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Antonio Lorca

Ante todo, mucha calma

Julián Hernández, líder del grupo de música Siniestro Total, decía en una entrevista reciente que si les pagaran cada vez que alguien cita algo escrito por ellos serían millonarios. De momento, hacerlo es gratis y pocas frases se ajustan tan bien a lo que ha aportado Natxo Lezkano al Unicaja Banco Oviedo como el título del primer disco grabado en directo por la banda gallega, “Ante todo, mucha calma”.

La tranquilidad que le ha dado el técnico vasco al OCB en una época muy complicada para el club ha sido clave no solo para conseguir éxitos deportivos sino para dar estabilidad a la institución. A un mal año deportivo, cerrado abruptamente por el covid, le siguió una reducción presupuestaria que hizo al club dar un paso atrás en el escalafón que había alcanzado en la LEB Oro: pasar de estar entre la clase media acomodada a esa otra que tiene que hacer horas extras para llegar a fin de mes.

Lezkano llegó a Oviedo a principios de un mes que saldrá en los libros de historia, marzo de 2020, y el primer partido que jugó el equipo con él a los mandos se impuso con claridad (88-70) al Leyma Coruña, que ocupaba entonces la tercera posición en la clasificación por la antepenúltima en la que estaba el equipo ovetense. No hubo otro esa temporada.

Tras el parón, en verano, tocaba hacer un equipo completamente nuevo con muy poco dinero, tomando decisiones tan drásticas como rescindir a jugadores con contrato en vigor por su elevada ficha. Decir que la situación en ese momento era muy delicada es quedarse corto. Uno tras otro, los jugadores por los que preguntaba el OCB iban diciendo que no, que tenían ofertas mejores. En un escenario en el que otros estarían de los nervios, pensando que el prestigio que se habían ganado a lo largo de su carrera podía ponerse en cuestión si las cosas iban mal, el entrenador vasco mantuvo la calma y siguió proponiendo jugadores sin desfallecer. Uno tras otro.

Solo Oliver Arteaga, al que Lezkano conocía bien de su etapa en Palencia, seguía en un proyecto que –no les quedó más remedio– se confeccionó con una serie de debutantes en la categoría, todos ellos absolutamente desconocidos, que inesperadamente llegaron a jugar a un nivel espectacular y a clasificarse para disputar los play-off de ascenso cuando el equipo era un claro candidato a bajar. Pocos entrenadores de la LEB Oro, por no decir ninguno, le hubieran cambiado a Lezkano su plantilla a principio de temporada. Una vez acabada lo hubieran hecho bastantes.

El pasado verano, la situación no fue muy diferente, con jugadores que seguían de la temporada anterior, pero sin poder retener a gente como Speight o Norelia, que habían liderado al equipo. Ni retenerlos ni sustituirlos por jugadores que a priori pudieran dar un rendimiento similar. Las puertas se volvieron a cerrar una detrás de otra. Pero, de nuevo, Lezkano impuso su paciencia, sin tomar decisiones precipitadas, explotando los pocos recursos disponibles al máximo.

El OCB de Lezkano volvió a hacer el milagro y tiene al alcance de la mano jugar un nuevo play-off de ascenso a la máxima categoría. El hombre tranquilo, el que no perdona la escapada diaria al Naranco con su perro tras entrenar en Pumarín; el que ha sabido gestionar la marcha de su mejor jugador, Harald Frey, y hacer de nuevo un equipo competitivo; el que enseñó a Mirotic lo que es el baloncesto profesional cuando era un chaval de 18 años cedido por el Madrid al Palencia; el que convenció a Arteaga de que podía dominar en la LEB Oro; el que ha aprendido de los mejores para convertirse en un entrenador de referencia; él, Lezkano, es ahora uno de los pilares en los que se sostiene el OCB.

Su capacidad de mantener la calma en medio de la tormenta ha sido clave para que, ahora que parece que amaina el temporal, el barco siga en el rumbo adecuado.

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