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La clave rojiblanca: Sin Djuka no hay paraíso

El máximo goleador del Sporting no tiró a puerta en todo el encuentro, ejemplo de lo que fue el juego rojiblanco: dominio sin peligro

Djuka intenta proteger un balón encimado por varios jugadores del Oviedo

Djuka intenta proteger un balón encimado por varios jugadores del Oviedo Miki López

El Sporting jugó ayer un partido romo. Dominó de principio a fin el encuentro, con más posesión, más y mejor trato del balón, pero sin saber utilizar ese juego para crear peligro a un Oviedo que consiguió que el encuentro fuera lo que él quería.

Esta teoría se ejemplifica con un dato: Uros Djurdjevic, pichichi de la categoría con 21 goles, el jugador que más disparos prueba en toda la Segunda División, ayer no intentó ni un solo lanzamiento a portería. La prueba de que el Sporting, aunque quiso y consiguió dominar, no logró sacar rédito a ese dominio.

El ariete balcánico tuvo la ocasión de hacerlo al comienzo del encuentro, en los primeros cinco minutos, protagonizando la primera intentona rojiblanca. Pero, ya dentro del área oviedista, decidió buscar un pase atrás a Víctor Campuzano, en vez del lanzamiento a la portería de Joan Femenías. Una decisión acertada, aunque no llegara a buen puerto, que fue una perfecta premonición de lo que luego fue el partido. Prácticamente en la siguiente jugada el Oviedo se adelantó y ahí se acabó el encuentro. El Sporting no supo aprovechar su arreón inicial y luego no tuvo armas para darle la vuelta al marcador.

Hasta el minuto 75 no tuvo el Sporting una ocasión clara, con un lanzamiento de Aitor que sacó bajo palos Arribas y un córner que Marc Valiente remató arriba. También Pablo Pérez lo intentó con más corazón que raciocinio. Pero no fue suficiente. El Sporting ya no supo remontar, Gallego no logró dar con la tecla, y el Oviedo se llevó un derbi más, poniendo en solfa las opciones rojiblancas de meterse en un play-off que hace no mucho se daba ya por hecho. Porque el Sporting lleva tres derrotas consecutivas por primera vez en la temporada, ejemplificando que sin Djuka (que solo anotó un gol en estos encuentros, de penalti) no hay paraíso.

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