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El testarazo de Prendes

“Íbamos en tranvía a El Molinón y, si hacía bueno, volvíamos dando una vueltina por el Muro”, recuerda el exsportinguista

Prendes posa ayer en su domicilio de Gijón con una bufanda del Sporting.

Prendes posa ayer en su domicilio de Gijón con una bufanda del Sporting. Juan Plaza

Sobre un mueble del salón, en un lugar privilegiado, junto a fotos de sus nietos y familiares, José Prendes Vega (21-2-1930) guarda una imagen suya vestido de corto, con la camiseta rojiblanca del Sporting. Jugar en el equipo gijonés “fue lo máximo a lo que siempre pude aspirar”, relata el veterano exfutbolista, afincado aun en Gijón. En el equipo de su ciudad jugó casi una década, entre 1948 y 1957, con un paso breve de una temporada en el Real Murcia. Un tiempo del que guarda muy buenos recuerdos, imborrables e imperecederos. “Más que compañeros, éramos amigos”, rememora ahora.

Formado en la cantera del Real Gijón, recuerda que “no jugábamos partidos oficiales, solo amistosos contra los descartes del equipo”. Por ello, para poder jugar encuentros más serios, decidió fichar por el Adaro y, luego, por la Cultural de Aboño. “Jugar en el Aboño era la ilusión que tenía cuando empecé a jugar, lo del Sporting fue después”, recuerda.

Desde sus primeros partidos, Prendes sobresalió como un delantero goleador, con olfato, corpulento, rápido, con buen remate de cabeza y golpeo. “Siempre me gustó más marcar con el pie que con la cabeza”, incide el ariete, que, no obstante, recuerda especialmente un gol que anotó al Zaragoza, en El Molinón, de un formidable testarazo. “Fue un gol muy guapu”, apuntilla. “Siempre jugué de delantero centro, pero a veces también de extremo”, analiza, “marqué muchos goles, es lo que más me gustaba, pero también disfrutaba mucho de dar un buen pase”.

Prendes recuerda que en sus años como rojiblanco “el Sporting tuvo una época muy buena”. Tras reincorporarse al filial rojiblanco, debutó con el primer equipo después de su descenso a Segunda División. Dos temporadas más tarde, fue uno de los baluartes del ascenso conseguido, anotando más de una treintena de goles. Tras tres temporadas en la máxima categoría, el club volvió a descender. En la división de plata jugó tres temporadas más, antes de marcharse al Murcia. En total, disputó 177 encuentros con el equipo gijonés, en los que anotó 88 goles.

Su llegada al Sporting, sin embargo, fue peculiar. Prendes, jugando en el Aboño, firmó también por el filial del Sporting, aunque continuó jugando en el Aboño. “El Santander vino a intentar ficharme, fui a hacer una prueba a Cantabria y, a la vuelta, me llamó el Sporting”, rememora, “me dijeron que si fichaba por el Santander metían la ficha del filial y me podrían caer hasta dos años de sanción por duplicidad de fichas”. Así, “llegué a un acuerdo con el Sporting y fiché por cinco años”. La negociación no fue fácil. “Quedamos a las cuatro de la tarde y yo quería llegar al cine a las cinco y media. Cuando acabamos, eran las ocho de la tarde”, recuerda.

Una decisión de la que, asegura sin dudar, “no me arrepiento”. Sobre todo, por las amistades que surgieron en el seno del vestuario. “Después del entrenamiento, íbamos siempre media docena de jugadores a tomar algo a la calle Corrida, teníamos mucha confianza entre nosotros”, valora, “alguna vez nos juntamos hasta nueve”. Para Prendes, aquella “era otra forma de vivir y jugar al fútbol”.

Así, ejemplifica, “íbamos en tranvía a El Molinón a jugar o entrenar y, cuando hacía bueno, volvíamos caminando, dando una vueltina por el Muro”. Algo impensable hoy en día. También las concentraciones eran diferentes. “Jugábamos a las cuatro de la tarde, y quedábamos a medio día en el Choco Chiqui y comíamos allí para luego ir todos juntos caminando al campo”.

Durante su época en el Sporting, jugó cedido parte de una temporada en el Murcia, que militaba entonces en Primera. “Llegué de jueves, y de domingo jugamos contra el Bilbao, que se jugaba el título”, recuerda, “les marqué dos goles”. Unos tantos que no fueron suficientes. En el siguiente partido, el decisivo, cayeron en Las Palmas, tras fallar el equipo un penalti en los últimos minutos. Eso les llevó a la promoción de descenso y, en el primer partido, Prendes se rompió el peroné. Volvió al Sporting y, posteriormente, firmó por tres temporadas con los murcianos.

Jugó solo dos, ya que la tercera se fue al Tenerife y, tras ello, “volví a Asturias”. Militó dos años en el Avilés y otro en el Pelayo, donde recuerda que “jugué lesionado”. Al visitar al médico del Sporting, los peores pronósticos se cumplieron. “Tenía una distensión en la ingle y, por jugar lesionado, se me hizo callo”, explica. Para poder seguir jugando al fútbol, tenía que operarse. Un paso por quirófano que no era indispensable para continuar con su vida diaria. “Hice cuentas y decidí retirarme”, enfatiza, “cobré los partidos que había jugado y, los que no, lo devolví al club”. Tenía 33 años. Tras ello, trabajó en varios negocios familiares, hasta que se jubiló, pero medio siglo más tarde no olvida gran parte de sus goles, como aquel testarazo al Zaragoza.

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