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Las infraestructuras, principal fortaleza asturiana en competitividad según Ceprede

El Centro de Predicción coloca el equipamiento público 12 puntos por encima del promedio y señala el desarrollo empresarial como el aspecto más débil

La autopista "Y".

La autopista "Y".

El equipamiento en infraestructuras es el factor de competitividad en el que Asturias tiene una posición más elevada (12,2 puntos porcentuales por encima del promedio español), mientras que su mayor vulnerabilidad reside en el desarrollo empresarial, en el que la región se mantiene 21,9 puntos por debajo de la media nacional, según el último informe sobre competitividad regional del Centro de Predicción Económica (Ceprede), con datos actualizados hasta noviembre.

Según el Indicador Ceprede de Competitividad Regional (ISCRE), Asturias es la décima comunidad autónoma por competitividad (se sitúa en el 93,2% de la media española), lo que le otorga una posición baja, en términos similares a lo apuntado este mismo mes por otro estudio del Consejo General de Economistas con datos de 2019 a partir de su propio indicador ICREG.

Según Ceprede, Asturias, que en la anterior crisis (2008) se situó en el 90,2% del promedio español, recuperó su competitividad hasta el 95,2% en mayo pasado, pero desde entonces cedió posiciones, con un alejamiento de dos puntos de la competitividad media española.

Las dos fortalezas principales de la economía asturiana las sitúa Ceprede en el “stock” de equipamientos públicos y en el mercado laboral. Con una dotación de infraestructuras equivalente al 112,2% de lo que es habitual en el país, Asturias es la séptima región mejor dotada. En mercado laboral, la posición relativa aún es un puesto mejor (sexta región), aunque, con una tasa del 102,5%, su superioridad sobre la media nacional es menos holgada que en infraestructuras.

En desarrollo empresarial, Asturias arroja su peor comportamiento sobre el promedio (78,1% de la media) aunque no es el factor más negativo en términos de “ranking” por comunidades. Ese escaso 78,1% aún permite a Asturias ocupar la novena plaza española, cuando en otras variables –aun estando más cerca del promedio– desciende hasta los puestos décimo y duodécimo. Así, Asturias es la décima región en innovación, con una valoración del 88,8% respecto a la tasa media nacional, y la decimosegunda en aspectos macroeconómicos, con un nivel equivalente al 84,6% del tono medio del país.

Durante varias generaciones se ha atribuido la demora y ralentización asturianas, y su baja competitividad relativa a un déficit en infraestructuras públicas, pero hace décadas que todos los informes realizados por muy distintos centros de estudio discrepan de esta percepción.

Así, la última edición del estudio sobre competitividad regional de España realizado por el Consejo General de Economistas (CGE) –y lo mismo en sus versiones de años precedentes– sitúa la mayor ventaja asturiana en su equipamiento de infraestructuras, factor económico por el que atribuye a Asturias la quinta posición más elevada de España pese a constatar un cierto retroceso, en 2019, respecto a 2018. En los otros seis ejes o factores analizados, la posición asturiana es menos satisfactoria. En la eficiencia empresarial, Asturias baja a la séptima posición, a la novena en capital humano, a la undécima en innovación, a la duodécima tanto en entorno económico como en mercado de trabajo y a la decimotercera por su entorno institucional.

Sumados y ponderados todos los factores, Asturias es la undécima región, según los economistas, por su capacidad competitiva, una posición ligeramente peor a la décima que le otorga Ceprede.

Otros estudios

La focalización durante años del discurso regional en las infraestructuras como causa del déficit de competitividad asturiana ha hecho desatender aquellos otros factores que han seguido lastrando la ventaja diferencial a la que debe aspirar todo territorio.

Salvo un estudio de la Unión Europea en 2016 que atribuyó a Asturias una ligera debilidad en infraestructuras, el consenso académico apunta en sentido contrario. Ya nueve años antes, en 2007, el estudio «Atlas de la Competitividad Regional», elaborado por las cámaras de Comercio de Europa (Eurocámaras), rompió el arquetipo recurrente y estableció que Asturias superaba a 227 de las 264 regiones de la UE tanto en autovías y otros equipamientos públicos como en nivel formativo (ocupaba las posiciones 37.ª y 39.ª), mientras que se situaba en rangos muy rezagados en patentes, despliegue de internet, generación de riqueza y otras, caso de la tasa de actividad, en la que ocupaba la posición 219ª.

Sucesivos estudios del Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (IVIE) y del BBVA han situado a Asturias en cabeza de España en infraestructuras en relación a su PIB y en posiciones colistas en dinamismo y emprendimiento. Otro estudio de la oficina estadística europea (Eurostat) en 2015 ubicó a la región entre las que disponían de mayor red de alta capacidad y la undécima (entre 270 territorios europeos) en la que más había crecido el despliegue viario desde comienzos de la centuria.

En 2009 la Comunidad aportaba el 2,1% del PIB nacional con el 3,5% de las infraestructuras del país. En 2018 la situación no se había corregido sino agravado: Asturias había mejora una décima su peso en el equipamiento viario español (reunía el 3,6% del total desplegado en el país, según un informe de IVIE y BBVA) pero su aportación al producto nacional había seguido menguando: su contribuyó cayó al 1,9%. Este estudio señaló hace dos años que Asturias era la cuarta región que menos estaba rentabilizando los equipamientos de que dispone.

Este proceso venía de antes. El economista gijonés Ángel de la Fuente concluyó en 2008 que Asturias había sido la tercera región con mayor inversión pública media anual “per capita” entre 1965 y 2004, y otro trabajo de José Villaverde y Adolfo Maza, de la Universidad de Cantabria, indicó que fue la segunda en 1980-2004. Estos dos estudios y otro de IVIE dirigido por Ernest Reig, en 2008, coincidieron en que el efecto dinamizador sobre el PIB asturiano de la obra pública era decreciente a medida que aumentaba la inversión.

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