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Albino Suárez

Como el río

Albino Suárez

Algo de ayer que no se ve hoy

Llover ranas, el regreso de golondrinas o del cuquiellu o la falta de pesca

O hablamos de políticos, de paro, de turismo, o de sidra... O hablamos del alcalde de Oviedo, señor Canteli, del que no tengo ninguna gana de hablar, pues hay cosas hechas por los demás que no le gustan a él, como hay cosas hechas por él que no gustan a los demás, entre los que estoy. Y para que pueda dormir en paz, le diré que una cosa suya mal hecha –muy caprichosa y muy extraña– ha sido anular del callejero ovetense al poeta de Asturias, Alfonso Camín. ¿Qué le hizo, señorCanteli?

Eso al margen, porque hoy me apetece pergeñar de cosas que conocí en mi infancia, ochenta años atrás, y que ahora no suelen verse. O yo no las veo. Son simples experiencias sin más importancia que citarlas...

Uno de esos recuerdos fue ver llover uno de esos días de calor, que finalizaba con una nube violenta, que descargaba un agua amarillenta y sucia, entre la que caían ranas, pequeñas ranas, que seguían saltando como si tal cosa, después de caer no se sabe de qué altura. No es broma. Las vi dos o tres veces.

Otro recuerdo fue ver cientos de golondrinas reunidas sobre los alambres de los tendidos eléctricos. Muchos cientos, que después comentaron por un extremo a descolgarse una tras otra e ir ascendiendo en un vuelo planeado. Y así, ya a cierta altura, vi lo que nunca he visto más, emigrar en formación, formando una especie de flecha: la parte delantera en forma de punta y en la parte final, semejando dos alas a modo de V invertida.

Otro hecho que siempre se veía y sentía sobre entre marzo y abril era la llegada del cuco o cuquiellu, que se dice en Asturias. Su presencia era más escuchada que vista, porque su característico cantar se dejaba oír por los valles, los castañedos, los bosques de las huerias asturianas...

Sin embargo, desde hace algunos años, el cuco –que no faltó nunca a su cita migratoria– no se ve ni se oye. Y es que, este pícaro visitante, está dejando claro que la naturaleza está cambiando.

O sea, ya no llueven ranas, las golondrinas ya no se ven marchar porque apenas se ven venir. El cuco, lo mismo, pero si quieren más, les diré que, en el Nalón, donde antes se pescaba a nasa y a garrafa, ahora no hay nada que pescar.

Y ustedes creen que el ambiente que tuvo La Chalana, en Laviana, ¿va a volver por sus fueros...?

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