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El Lealtad, contra el racismo: “Todos debemos señalar esas actitudes”

“Entendemos a Diakhaby: duele más el insulto de un compañero que de alguien del público”, dicen los africanos Otía, Maissa, Kofi y Saha

Por la izquierda, Otía, Maissa, Kofi y Saha, junto al resto de sus compañeros del Lealtad, ayer, antes de entrenarse en el sintético de Amandi, mostrando una tarjeta roja a los comportamiento racistas y xenófobos. | Ángel González

Por la izquierda, Otía, Maissa, Kofi y Saha, junto al resto de sus compañeros del Lealtad, ayer, antes de entrenarse en el sintético de Amandi, mostrando una tarjeta roja a los comportamiento racistas y xenófobos. | Ángel González

Llegaron a Asturias para hacer del fútbol su modo de vida. Siguen peleando por conseguirlo mirándose en espejos como el de Diakhaby, jugador del Valencia. Este último fue el pasado fin de semana triste protagonista de la jornada en Primera División, denunciando que un rival le llamó “negro de mierda”. “Duele más que te insulte un compañero en el campo, que alguien del público”, afirman Otía, Maissa, Kofi y Saha, jugadores africanos del Lealtad que ven un añadido para repudiar este tipo de conductas. Les ha tocado pasar por cosas parecidas. “En Asturias hay mucha más gente buena, que mala, por eso todos tenemos que señalar estas actitudes para acabar con ello”, señalan respaldados por sus compañeros de equipo.

Mboup Saha nació hace 28 años en la ciudad de Louga, en Senegal. El fútbol le trajo a Europa hace doce, a través de una prueba para fichar por un equipo holandés. Después pasó por Italia, donde estaban sus hermanos, hizo parada en Francia y finalmente acabó, “hace unos diez años”, en el Llano 2000, club gijonés que militaba entonces en Regional Preferente. “En todo este tiempo hemos mejorado en cuanto a reducir los casos de racismo. Antes había cierto tipo de comentarios muy normalizados. Recuerdo que en mis primeros años lo pasé fatal”, comenta el ahora delantero del Lealtad. Sabe exactamente lo que es un caso como el de Diakhaby.

“A mí también me pasó que un compañero me insultó mientras estaba jugando”, asegura Saha, que prefiere pasar página de un capítulo que derivó en que “un amigo me defendió, acabaron pegándose y después todo tuvo todo que resolverse en los juzgados”. El senegalés cree que hay que evitar “cualquier tipo de violencia” e invita a dar pasos adelante en deportes mayoritarios como el fútbol empezando por “señalar a la gente racista y sacarla de los campos. No hace falta multar a los clubes ni nada de eso, simplemente, entre todos, denunciar a quien comete ese tipo de acciones”. Saha, que hasta hace poco trabajaba para un llagar recogiendo manzana, también subraya que en Asturias “hay más gente buena. Son pocos los racistas. Creo que todos también tenemos que mirar primero el lado bueno de las cosas”.

Paul Otía nació hace 25 años en Limbe, Camerún, es su tercer año en España, y tras pasar por equipos como el Alcalá de Henares, Langreo y San Martín antes del Lealtad, afirma que en Asturias “no me ha tocado vivir ningún acto racista, pero sí en una etapa anterior con gente de mi propio equipo. No te lo dicen directamente, pero lo notas. Había jugadores y hasta un entrenador que no quería sentarse en la misma mesa en la que estaba yo para comer”. Otía, que quizá desde aquello agrace más todavía que en Villaviciosa se haya encontrado vecinos “que incluso me hacen la comida y la comparten conmigo”, cree que más que racismo hablamos de educación. “Todos somos iguales. Da igual que seas blanco o negro, es la falta de respeto lo que no podemos tolerar”, subraya. Añade un detalle. “Ojo, en África también hay gente mala”, señala.

A Kofi Atta, ghanés de 23 años, le avisaron antes de viajar a Europa. “Recuerdo que me decían que en España había mucho racismo y mi experiencia es que no es tan exagerado”, comenta. Su primera parada estuvo en Turquía, en el Bursaspor. De ahí al Don Benito, en Extremadura. Hace dos años que juega en el Lealtad. “Somos humanos, somos iguales. Nadie debe olvidarlo. En todos los sitios hay buenos y malos, pero qué necesidad hay de insultar. Que te digan ese tipo de cosas duele mucho”, apunta. En el camino para corregirlo, dice que “no nos podemos equivocar implicando a todo el mundo en algo tan negativo. Hay que señalar a los culpables y así tratar de evitar que se repita”.

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