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Asturias ya jugó en Qatar

Areces negoció con el jeque Al-Thamin, "conseguidor" del Mundial, y los empresarios descubrieron un mundo de oportunidades

Vicente Álvarez Areces en su encuentro son Sheikh Tamin Bin Hamad Al-Thamin en 2008. | LNE

Vicente Álvarez  Areces, político de nacimiento , tenía que ser pragmático. Más hombre de acción que intelectual. Siempre utilitario y positivo, con un liderazgo digno de su genio y con olfato de matemático universal, apostó por Qatar hace tres lustros con una admirable visión de futuro. Ahora que el mundo mira al pequeño emirato se podría decir que Tini Areces lo vio primero que la FIFA.

En noviembre de 2008, encabezó una delegación asturiana para aprovechar las oportunidades de negocios que ofrecía Doha. "Una ciudad nueva con obras y financiación", como la describía Areces en su esplendor presidencial, cuando llevaba dentro un presidente del Gobierno de España. Una ciudad estado que se había empezado a levantar allá por 1940, con menos antigüedad que la historia del balompié de los colonizadores británicos, cuando los independizados hombres del desierto hallaron bajo sus jaimas océanos de gas. Hace 25 años era legal tirar piedras a los cristianos, en cambio hoy ya se han flexibilizado algunos preceptos de la ley islámica con la que se gobierna Qatar.

El recordado Vicente Álvarez Areces, en su afán por internacionalizar las empresas asturianas, en aquel tiempo, como no, en otra coyuntura de crisis económica, había puesto sus ojos en Emiratos, empezando por el hoy sede de la Copa del Mundo de Fútbol. Qatar, la suiza del golfo pérsico, no se resfriaba tras la caída de Lehman Brothers. Era y es el país que mejor soporta el hundimiento de la economía mundial con la renta per capita más alta del planeta.

"Su mentalidad es hacer todo más grande que nadie y terminar antes que nadie", comentaba Moisés Álvarez del Valle, con experiencia en la zona, y uno de los integrantes del grupo de representantes de 21 empresas, políticos y periodistas que acompañaban al Presidente y al consejero de Industria Graciano Torre. Treinta empresas asturianas, con su obligado socio local, comerciaban entonces con el país qatarí. "El dinero se les cae de los bolsillos", se escuchaba a Pedro Quirós, vicepresidente comercial de Zitrón en un momento en que la firma de Gijón aireaba un túnel qatarí. "Es el paraíso de los ascensoristas", murmuraban los de Thyssenkrupp.

En estos casi tres lustros transcurridos, no solo se ha ido de forma prematura Areces y otros miembros de aquella delegación, también Qatar, esa pequeña lengua de tierra que se extiende al norte de la costa occidental de la península arábiga, en el Golfo Pérsico, se ha convertido en un gigante de la economía y de la política internacionales.

El viaje, lejano en el recuerdo pero inolvidable en la experiencia, y eternamente presente en la hemeroteca de LA NUEVA ESPAÑA, permitió compartir horas de vuelo con dos protagonistas del desarrollo asturiano de los últimos años. Dos empresarios ejemplares reconocidos por su buen hacer y distinguidos por la solvencia de sus astilleros, Laudelino Alperi, de Armón; y Álvaro Platero, de Gondán, compañeros de la clase turista en las aerolíneas qatarís, para ganancia de periodistas, y a diferencia de la representación política que volaba en la siempre distinguida "business".

Estos gestores de Armón y Gondán, que han demostrado saber moverse en el mercado global, quedaron con ganas de hacer negocios con los qatarís pero tomaron buena nota de la exportación de gas del emirato, número uno del mundo. Hoy, cuando más de la mitad de la actividad de fabricación de barcos en España está en manos de las factorías asturianas, Laudelino Alperi guarda buen recuerdo de aquel periplo sin dar por cerrado el mercado de la península arábiga, y aclarando que un gasero que Armón entregará en Gijón a los noruegos de Knutsen moverá combustible qatarí.

"De aquel viaje queda la siembra", rememora Alperi. "Ese tipo de promociones comerciales abren puertas para acceder a clientes y darte a conocer. Queda algo. Si no sale, conoces lo que demandan. Siempre es interesante".

"Nuestro sector es tan internacional que no puedes quedarte quieto", añade el consejero delegado de Armón, que ha revolucionado el negocio de los astilleros. "Hay que ir innovando, cambiando, abriendo nuevas puertas. En el mundo en que nos movemos somos prácticamente insignificantes, pero ya nos conocen". Y tanto. Mucho ha llovido desde aquel 2008. Más en Asturias que en Qatar, cierto es, pero la historia avanza. El mundo se ha complicado más, pero los negocios con Qatar siguen su curso ante una audiencia mundial de espectadores y consumidores. Los Derechos Humanos van por otro camino.

El jeque heredero, Sheikh Tamin Bin Hamad Al-Thani, que recibió a Vicente Álvarez Areces, es hoy el emir de Qatar, el gran conseguidor del Mundial de Fútbol y modernizador económico de su país, desde que en 2013 abdicó su padre.

De los 908.000 habitantes del estado qatarí de aquel tiempo, se ha llegado hoy a unos 3,4 millones. Los qatarís se han reducido al 15% de los residentes en el país. El PIB per capita de Qatar era de 27.664 dólares, según el dossier distribuido por Asturex antes de viajar y que, al revisar hoy, se descubre con horror que hablaba de una "monarquía constitucional" ya que a nadie preocupaba este reino absolutista que vulnera los Derechos Humanos.

En fin, su renta supera hoy los 61.200 dólares. Entonces tan solo había 51 hoteles con unas 9.300 habitaciones. Se proyectaban 250 torres de edificios. El ritmo de construcción era frenético y la urbe ganaba a diario terreno al desierto. Multitudes de trabajadores de India, Sri Lanka, Pakistán o Bangladesh eran visibles e impresionaban en las terminales del aeropuerto de Doha, con su indumentaria tradicional, distribuidas por nacionalidades, como esclavos del siglo XXI. Hoy se habla de 150.000 camas en resorts de lujo, y ocho estadios de fútbol con aire acondicionado, un milagro qatarí que se ha levantado sobre unos 7.000 migrantes muertos en las obras.

Tal vez logren impresionar con la organización de la Copa Mundial, marquen diferencias con sus vecinos árabes y refuercen su poderío político en el orbe internacional. Tendrán difícil conquistar el trono del turismo. Seis millones de visitantes anuales alientan sus pretensiones, pero su clima desértico resulta desalentador.

El fútbol qatarí, que despegó con el club Al-Sadd, escribe en su historia que ha sido posible "con la bendición de Dios y el apoyo de su alteza el Príncipe de Qatar". Hoy han llegado a organizar la Copa del Mundo más cara de la historia y en invierno, con todo el apoyo del Emir, pero Dios no lo ha dado todo a los qatarís.

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