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Análisis

Cocientes que no corrigen y ascensos que no lo son

Cocientes que no corrigen y ascensos que no lo son

Cocientes que no corrigen y ascensos que no lo son

Aunque parezca contradictorio, si buscamos el secreto por el que el fútbol se transformó en el espectáculo con mayor poder de convocatoria podríamos encontrarlo en los pocos cambios de que fue objeto a lo largo de su siglo y medio de vida. Sí, en realidad, el fútbol evolucionó poco, al menos en lo concerniente a sus 17 reglas –el conservadurismo es lo que más identifica a la International Board– y en la forma de estructurar los campeonatos y “entender” sus clasificaciones.

Especialmente en España siempre costó mucho cambiar el sistema de ligas; de hecho, desde que se crearon hace nueve décadas, y sin contar la desaparición de la 3ª División durante dos temporadas de postguerra, solo una vez se reestructuró con notoriedad. Fue en 1977, un año después de que, en el abarrotado salón del hotel Meliá Castilla, de Madrid, la asamblea federativa, presidida por Pablo Porta, validara la creación de la 2ªB. Una categoría que, ya desde su denominación tan cargada de eufemismo, cargó con una polémica de la que también será muy difícil que se desmarque la reestructuración de 2021. Ésta y la de 1977 tienen en común la creación de un nuevo escalón, por lo que la cima estará más lejos.

Desde el pasado marzo, con la irrupción coronavírica, vimos que en lo redactado en el reglamento por los legisladores del fútbol no se preveían las acciones a tomar en caso de finiquito anticipado de las competiciones. Lo más concreto era lo expuesto en el artículo 188 del Reglamento General, sobre la alteración de las competiciones: “En caso de fuerza mayor o circunstancias excepcionales, la RFEF podrá suspender total o parcialmente las competiciones…”, sin detalle sobre resoluciones de ascensos y descensos. De esta forma, acabaron imponiéndose determinadas ocurrencias y, por añadido, la polémica, el desagravio y el descontento empezaron a aflorar por cada campo, por cada esquina.

Una de esas arbitrariedades fue la composición de subgrupos compuestos por desigual número de equipos. Es el caso de la 3ª División asturiana, que dentro de 9 semanas entrará en una nueva normalidad con sus posteriores y nuevas fases. Para corregir esa especie de cojera, se aplicará una fórmula, la del cociente, que se utilizó en otras épocas para deshacer empates (en ese caso, la división de goles a favor entre goles en contra) pero nunca para resolver una clasificación que no contempla igualdad en el número partidos a disputar. En definitiva, se trata de un mal llamado factor de corrección, pues no existe fórmula matemática que pueda compensar la desigualdad entre dos equipos que no intervienen en el mismo número de jornadas.

Ante el desconocimiento general que aún hay sobre el desarrollo de la nueva normalidad tercerdivisionaria, el cuadro que ilustra estas líneas puede ofrecer idea de lo que viene. La columna reina de las clasificaciones ya no será la del puntaje, sino la del cociente resultante de dividir puntos entre partidos. De esta forma, un equipo procedente del subgrupo A, aun teniendo más puntos que otro surgido del subgrupo B, podría ir por detrás en la clasificación, ya que siempre acumulará dos partidos más. Por ejemplo, en la imaginaria y virtual clasificación que nos darían los datos de hoy, el San Martín (22 puntos) superaría al Caudal (24) o el Titánico (14) haría lo propio con el Praviano (16). Quizá no haya un sistema perfecto, pero este parece el más alejado de lo razonable. Para evitarlo, captar a un equipo más de Preferente hubiera solucionado dos problemas, ya que la máxima categoría regional también se compone de un número de equipos impar.

Ni ascenso ni permanencia

En el documento Normas Reguladoras y Bases de Competición de Tercera División, las palabras “ascenso” y “permanencia” se multiplican, pero, a fuerza de ser precisos, digamos que los eufemismos vuelven a imponerse y que ningún equipo conseguirá ni lo uno ni lo otro. Esta temporada, los tres mejores equipos de Tercera jugarán la próxima en Segunda RFEF, equivalente al nivel 4, el mismo que tienen ahora. Los 13 siguientes en méritos accederán a Tercera RFEF, es decir, no permanecerán, sino que caerán del nivel 3 al 4. Y, por último, los 5 peores no solo perderán una categoría, sino dos, al descender del nivel 4 al 6.

Será positivo que los verdaderos protagonistas –jugadores, técnicos, directivos y, por supuesto, aficionados– vayan teniendo una percepción más realista de lo que parece.

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