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Tribuna

Privatizar los beneficios y socializar las pérdidas

Hunosa, empresa pública, es la única compañía asturiana que está trabajando por el futuro económico de la región

En Asturias, resulta una ironía la afirmación neoliberal de que el Estado debe reducir al mínimo su intervención en la economía. Con algo más de un siglo de tradición industrial, la sociedad asturiana ha conocido al capital privado y, también, su peculiar forma de ejercer para obtener beneficios. La empresa pública en Asturias, en su mayor parte, tan solo obedeció a la acusada tendencia de los propietarios de la industria para privatizar los beneficios y socializar las perdidas:

Minería. Hunosa se formó a partir de 1967 y nació de la fusión de veinte empresas tales como Duro Felguera, Fábrica de Mieres, Hullera Española, Hulleras de Turón y otras, por citar algunas de las más emblemáticas compañías mineras, aunque en el año 1980 incorporó también a Minas de Figaredo, que sería la última empresa minera de capital privado asturiano rescatada también por el Estado para su incorporación al Instituto Nacional de Industria (INI).

Siderurgia. Duro Felguera, Fábrica de Mieres y SIA Santa Bárbara crearon Uninsa en 1961 y en 1967 promovieron la fusión en ella de todos sus activos del acero. El Estado entró como socio minoritario. La deuda junto a las pérdidas acumuladas llevaron a la estatalización plena en 1970: el Estado español, a través del INI, asumió el 100% de su capital.

Privatizar los beneficios y socializar las pérdidas Antonio González Hevia

Duro Felguera recientemente, una vez más, acaba de ser rescatada por el Estado y les recuerdo que en el año 1992, para resolver un expediente de regulación de empleo que afectaba a 150 trabajadores, no les importó convulsionar Asturias, difamando en ocasiones a los propios sindicatos, para entregarle posteriormente el símbolo de la lucha que realizaron sus trabajadores al entonces arzobispo de Oviedo. Los que entonces resultaron excedentes de Duro Felguera conocen sobradamente que su recolocación se realizó en la empresa pública Hunosa. Dicha recolocación la gestionó desde un principio CC OO de la minería asturiana, sin que para ello resultara necesario, recibir instrucciones de clérigo o monaguillo alguno.

En su conjunto, la empresa pública en Asturias en 1978 llegó a tener algo más de 52.000 empleos que, en su mayoría procedían de varias de las actividades industriales que el capital privado le había ido endosando al Estado. Aquí ya se socializaban las perdidas, con cargo a los impuestos que pagábamos los ciudadanos. Algunos/as, si es que no se enteraron, sería porque no les convenía, puesto que tuvieron el tiempo y la oportunidad de enterarse, con todos mis respetos a las deliberaciones que actualmente realicen sus señorías en la Junta General del Principado de Asturias. Me refiero a las disputas innecesarias sobre la ubicación territorial de posibles actividades futuras, orientadas a la recuperación de las cuencas mineras y de Asturias. En la Fundación Juan Muñiz Zapico, creo que disponen de una extensa bibliografía sobre el pasado industrial de Asturias y el papel jugado por los sindicatos y por las formaciones políticas de la izquierda.

Que en el año 2020 siga abierta Hunosa con varias instalaciones como el lavadero del Batán, la central térmica de la Pereda y el pozo Nicolasa, explorando nuevas actividades industriales, no parecía viable cuando se fijaba la fecha de caducidad para Hunosa, en el horizonte del año 2000, antes del encierro del Pozo Barredo. Además de la minería del carbón, el sector industrial de Asturias, lejos de potenciarse y desarrollarse e incluso estudiar sus posibilidades de expansión, o bien se liquidó como ocurrió con el sector naval, o bien se ha vendido en subastas al mejor postor, como ha ocurrido en el caso de la industria siderúrgica y otras industrias electrointensivas, determinando por decreto que la economía asturiana dependa casi en exclusiva, de la hostelería, del ocio nocturno y del turismo.

Hoy, sigue siendo Hunosa la única empresa pública que intenta hacer algo en favor de la reindustrialización de las cuencas mineras y de Asturias, según publica LA NUEVA ESPAÑA (18/05/2021). Les recuerdo a los desmemoriados que, en su día, Caja de Asturias, siendo también la banca pública de Asturias, participaba en EDP (Hidrocantábrico), que, supongo algo tendrá que ver con el diseño del futuro modelo energético de Asturias, una vez desmantelado el parque termoeléctrico. No comparto la teoría de la descarbonización, pero como ya no tiene solución a corto plazo, paso palabra.

A este respecto, desvelaré algo que muy pocos conocen. La central térmica de Hunosa, a punto estuvo de ser privatizada en una operación cuyo único objetivo era que, dos influyentes empresarios asturianos entraran a formar parte del oligopolio eléctrico. Para ello, necesitaban también anexionar una conocida empresa minera que decían iba bajo el mar, con la finalidad de autoabastecer con materia prima, a la central térmica de Hunosa y supongo que, el paso siguiente, consistiría en aumentar la capacidad de generación de dicha central térmica. Por las razones que fuera, el entonces gobierno presidido por José María Aznar, abortó esta operación. Unos meses más tarde, los sindicatos firmamos con este mismo gobierno, el Plan General del Carbón 1997-2005, incluidos los tan vituperados Fondos Mineros.

Que el oligopolio eléctrico, que era el mayor importador de carbones, trate ahora de implantar molinos de viento y paneles solares por doquier resulta posible siempre y cuando los costes sigan revertiéndose al consumidor. Que a la central térmica de Hunosa se le niegue participar en un proyecto industrial del nuevo modelo energético es una ignominia más, defendida solamente por algunos indigentes políticos, capaces de afirmar que, el futuro desarrollo económico de Asturias depende de la hostelería, del ocio nocturno y del turismo.

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