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Juan Díaz Quesada, pionero del cine en Mieres

Un cubano de origen asturiano rodó en 1926 “Mieres del Camino”, primera película hecha en la villa

La fachada del cine Esperanza de Mieres.

Decía Orson Welles que David Wark Griffith, director de películas tan notables como la controvertida –“El nacimiento de una nación” o la monumental “Intolerancia”– “prácticamente había inventado el cine” y puede que así fuera, si entendemos esto último como un arte y no como una mera captación de imágenes en movimiento, invención que dejaremos a los expertos; que sean ellos quienes la atribuyan a los hermanos Lumiere, Edison o a Louis Le Prince. Aunque, lógicamente, el genio sureño no se encuentra solo en ese olimpo pues está acompañado de cineastas de todo el mundo que supieron configurar el séptimo arte tal y como lo conocemos a día de hoy, dejando un sinfín de anécdotas y de historias en cada punto en el que la cinematografía daba sus primeros pasos.

Y aunque ya de por sí los orígenes del cine son siempre un asunto complicado, la génesis del cine en Mieres del Camino no iba a ser menos que en otras partes. La obra primigenia, conocida ya sobradamente por todos y titulada lacónicamente como “Mieres del Camino” fue extraviada parcialmente durante décadas, ya que únicamente se contaba con una copia incompleta custodiada por la Filmoteca Española, aunque se pudo restaurar en su totalidad gracias a que en la primera mitad del año 1980, su gerente, José Antonio Pérez Alonso, encontró otra cinta por casualidad en el almacén del ya desaparecido “Cine Esperanza”. Un año más tarde, el 2 de diciembre de 1981, sería estrenada en el cine Esperanza y en junio de 1983, la cinta sería entregada por su descubridor al Alcalde, Vital Álvarez-Buylla, emitiéndose en una televisión privada con carácter autonómico unos días más tarde.

Digitalizada en 1995 a petición del Ayuntamiento de Mieres –en 2005 se distribuiría en formato DVD– muchos mierenses pudimos comprobar que el filme se trataba de un alegato a la protección de la minería asturiana en los estertores finales de la dictadura de Primo de Rivera, quien como otros dictadores de la época, vislumbró la fuerza y el poder que ejercía el cine sobre la población, facilitando que se realizaran filmaciones en las que se vendía la imagen al exterior de una España a la vanguardia.

A ese respecto, se debe de citar que la película fue rodada poco tiempo después de que finalizara la huelga de los mineros británicos de 1926, la cual fue seguida por 1,7 millones de trabajadores para obligar al gobierno británico a que evitara la reducción de salarios y el empeoramiento de las condiciones laborales de unos 800 000 mineros del carbón, lo que lanzaba un mensaje a favor del carbón asturiano frente a la política de importaciones.

Más allá del fin propagandístico del metraje, la película atesora ciertos hitos que merecen que sean al menos reseñados, como la suerte de ser una de las pocas películas españolas anteriores a la II República Española que se conservan o el honor de tratarse de uno de los primeros largometrajes rodados en Asturias junto al documental “Llanes 1917” rodado por la productora francesa Pathè o el film “Bajo las nieblas de Asturias” dirigido por Manuel Noriega.

Un fotograma de "Mieres del Camino"

Este último director tiene también en su haber el mérito de ser el primer cineasta en rodar una película en un entorno minero en nuestro país con “Venganza isleña”, aunque solo sería estrenada con carácter de prueba al ser un film plagado de adulterio, venganzas y muerte que la censura de la época no aguantó. Engrosan dicho listado “El abuelo” de José Buchs, “Por un milagro de amor” de Luis R. Alonso y nuestra película local por antonomasia: “Mieres del Camino” del director Díaz Quesada, quien con su sello convierte a la cinta en una de las más antiguas a nivel nacional y también mundial, aunque por cuestiones de espacio no profundizaremos en el tema.

Dichos apellidos han escrito con letras de oro alguna página imborrable en la historia de la cinematografía mierense y aquí viene la novedad: también en el celuloide cubano, pues según me cuenta desde el país del azúcar mi amigo Rufino del Valle, quien es un crítico de arte, conferencista, investigador de la fotografía y fotógrafo cubano, el director de la película que hoy nos atañe nació en La Habana en 1892 y hasta su aventura mierense había sido en Cuba camarógrafo, stillman o dicho de otro modo director de foto fija, director de fotografía y editor de cine.

Era el hermano menor de Enrique Díaz Quesada, pionero del cine cubano, quien con tan solo quince años ya participó como actor en la realización del primer corto publicitario del cine cubano, titulado “El brujo desapareciendo”, creando un año más tarde la compañía “The Moving Pictures Company” en asociación con el empresario Francisco Rodríguez, donde comienza a presentar noticias locales que él mismo rodaba con el nombre de Cuba al día. En 1906 rodaría “El parque de Palatino” un filme financiado para dar publicidad a un parque de diversiones habanero, la cual está considerada como una de las primeras películas del cine cubano que mostraba la pericia del director por la capacidad de síntesis y la captación de los detalles, así como un gran dominio de la técnica. En 1910 fundaría ya junto a su hermano Juan, quien tan sólo contaba con 18 años, el primer estudio cinematográfico como tal de Cuba, situado en la azotea de un edificio enclavado en la Calzada de Jesús del Monte número 356.

El binomio Enrique-Juan dejaría numerosas películas como “¡Alto el fuego!” del año 1921, un episodio de la Guerra de Independencia que se desarrolla en un ambiente netamente campesino donde Juan Díaz Quesada se desempeñaría como director de fotografía o la célebre película, en aquel país, titulada como “Arroyito” filmada en 1922, donde vuelve a desarrollar la misma labor, siendo una película sobre el más famoso bandolero de la época quien con bastante tráfico de influencias logró llegar a ser indultado para ser más tarde nombrado, incluso, como cabo jefe de policía en Matanzas.

Cartel de la película, obra de César Fernández Ardavin “Vinfer”. | Reproducción de A. V. | REPRODUCCIONES DE A. V. / LNE

En síntesis, dichos hermanos realizaron una buena cantidad de títulos que oscilaban entre los temas nacionales y arquetipos populares de sesgo romántico histórico hasta que, por desgracia, Enrique, fallece el 13 de mayo de 1923 con apenas cuarenta años, víctima de una neumonía bilateral provocada a su vez por una fuerte gripe que fue ocasionada por un torrencial aguacero durante una grabación que se negó interrumpir.

Para colmo, un incendio en su estudio de La Habana devoraría ese mismo año todo el legado que atesoraban aquellas inmediaciones, sobreviviendo tan sólo la película del parque que habíamos comentado en las anteriores líneas.

El mazazo sufrido con la pérdida de su hermano y, a su vez padre cinematográfico, hace que la carrera de Juan Díaz Quesada en el séptimo arte se ralentice, momento en el cual llega su conexión con Asturias en la línea del tiempo, aunque dicho vínculo hacía décadas que corría por sus venas, pues ambos cineastas eran hijos del asturiano Benito Díaz Alonso y de la cubana Mercedes Quesada Catalá. Este último dato, influiría, a buen seguro, en la conexión que se establecería entre el indiano Gerardo Pombo y Juan Díaz Quesada, pues este último acabaría rodando la película “Mieres del Camino” bajo la producción del empresario del teatro Pombo.

Para tal fin se adquiriría en Miami un modesto tomavistas de 35 mm con cuerpo de madera que era accionado a base de manivela donde el negativo llevaba cuatro perforaciones por cuadro o fotograma en ambos lados, para que la película se reprodujese a 24 fotogramas por segundo.

El resultado final sería de 920 metros, unos treinta minutos, llenos de amor interclasista al más puro estilo del fenómeno adolescente actual “Élite” de la compañía de streaming Netflix, entre Pinón, minero, y Pepina, hija del adinerado Gaspar Meca, cuyo personaje estaba interpretado por la chica guapa del concejo, Josefina Gutiérrez Álvarez, quien se convirtió en una suerte de influencer de la época a nivel local y al que el vulgo apodó socarronamente como Pepita “la melona” por su fisonomía. Como ustedes imaginarán, la película no contó con actores ni actrices profesionales, por lo que todos sus personajes fueron interpretados por meros habitantes del concejo.

Finalmente, la premiere tendría lugar en Madrid el 28 de enero de 1928, realizándose el estreno regional en el Teatro Pombo de Mieres el 30 de enero de 1928 y en el teatro Dindurra de Gijón el 2 de febrero de ese mismo año. Pese a lo que se ha venido recogiendo en algunos trabajos, la crítica fue bastante demoledora, pues según el diario “Región” su estreno fue un auténtico fracaso en el que los espectadores lanzaban chistes no exentos de gracia, siendo notoria su falta de argumento, lo cual es compartido por otra crítica aparecida en otro periódico, el cual añade que el film está “exento de riqueza literaria en sus epígrafes” pareciéndoles “exagerado un precio de dos pesetas por la exhibición de este film”.

Fotograma de "Mieres del Camino".

Por ello, la filmografía de Juan Díaz Quesada continuaría ligada a Cuba, estrenando ese mismo año la película “El traficante”, en la que actuaría como director, director de fotografía y productor quizás con el dinero obtenido de la grabación realizada en Mieres. Pese a tratarse de la producción más potente de ese año, Díaz Quesada retomaría más tarde otras funciones secundarias como director de fotografía de la película “Embrujo del fandango” material que recoge el paso por La Habana en 1939 de la bailadora española Carmen Amaya; editor en la nueva versión de “Manuel García, el rey de los campos de Cuba” en 1940 o cámara en “Flor de Yumurí”, entre otras. Aun así volvería a probar suerte una vez más con la dirección de “Martí, mentor de juventudes” y que estuvo realizado en el centenario del revolucionario cubano.

Si bien es cierto que dicho trabajo no está a la altura de grandes películas que se estrenaron ese año como “Octubre” de Serguéi Eisenstein o de “La pasión de Juana de Arco” de Carl Theodor Dreyer, lo cierto es que “Mieres del Camino” le servirá al posible espectador para contemplar las desaparecidas instalaciones de Fábrica de Mieres, el antiguo convento de los Padres Pasionistas derribado en 1963, o las obras de encauzamiento acometidas después de la crecida que derribó el puente de La Perra, entre otras cosas.

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