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La arrancada se hereda: la historia de una madre y una hija en torno a la halterofilia

La plusmarquista asturiana sub-15 descubrió las pesas al ver a su madre hacer "crossfit": "Aspiro a lograr medalla en el Nacional"

Por la izquierda, Aroa Anca y Nerea García, con dos discos de pesas. | Marcos León

Todo empezó como algo para "cuidarse y aliviar la cabeza". Nerea García se apuntó a una clase de "crossfit", un deporte que tiene entre sus protagonistas el trabajo con pesas. Aquello le enganchó a ella y a su hija. Aroa Anca tenía entonces 8 años, le pidió a su madre probar y acabaron apuntándose juntas a un club gijonés de halterofilia. Seis años después, Nerea ha logrado el bronce en el nacional de su categoría -más de 40 años y peso menor de 59 kilogramos-, mientras que Aroa es plusmarquista regional, al levantar 60 kilos en dos tiempos en categoría sub-15.

"Nunca antes había hecho deporte. Las horas de gimnasia en el instituto", confiesa Nerea García, de manera jocosa. Esta gijonesa de 1981 es madre, trabajadora y haltera. Por ese orden. La llegada de Aroa a su vida se sumó a las tareas como hostelera en una cervecería en El Natahoyo sin saber que su única hija sería la que años después le hiciera abrazar como nunca las pesas. "Ahora hasta competimos juntas en la liga asturiana. Ella en sub-15 y yo en categoría máster", cuenta Nerea. Las dos deportistas pertenecen a la Escuela Astur de Halterofilia.

Ambas cuentan con retos ambiciosos a corto plazo. "A finales de octubre espero poder ir a Santiago de Compostela a la Copa de España master. Por intentar, siempre se intenta más. Con superarme a mí misma en kilos, sería suficiente. Ahora mismo estoy levantando 48 kilos en arrancada y 60 en dos tiempos", explica Nerea. "En noviembre voy al sub-15 de España y esperamos poder traer alguna medalla", confiesa Aroa. Ambas afirman que en Asturias hay un futuro prometedor en este deporte. "Hay mucho futuro por delante", aseguran. No les faltan apoyos. El primero, en casa. José Alberto Anca, marido de Nerea y padre de Aroa, es su máximo seguidor. "Hasta nos hace de asistente de viaje en cada desplazamiento", bromean.

Tanto Nerea como Aroa quieren que su ejemplo ayude a romper con los estigmas que detectan alrededor del mundo de la halterofilia, sobre todo a nivel de aficionados. "Este deporte tiene cierta mala fama, pero es una actividad guapa y todavía muy desconocida. Dicen que provoca muchas lesiones y no tiene nada de lesivo. En seis años sólo he sufrido una tendinitis", defiende Nerea.

Ella misma se encarga de rebatir otro mito, el de que su práctica es contraria al desarrollo del crecimiento de un niño. "No existe nada de eso. En mi caso mido 1,50 y mi hija, mire, ya está en 1,65 metros. Al contrario, es un deporte que recomiendo siempre porque te ayuda a superarte a ti mismo", concluye Nerea, la causante de que Aora haya heredado una arrancada de récord.

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