Opinión

Llana, entre la prensa, la radio y la publicidad

No quisiera que este fuese mi último adiós a Manuel Ángel Álvarez Llana. Han sido más de sesenta años de amistad, compartiendo vida, que demandan cronología, reflexión, y valoración para trazar unas líneas maestras por las que moverme, y todo ello bajo el golpetazo de tan dolorosa noticia.

Por más que supiera a través de sus hijos, Mariola y Pablo, su estado y evolución, la llamada de esta mañana para comunicarme el final, ha tenido una repercusión íntima de la que aún no soy plenamente consciente.

De los éxitos periodísticos en LA NUEVA ESPAÑA, destacaré sus reportajes sobre Gaspar García Laviana, el cura guerrillero, y el que dedicó a Luis M. González Mata, "Cisne", el que fuera espía de Franco. Entre sus premios radiofónicos está el "Cándido F. Riesgo", por un programa emitido en Radio Langreo.

En la corresponsalía de La Voz de Asturias -empezó junto a Manuel López- permanecieron varios años hasta que pasaron a La Nueva España. Llana, no obstante, siguió ocupándose de la página musical de La Voz, todos los domingos durante años. Lo que dejó fue la crítica de televisión, que me ofreció en 1970. con la que comencé a trabajar en La Voz hasta 1983.

En el C.I.R del Ferral, Llana y Vázquez Prada se ocuparon de sacar la revista Costerón. Yo escribí sobre cine, él sobre música. Llana, de haber conservado todos los discos que recibió durante sus años de crítico musical habría necesitado varios pisos.

Mi amigo Llana tuvo muy claro que del periodismo no se podía vivir, pero sí de la publicidad. Con estos mimbres y mucho trabajo abrió un negocio de regalos y luego su empresa de publicidad que ahora capitanea su hijo Pablo.

Llana desde muy joven ha sido un gran trabajador. Un autodidacta ejemplar, un gran lector, y con el discurrir de los años un gran barojiano. La extensa obra de don Pio, tanto novela como libros de memorias, forman parte de su biblioteca, y junto a ellos diferentes y documentadas biografías, entre otras, las escritas por Miguel Pérez Ferrero y Carmen Bravo-Villasante.

Querido Llana, sé que éste no es el artículo que te mereces, pero es el que hoy puedo darte. Nuestras vivencias se quedan para otra ocasión: los viajes a Madrid, las visitas a TVE y a las discográficas, el estreno de aquel 600 y del 850, nuestra pasión por el cine y el teatro y tantas otras, igual de inolvidables se mantendrán ahí.

La calle Dorado acaba de perder a uno de sus paseantes más ilustres y seremos muchos los que lo lamentemos. Te recuerdo saliendo y entrando del viejo edificio de la emisora, o en el teatro Rozada, ambos ya desaparecidos. También te recuerdo dirigirte hacia la redacción de La Nueva España o hacia tu domicilio.

La irreparable pérdida de Manuel Ángel Álvarez Llana deja a su familia y a sus amigos sumidos en un profundo dolor. Para su esposa Mari, para sus hijos Mariola y Pablo y para sus nietos, el fuerte y solidario abrazo que la amistad teje en momentos así y para ti el deseo de que descanses en paz.