Memorias de Sama al óleo: José Luis Dizy expone su obra en la pinacoteca municipal

El pintor, comerciante jubilado, recorre en su última exposición lugares y episodios emblemáticos del distrito langreano

José Luis Dizy, junto a uno de sus cuadros. | É. F. M.

José Luis Dizy, junto a uno de sus cuadros. | É. F. M. / Érika Ferraro Mallada

Érika Ferraro Mallada

Hay historias que, podría afirmarse, no se leen en los libros. Relatos que van más allá de unas simples líneas que contienen una biografía o una vivencia. Quizá de eso se trate la vida de José Luis Dizy, pintor por vocación y comerciante de profesión, ahora jubilado. Un artista que expone estos días una parte de sus obras en la pinacoteca de Langreo y que no ha dudado ni un segundo en mostrar "lo que más le gusta".

Solo hace falta un paseo por instalación cultural en compañía de Dizy para hacer un recorrido por las memorias de su querida Sama y de Langreo. Un viaje desde el Pozu Fondón por los años cincuenta hasta San Luis, en La Nueva. Una exposición que recorre acontecimientos tan importantes como la inundación en la calle Schultz en el año treinta y siete o la última nevada vivida en el concejo, un evento que este artista decidió mostrar en un edificio de la calle Alfredo Nespral.

Si José Luis mira al pasado, es capaz de recordar lo que suponía Sama "en aquella época". Y ya no es que él mismo se defina como "buen salmerón". Su capacidad para recordar cada trazado, así como cada estación, han servido para que sea capaz de recomponer los colores de aquellas fotografías que pudo rescatar en blanco y negro: "Soy un artista con la paleta".

La historia más reciente de Dizy en compañía del óleo o la acuarela se remonta a la edad de sesenta y ocho años. Este salmerón no pudo compaginar su tienda de deportes con el mundo de la pintura: "Pasé treinta y cinco años sin pintar, bastante tenía con las facturas". Retomó su pasión, que comenzó a la edad de veintiún años, reflejando historias, retratos o paisajes que, siendo sinónimo de una vuelta al pasado "ayudan a entender muchas cosas". Afirma sentirse muy ocupado con lo que hace y espera seguir relatando historias a través de sus cuadros, al menos, "hasta los cien años".

Pese a su parón, Dizy aún recuerda sus andaduras como principiante por el mundo de la pintura. Su primer cuadro fue un bodegón realizado a tiza, "al principio pintaba así, con tizas". Sus ojos delataban una ingenua vuelta al pasado que recordaba con una mezcla de nostalgia y felicidad.

Solo bastará un encuentro con este artista para que saque su cuaderno y muestre toda su trayectoria. Su apertura va acompañada de afirmaciones como su carácter autodidacta. Dizy jamás pisó una clase de pintura, lo dice con orgullo e incluso con un tono emotivo ya que, pese a haber abandonado sus trazos, siempre ha vivido "una buena vida".

Sus maravillosas manos acompañadas de técnicas como el óleo, la acuarela o el relieve, conforman un compendio de cuadros que son "difíciles de olvidar". Capaces de trasladar al interlocutor a épocas pasadas o incluso desconocidas. Pinturas reivindicativas que muestran lo que, para artistas como Dizy, suponía el parque Dorado en los años cincuenta, que "ya no tiene nada que ver con el de antes".

Bélgica

Cien años jamás serían suficientes para que Dizy pudiera reflejar un mundo lleno de historias. Recuerda sus proyectos pasados, cuando, junto con un grupo de pintores, sus obras cruzaron frontera y llegaron "nada menos que a Bélgica". Ahora, comparte afición en compañía de otros pintores, cuyo punto de encuentro se ubica en Oviedo.

Dizy aún tiene "cinco cuadros a medias" entre los que se encuentra un retrato de uno de sus hijos. Además, una vez finalizada esta exposición, el 31 de agosto prevé realizar otra en la Casa de la Cultura de Sama. Se trata de algo "diferente, solo de paisajes", en la que el óleo o la acuarela quedarán atrás. Dizy dará un toque más moderno a sus cuadros, acompañados de técnicas a relieve.

Este artista ha conseguido hacer de su vocación un mundo. Símbolo de admiración y orgullo para el concejo, Dizy ha logrado llenar la pinacoteca Eduardo Úrculo de "forasteros y visitantes". Sus memorias, hacen de la pintura algo muy especial. Trasladan a través de cada trazo a un mundo lejano para algunos y añorado para otros.

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