plantean pedir fondos mineros para ningún proyecto. ¿Ha salido el Montepío escaldado de gestiones anteriores?

–Los fondos mineros son para nuevos proyectos de inversión, cuestión que no está en nuestra hoja de ruta, de momento. Nosotros no guardamos ningún sentimiento de culpabilidad, los ecos del caso Hulla ya tienen otras dianas, los dirigentes señalados con nombres y apellidos. (En referencia a José Ángel Fernández Villa y José Antonio Postigo, este último expresidente de la mutualidad, a los que no cita en ningún momento).

–Permítame que le pregunte por usted. Pasó el covid el año pasado, cuando además aún había muchas incógnitas sobre el virus, sobre sus tratamientos… ¿Cómo lo recuerda?

–Mi mujer y yo lo pasamos al mismo tiempo. Fue una experiencia extraña, donde no tuve la sensación de gravedad al tratarse de algo novedoso. La ignorancia ayudó y restó dramatismo. Cuando mi hijo nos dejaba la compra del súper y lo veíamos alejado al fondo del pasillo recordé escenas de las distancias que en otros tiempos se guardaban con los leprosos. Fue más duro despedir a mi padre de forma inesperada y en la soledad familiar.

–¿Cuánto le queda a Pulgar al frente de la mutualidad?

–La fecha está marcada en el calendario. El próximo año 2022, en la Asamblea Ordinaria, debe renovarse la dirección del Montepío. Nada se va a improvisar porque el relevo está preparado. Cumpliré 8 años al frente de la mutualidad en un periodo muy intenso, que provoca un desgaste importante. Pero en el fondo soy de los que cree que por higiene democrática, los mandatos deben de ser limitados.

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