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De un estadio lleno al salón de casa

Cervero, Álvaro, Lora y Jorge, excapitanes del Oviedo y el Sporting, tratan de mantener la forma en sus hogares

Diego Cervero, con su bici estática.

Diego Cervero, con su bici estática. D. C.

De entre todas las situaciones, la de Álvaro Cuello (Oviedo, 1989) es la más llamativa. El jueves pasado iba a recibir por fin el alta médica después de su segunda rotura de ligamentos de forma casi consecutiva. Pero la cita se canceló por la situación desatada por el coronavirus, y

Diego Cervero, ahora en el Barakaldo, suele aplicar una máxima a todos los aspectos de su vida. Entrégate más, un poco más que el resto. Dice que lo ejerce en el deporte y en cualquier materia. Así, defiende, logró aprobar la exigente carrera de Medicina. En su confinamiento en su hogar de Oviedo, el reto lo pone la bicicleta. "Tengo una con potenciómetro (medidor de la potencia que se aplica al pedaleo) y en internet encuentras muchas opciones de clases de spinning", señala. Su hoja de ruta la marcan el preparador físico del Barakaldo, los planes del gimnasio al que acudía en Palma y del que aún es socio y su propio instinto.

En su inventario de objetivos también figuran una barra de dominadas, el TRX (bandas de resistencia) o el fitball. "Además, acabo de encargar unas mancuernas por Amazon", añade. Al acabar cada sesión (el entrenamiento más fuerte es por la tarde), cumple la misma rutina: 150 sentadillas. "También participan mis sobrinos, que cuentan las que llevo", relata. El cierre le ha cogido al delantero con su hermana, su cuñado y sus dos sobrinos, que estaban viviendo en su hogar hasta que esta semana les entregaran su nueva vivienda.

Para Alberto Lora y Jorge García Torre, todo queda en familia. Los dos son padres primerizos y han convertido la responsabilidad de cuidar de sus pequeños en una manera de hacer más llevaderos los entrenamientos en casa. Unos son más conscientes que otros, pero al niño de Jorge, de nueve meses, se le ve sonreír mientras papá hace sentadillas con él en los brazos. La niña de Lora, de 19 meses, también afronta divertida la oportunidad de tumbarse sobre la espalda del mostoleño y notar un suave vaivén, el del sube y baja de las planchas del ahora futbolista del Marino. Los gestos de ambos son breves guiños antes de continuar, solos, con series de abdominales, saltos y otros ejercicios de fuerza.

"Es pequeñita, no entiende nada, pero debe de pensar que tiene los peores padres del mundo por dejarla sin ir al parque", bromea Lora. Los últimos días han sido tensos en su casa, situada en el barrio gijonés de Viesques. Su hermano Enrique le avisó de que empezaba a tener síntomas relacionados con el coronavirus. "Él vive en Móstoles y ya sabe cómo están las cosas en Madrid", comenta. Tras llamadas al médico, la recomendación fue la de permanecer en una habitación, aislado, y valerse de paracetamol. "Está mejor, ya no tiene fiebre", avisa el excapitán del Sporting. El susto parece haber quedado atrás.

"El cuerpo pide más. Salir a correr, airear...", reconoce Jorge, que reside a pocos metros del que fuera su compañero en el Sporting, concretamente en la misma urbanización, y dice asumir el confinamiento "bien; la salud es lo primero". El gijonés, ahora en el Llanera, de Tercera, tira de pesas, gomas y TRX para cumplir con el plan que le ha enviado por wasap el preparador físico del equipo. "El entrenador también está pendiente para que no nos dejemos ir", añade. "Hay que cansar el cuerpo", asume con la normalidad de quien lleva años con una rutina convertida ya en forma de vida.

"En nuestro caso, tenemos un grupo de wasap entre los jugadores y después el capitán, Guaya, recibe audios de Oli (entrenador) y de Nacho (López, preparador físico) con pautas para todos. También es cierto que, a estas alturas, conoces bien tu cuerpo y sabes qué ejercicios te vienen mejor", continúa Lora, antes de expresar su opinión sobre cuándo y cómo cree que se retomará el fútbol. "Todo lo que no sea continuar conllevará algún tipo de injusticia. Al final dependerá de los clubes más poderosos. Hay muchos intereses en juego", sentencia. Lo importante ahora para el rojiblanco "es que la gente se conciencie de que lo que estamos viviendo no es ninguna broma. Es algo serio".

Jorge adapta los entrenamientos a "las horas de siesta del guaje". Lora suele invertir la mañana a sudar en la terraza. A la hora de matar las "pocas horas muertas" que, coinciden, dejan libres los pequeños de la casa y las videollamadas al resto de la familia, el gijonés aprovecha para ponerse al día con alguna serie televisiva. El mostoleño, por su parte, comparte juegos de mesa con su mujer. "La videoconsola ya me queda lejos", dice entre risas. Se alía con la tele. Es un declarado seguidor de "La Resistencia", de David Broncano. El fútbol es presente y futuro para ambos. Jorge, de 36 años, tiene los tres niveles de entrenador y ha finalizado un curso como director deportivo. "Me gustaría entrenar a algún equipo", confiesa. Lora, de 32 años, ha sacado los dos primeros niveles de entrenador y espera el momento para atar cuanto antes, junto a su compañero y también exrojiblanco Luis Morán, la permanencia del Marino en la categoría de bronce. "Cuídense", repiten ambos.

Álvaro Cuello ya enfilaba el final del túnel cuando el fútbol, como la sociedad, puso un paréntesis. El zaguero se rompió en diciembre de 2017 el ligamento cruzado de la rodilla derecha como jugador del Langreo. Idéntica lesión se interpuso en su camino el pasado 10 de agosto, esta vez en la rodilla izquierda. Por eso, su caso es algo diferente. José Caveda, preparador físico del Caudal, les ha dado un plan de entrenamientos bajo techo, pero Álvaro aplica también su propia receta. "En mi caso es más necesario, por ejemplo, hacer ejercicios de pierna que de core. Aplico un poco de lo que nos dice el preparador físico y ejercicios para reforzar la rehabilitación", indica. "Hay muchas cosas que me faltan, como los cambios de ritmo, los saltos, el golpeo... Me faltará la sensación de fútbol", se lamenta.

Álvaro, agenda completa, sitúa el entrenamiento a última hora de la tarde. "Estoy dando clase de Educación Física en el colegio Santo Ángel y por las mañanas nos toca teletrabajo", explica. No le queda mucho tiempo libre. "Y el que tengo lo dedico a leer y a ver charlas online. Hay una web donde te anuncian las charlas que van saliendo y me apunto sobre la marcha", indica. Las ponencias que ha seguido van desde la del profesor Moisés del Hoyo ("cuantificación de la carga de entrenamiento en el fútbol") a la del traumatólogo Juan José López: "Reconstrucción del ligamento cruzado"). El caso es seguir aprendiendo.

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