Opinión | Obituario

Juan Manuel Estrada

En memoria de Nacho Lago

Casín de sentimiento, fue una persona que estudió en profundidad la historia del concejo

Y encontrarás una mañana pura / Amarrada tu barca a otra ribera. (Antonio Machado).

Cuando Ignacio Lago me visitó en Candás y me presentó aquel proyecto en el que llevaba años trabajando lo juzgué una tarea disparatada, como si pretendiera contar las arenas del desierto una a una ordenándolas en un puzzle infinito, las ramas inacabables de un árbol gigante en el que se entrelazase la sangre de nuestros antepasados: la genealogía casina. Con el correr del tiempo nos hicimos amigos, tanto lo fuimos que ahora el dolor me desborda en su ausencia; maldita enfermedad que nos cortó de cuajo nuestros sueños, tantas inquietudes, tanta generosidad y apoyo que me prestaba.

Nacho estuvo en el germen de mi decisión final cuando se me propuso para el cargo que ostento, Cronista Oficial del concejo de Caso. Revisaba mis apuntes, me orientaba, me buscaba solícito los ancestros de olvidados personajes perdidos en la niebla de los días; con él experimenté la importancia de la genealogía en cuanto ciencia auxiliar de la historia. Quizá por ello este lamento tenga algo también de interesado, pues se cierra abruptamente una puerta que iluminaba mis dudas, mis archivos, mis notas, mis escritos.

Compartí su pasión por la genealogía, la felicidad que le embargaba al cruzar el viejo portalón del Archivo Diocesano que era sin duda su segunda casa y las conversaciones de café que siempre derivaban en las ramas familiares del interlocutor que tuviere en frente. Profundamente casín de sentimiento, trataba de beber a grandes tragos nuestra historia, los caminos que juntos transitamos esos "casinos inquietos" que ahora le lloramos.

Siempre recordaré su puntualidad germánica en los amaneceres, esperando mi llegada para iniciar inolvidables jornadas en las que convivimos, las amistades que forjamos juntos, su último cumpleaños, la postrer sobremesa con quienes le apreciábamos. Su amor a los suyos, a la anciana madre que veneraba, a su buena esposa y lo orgulloso que estaba de su niña. Cuando una luz se apaga en este valle de lágrimas una estrella se enciende en el país de los sueños, y allí estarás –¡campeón!– organizando esos árboles de ramas infinitas de los que ya formas parte, Ignacio –amigo– con quien tanto quería.