El "infierno" de la langreana María Luisa Castro: su pareja sufrió un ictus, ella la amputación de una pierna y le deniegan la incapacidad permanente

A María Luisa Castro, diabética y que trabajaba de vigilante de seguridad, se le complicó una herida en un pie: "Es increíble, me dejan tirada"

María Luisa Castro lee la resolución de la Seguridad Social.

María Luisa Castro lee la resolución de la Seguridad Social. / M. Á. G.

Miguel Á. Gutiérrez

En septiembre de 2021, la langreana María Luisa Castro Vega, que entonces trabajaba en un centro comercial de Badalona como vigilante de seguridad, sintió una molestia en la planta del pie. Se le había formado una úlcera que cicatrizó mal y se infectó, lo que hizo que, apenas tres meses después, esta enferma de diabetes sufriera la amputación de su pierna derecha. Tras una convalecencia en la que fue agredida por una compañera de habitación con problemas mentales, regresó a Asturias acompañada por su pareja en la primavera de este año, pero el hombre sufrió un ictus que le inmovilizó medio cuerpo y actualmente está hospitalizado. Parecía que el cúmulo de desgracias había tocado techo, pero quedaba una más. El pasado 27 de noviembre, la Seguridad Social rechazaba su solicitud de la incapacidad permanente, al no sumar el periodo mínimo de cotización. "Me vienen a decir que estoy apta para trabajar. También he dejado de recibir el dinero de la baja y no sé con qué voy a pagar el alquiler, la comida y las medicinas. Es increíble", relata.

Castro, que tiene 57 años, llevaba viviendo desde 2008 en Cataluña. Trabajó en diferentes oficios hasta que comenzó a hacerlo como vigilante de seguridad en el centro comercial de Badalona en la primavera de 2021. Ya le habían realizado previamente sendos "by-pass" en ambas piernas por sus problemas vasculares. En cuanto advirtió los que le pasaba en el pie fue al médico, ya que, debido a las dificultades de cicatrización que tienen los pacientes con diabetes, estas heridas pueden derivar en amputación si se complican: "No estaba mi podóloga habitual y me derivaron a otra, que me hizo un corte en el callo que me había salido".

Curas

Estuvo recibiendo curas, a veces dos al día, durante dos meses pero fue inútil. El 13 de diciembre, cuando fue al hospital, ya se temía lo peor. "Tenía una bola de pus como una piedra. Le dije al médico que si tenía que cortar, lo hiciera". Tuvieron que amputarle la pierna por encima de la rodilla, pero unos días después fue sometida a una reamputación a una altura mayor debido a una bacteria. "Yo le decía al doctor Sancho, al que yo llamaba cariñosamente Curro Jiménez por su apellido, que no le bastaba con el jamón, que también quería llevarse el lomo", cuenta María Luisa Castro, tratando de aliviar con humor el "infierno" que ha sufrido: "Trato de tomármelo así para sobrellevarlo mejor. Al menos estoy viva".

Tras pasar un mes en el hospital, estuvo otro en un centro de convalecencia. Allí tuvo como compañera de habitación a una mujer que sufría problemas mentales: "Un día me despertó porque decía que llegaba tarde a la escuela y otro me echó agua por encima porque pensaba que era una planta". Lo peor, relata, fue que en otra ocasión le lanzó un reposapiés de la silla de ruedas que le hizo una herida en la pierna izquierda: "A ella no se lo tuve en cuenta porque la mujer tenía problemas mentales, pero me asusté por la herida, por lo que ya me había pasado".

Pasó después una temporada en casa de sus suegros, pero la vivienda no estaba preparada para una silla de ruedas por lo que regresó a Asturias junto a su pareja. En Langreo recibe apoyo de sus padres, pero tampoco pudo quedarse en su casa por los mismos problemas de accesibilidad, Decidió entonces alquilar un piso en La Felguera. "Pedí en Cataluña la ayuda de la ley de dependencia, pero me la denegaron y he vuelto a tramitarla aquí. También he solicitado una vivienda adaptada al Ayuntamiento, pero no tengo la puntuación. Ya le he dicho al Alcalde que voy a acabar de okupa en el Ayuntamiento", señala con humor.

El último varapalo fue la carta de la Seguridad Social que le llegó hace unos días y en la que se deniega su solicitud de la incapacidad permanente, al no reunir el periodo mínimo de cotización exigido. "Es algo incomprensible porque mi incapacidad es algo que se ve, me falta una pierna. Y ni siquiera me hicieron una valoración con un tribunal médico. Nadie se lo explica. He dejado de cobrar los 931 euros que venía recibiendo desde que quedé de baja y mi situación ahora es muy complicada porque tengo que hacer frente al pago de la renta, de la luz, de la comida y de los más de cien euros que gasto al mes en medicamentos".

Ayuda

María Luisa solo tiene buenas palabras para los sanitarios que la atendieron en Cataluña, salvo para la podóloga que la atendió: "Ella decía que no me hizo ningún corte en el pie, pero entonces, ¿por qué me mandó a que me curaran la herida?". Con el resto del personal, entre ellos su médico de cabecera, su podólogo habitual y el doctor Sancho, ha mantenido la relación a través del teléfono. "Son gente maravillosa. Nos seguimos llamando y hablando por Whatsapp. Los considero unos amigos", explica.

Esta langreana tiene previsto recurrir la resolución de la Seguridad Social. "Quiero que me den la incapacidad o algún empleo que pueda desarrollar en mi situación. ¿Cómo pueden mandarme de nuevo a trabajar si he sufrido una amputación? Como les dije a ellos no soy una estrella de mar, no me va a volver a crecer la pierna. Creo que no me deberían dejar tirada de esta manera".