Opinión | Canta y no llores

¿Para qué vale ganar un derbi?

Vencer al eterno rival ya es para el Oviedo una costumbre moderna, pero sin play-off que echarse a la boca un triunfo ante el vecino es un botín muy escaso

¿Para qué vale ganar un derbi?

¿Para qué vale ganar un derbi? / Xuan Fernández

Cuando Luis Carrión se hizo cargo del Oviedo –San Mateo mediante– el equipo azul iba el penúltimo, sumaba tres puntos de 18 y el tembleque era máximo a todos los niveles. Quizá todos, menos el propio entrenador, se veían entonces luchando por no bajar. Por aquel entonces, el Sporting estaba firmando un sensacional inicio de Liga: iba sexto con diez puntos y le sacaba ya siete a los azules en solo seis partidos. Un horror para el oviedismo en un curso que comenzaba con fichajes de relumbrón y la moral alta. El sábado que viene, el Oviedo saltará a El Molinón, lugar confortable para un carbayón en estos tiempos modernos, siendo el octavo clasificado con 38 puntos, solo uno menos que el eterno rival, que va el séptimo. Conclusión: el mejor escenario posible.

Echar la vista atrás es básico porque ayuda a saber de dónde se viene y que el Oviedo pueda incluso soñar con el ascenso hace no mucho parecía una quimera. Hoy es una realidad. Vencer en Gijón, ya una costumbre de abolengo desde la vuelta a Segunda, no sería definitivo ni decisivo, pero sí un buen chute para afrontar lo que queda. Bueno sería, de todos modos, tomar buena nota de lo sucedido en campañas anteriores, cuando ganar todos esos derbis ante el Sporting no le sirvió para otra cosa al Oviedo más que para picar al vecino y lucir sonrisa plena durante una semana. Que ese oasis no distraiga de lo demás.

Sin play-off que echarse a la boca, vencer al eterno rival es solo un chupito. De ahí que Carrión, tipo listo en la gestión del día a día, esté intentando centrar su discurso en lo verdaderamente importante, que pasa por apuntalar una temporada que comenzó fatal y quién sabe cómo podría acabar. Un derbi es un derbi, pero no es más que eso. El Oviedo llega, eso sí, en buen estado de forma general, aunque algo de bajón tras un tropiezo, otro, ante un rival de la zona media.

El empate ante el Eldense es un frenazo que deja, además, la enésima lección: no siempre saldrá bien la jugada de espabilar en la segunda parte tras tirar la primera. Carrión está vez no leyó del todo bien el partido. Apostó por un once continuista, del que Bastón no se mueve ni con agua caliente –a ver en el derbi...– y realizó unos cambios que no acostumbra. Con 0-1, Luengo pasó de central a lateral, cosa rara. Carrión no es perfecto y como cualquier entrenador tiene sus cosas. Por ejemplo, llama la atención que Dubasin sea intocable desde su fichaje, que a Masca en cambio le haya costado tanto y que siga de extremo y que Alemão pierda semana tras semana una oportunidad para ser titular. Las continuas suplencias del brasileño, ojo al dato, ya empiezan a sorprender más de la cuenta en varios estamentos del club. O que Paulino, que cuando está inspirado marca la diferencia, no sea un fijo en la derecha.

En el vestuario se comenta que en El Molinón habrá sorpresas de cara a un derbi que se afronta en los despachos en son de paz y sin los infantilismos pasados que ahora, aunque siguen en las oficinas, se gestionan de otra manera. Pachuca y Orlegi, rivales en todo en México, han demostrado tener altura de miras en Asturias. En tiempos del "bueno" de Federico González – sí, aquel señor sin cargo que dijo que venía a poner orden y acabó de director de casting en un hotel para fichar un secretario técnico– eso de ir a comer con los vecinos se podía considerar traición si cuatro o cinco ladraban de más en las redes sociales. Que se lo digan a Fernando Corral, consejero del Oviedo, y a Javier Martínez, exvicepresidente del Sporting, buenos amigos y compañeros en Otea, que tenían que verse a escondidas en aquella época de absurda guerra fría y comunicados en la medianoche. Hoy y ahora, en los despachos hay fortaleza y los dos equipos llegan al derbi como candidatos a todo. El Oviedo necesita un trampolín para anclarse arriba y creérselo todavía más. ¿Será El Molinón? P.D. Borja Sánchez todavía no ha sido titular desde su regreso del exilio mexicano. Entrar a un once de Carrión está bien caro y nadie lo regala. Solo un apunte, a la atención del entrenador azul por si suena la flauta: al ovetense, ahora el "25", se le da muy bien liarla en Gijón.

Bretones rechazó la semana pasada un contrato de seis millones de euros del Almería por quedarse en el Oviedo al menos hasta junio cobrando unos 90.000, poco más que el mínimo en el fútbol profesional. No es lo normal. El de Langreo, bien asesorado por Juanfran, exjugador azul, se quedó en el club tras una larga negociación que acabó en un pacto de caballeros y con el mismo contrato que tenía el lateral. Punto para Bretones. Y para el Oviedo.

Martín Peláez, presidente del Oviedo y mano derecha del máximo accionista, regresó el pasado fin de semana de México tras varios días trabajando codo con codo con Jesús Martínez, dueño del club azul. Ambos mantuvieron reuniones para trazar el futuro a corto plazo de la nave carbayona. Peláez llegó a tiempo para ver el partido ante el Eldense y representará al Oviedo en el palco de El Molinón. Será su cuarto derbi.